PUEBLO Y MASA - por JORGE H. SARMIENTO GARCÍA
lunes, 29 de marzo de 2010

1)   La noticia:

LA MARCHA EN LA PLAZA DEJÓ EDIFICIOS HISTÓRICOS DAÑADOS

Fue durante el acto contra el golpe de 1976. Hubo bombazos de pintura, pegatinas y gratifis. Los más afectados: la sede del Gobierno porteño, el Cabildo, la Catedral Metropolitana y la Casa de la Cultura.

Clarín.com. del 26 de marzo

2)    El comentario:         

 

He enseñado desde hace muchos años que, mediando libertad y responsabilidad en la comunidad, podrá hablarse de "pueblo" y no de "masa", tal como lo vengo haciendo cada vez que explicito el concepto de la “auténtica democracia”.

 

Como ha escrito Montejano, aquí debemos distinguir tres conceptos, a saber: la multitud o pluralidad de seres humanos, si se quiere, el material de que se hace la sociedad; el pueblo, esto es, una cierta característica, una especial forma de ser de aquella multitud, que actúa con libertad y responsabilidad; por último, la masa, otra especial forma de ser de aquella misma multitud, modo de ser opuesto a lo que entendemos por pueblo, algo así como su degradación, su corrupción".

 

Y el Papa Pío XII, en "Benignitas et Humanitas", se ha expedido en la siguiente forma sobre aquellas dos realidades sociológicas y políticamente diferentes: "Pueblo y multitud amorfa, o, como suele decirse, 'masa', son dos conceptos diferentes. El pueblo vive y se mueve por su vida propia; la masa es de por sí inerte y sólo puede ser movida desde fuera. El pueblo vive en la plenitud de vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuales en su propio puesto y según su manera propia es una persona consciente de su propia responsabilidad y de sus propias convicciones. La masa, por el contrario, espera el impulso del exterior, fácil juguete en manos de cualquiera que explote sus instintos o sus impresiones, puesta a seguir sucesivamente hoy esta bandera, mañana otra distinta".

 

Agregaba el Pontífice que "en un pueblo digno de este nombre, el ciudadano siente en sí mismo la conciencia de su personalidad, de sus deberes y de sus derechos, de su propia libertad unida al respeto de la libertad y de la dignidad de los demás", afirmando además que de "la exuberancia de vida propia de un verdadero pueblo se difunde la vida, abundante, rica, por el Estado y por todos los organismos de éste infundiéndoles con un vigor renovado sin cesar, la conciencia de su propia responsabilidad, el sentido verdadero del bien común ", y destacando que, por el contrario, el Estado "puede servirse también de la fuerza elemental de la masa, manejada y aprovechada con habilidad: en las manos ambiciosas de uno solo o de muchos, reagrupados artificialmente por tendencias egoístas, el Estado mismo puede, con el apoyo de la masa, reducida a simple máquina, imponer su capricho a la parte mejor del verdadero pueblo".

 

Debo aclarar que siempre he admirado la doctrina de Pío XII, siendo su recuerdo muy necesario en estos tiempos de injusta y feroz campaña contra él, y también contra la Iglesia, que aunque con grandes imperfecciones de algunos de sus pastores y de las nuestras, los laicos, que deploramos, con el coraje de ser católicos la amamos, siendo con sus desvelos y aflicciones, siempre nuestra Madre.

 

Por eso, creo como tantos en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica.