¿EL REGRESO DE LOS CÍNICOS? - POR JORGE H. SARMIENTO GARCÍA
lunes, 09 de abril de 2012

1)   La noticia:

Tras el monólogo de Amado Boudou parece regresar la filosofía cínica con mayor fuerza a la política nacional. El tema no delimita una crisis política, ni económica, el verdadero problema al que nos enfrentamos hoy, es la pérdida de la ética y la moral como valores reguladores de la conducta social. Un repaso por la filosofía del pasado puede arrojar luz para entender un poco más.

Gabriela Pousa – perspectivaspolíticas.com

Publicado en el Suplemento Especial de La Revista del Foro del día de la fecha.

   


 

2)  El comentario:

 

Me parece que hay un error en torno de la conceptualización de los Cínicos, escuela filosófica que adopta de Sócrates el principio a tenor del cual la virtud constituye el bien supremo, mas desorbitándolo al punto tal de despreciar los preceptos de la prudencia y de la decencia (lo que hace que concluyan desvirtuando la virtud).

 

Precisamente por ello fueron denominados Cínicos, lo que equivale a “perros”, fundamentalmente por su repulsa a los bienes materiales, haciendo ostentación de miseria, y mofándose de la humanidad con un lenguaje cruel y modales groseros.

 

Fundador de la escuela fue Antístenes, siendo sus principales discípulos Diógenes (aquel al que gustaba vivir en un tonel) y Crates de Tebas (adinerado y de buena posición social, que renunció a toda su fortuna).

 

Este movimiento sostenía que al hombre sólo debe interesarle el hecho de poder desarrollar su actividad en armonía con su vida interior, desechando todo lo que no lo conduzca a ello, como la riqueza o los vínculos con el Estado y la familia.

 

Así, separaban la vida humana de la vida de la familia y del Estado, y llegando a manifestarse contrarios a la “polis” o Ciudad-Estado, preconizaban una comunidad universal, mas sólo por considerar que el hombre no está ligado en particular a comarca alguna de la tierra.

 

Ahora bien, hay que destacar que los Cínicos entendían la libertad como bien supremo del alma, la que podía alcanzarse sólo a través de la autosuficiencia, no siendo el hombre esclavo de sus necesidades físicas o emotivas. El cínico no debía tener temor ante el hambre, el frío ni la soledad, ni deseos de sexo, de poder o de gloria.

 

Los Cínicos buscaban la felicidad individual en la independencia personal, en la supresión de necesidades, en la tranquilidad de ánimo. Ese ideal les llevaba a la mendicidad, a la renuncia a toda teoría, al desdén por la verdad, al desprecio del placer, del bienestar, de las riquezas y de los honores.

 

Ellos de algún modo anticiparon el principio base de la ética estoica, de que el bien no está en los objetos externos, sino en la condición del alma en sí misma, en la sabiduría y dominio mediante los que una persona se libera de las pasiones y deseos que perturban la vida corriente.

 

Y las cuatro virtudes cardinales de la filosofía estoica son la sabiduría, el valor, la justicia y la templanza, una clasificación derivada de las enseñanzas de Platón.

 

Es por lo que antecede que concluyo, en suma, en que Gabriela Pousa yerra en sus referencias a la “filosofía cínica” y en su aplicabilidad al caso que analiza.