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SUPLEMENTO DE HISTORIA ARGENTINA PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 27 de junio de 2007

VALIENTES EN PEHUAJÓ

Por Jorge H. Sarmiento García

Al retirarse el grueso del ejército invasor paraguayo a fines de Octubre de 1865 rumbo a su territorio, al mando del general Isidoro Resquín (reemplazante del de su igual rango Robles), fue arrasando a su paso todos los lugares por los que se desplazaba.

 

Al retirarse el grueso del ejército invasor paraguayo a fines de Octubre de 1865 rumbo a su territorio, al mando del general Isidoro Resquín (reemplazante del de su igual rango Robles), fue arrasando a su paso todos los lugares por los que se desplazaba.

 

El ejército aliado (argentinos, brasileros y uruguayos) se concentró en la zona de Mercedes para marchar hacia el norte rumbo a Paso de la Patria, donde arribó a fines de diciembre.

 

Pese a las deserciones de la caballería entrerriana de Urquiza, que se sublevó en Basualdo y en Toledo, arribaron finalmente todas las fuerzas aliadas al campamento de “Las Ensenaditas”, en Paso de la Patria, para intentar el cruce del río Paraná y proceder a la etapa ofensiva de la guerra, atacando al enemigo en el propio Paraguay.

 

Con anterioridad a la operación del cruce del río, tuvo lugar el combate de Pehuajó, el 31 de enero de 1866, entre las tropas argentinas de la 2ª División "Buenos Aires" al mando superior del coronel Emilio Conesa, contra fuerzas de desembarco paraguayas que fueron finalmente rechazadas.

 

Sobre este combate ha escrito Miguel Ángel De Marco: “Un primer hecho de armas, ocasionado por una incursión paraguaya sobre las fuerzas argentinas con apoyo de fuego de las baterías de Itapirú, la batalla de Corrales o Pehuajó (31 de enero de 1866), que pudo haber sido un triunfo con escaso costo de vidas, provocó serias bajas a la Segunda División Buenos Aires por la imprudencia y temeridad de su jefe, el coronel Emilio Conesa. El generalísimo [Mitre] elogió el valor de los guardias nacionales pero recomendó economizar su sangre generosa”.

 

En esa batalla participó el capitán Bernardo Calderón (abuelo de mi esposa), de quien ha escrito el general Fotheringham, entonces subordinado suyo: “No prosigo sin dedicar un afectuoso recuerdo a este noble oficial y compañero. Era el más apreciado del batallón, modesto, correcto, valiente y cumplido caballero de una familia distinguidísima de Chivilcoy. Un simple particular, con su aplicación, su energía y su resolución, en un par de meses se había convertido en verdadero veterano. Conocí una tarde a todos los suyos: dignos de suma estimación y de mi mayor afecto. Fue el grande y leal amigo de mes premières armes y poseo de él ese grato e imperecedero recuerdo que sólo se conserva hasta después de la muerte (que no todo borra) para los corazones de lealtad y amistad excepcionales y ejemplares”; y refiriéndose a Pehuajó relató el mismo Fotheringham: “Los paraguayos, atrevidos como siempre, atravesaron el río Paraná en la madrugada del 31 de enero, sorprendiendo a la guardia del paso y avanzaron en número considerable para hacer de las suyas. El coronel Conesa tuvo orden de marchar con su División a repeler el ataque. Se cubrió de gloria la 2ª División Buenos Aires, pero con crueles sacrificios; cayó traspasado de un balazo, un poco más abajo del corazón, el valiente Keen. Cayó gritando ¡adelante! El monte se fue coloreando de paraguayos que se batían desesperados. Fue una lucha encarnizada; algunos soldados del 5º tiraron el fusil y sacando el facón, que casi todos llevaban como recuerdo del ´pago`, se trenzaron con los demonios aquéllos y quedó el tendal de muertos y destripados. Nos hacían un fuego nutridísimo mezclado con cohetes a la Congreve de puntería más que regular. Al teniente Faustino Sánchez, un brillante oficial, le llevó una pierna uno de sus misiles traicioneros, y digo traicioneros pues variaban de dirección y aunque les veía uno venir, no se podía calcular su trayectoria exacta. El mayor D. Dardo Rocha [quien posteriormente fundaría la ciudad de La Plata] se distinguió por su bizarría y entusiasmo. Montado en el tordillo de mi capitán Calderón [quien había rescatado a Rocha, su jefe, desmontado y expuesto a la fusilería enemiga en el monte donde habían comenzado los combates iniciales, dejándole su corcel], un hermoso caballo porteño, una bala le atravesó al cráneo al noble bruto y cayó como fulminado, derribando con él al intrépido Mayor; pero pronto se enderezó y avanzando a la cabeza del 5º, blandiendo la espada gritó: ´¡Adelante muchachos!`...”

 

Sirva esta nota de especial homenaje a Bernardo Calderón, que agricultor y ganadero, fue ciudadano y se hizo guerrero con tesón encomiable, como tantos argentinos esforzados que han sabido y saben batallar denodadamente por la Patria, por ideales éticos, por las realidades del cielo; y ello, con el arado, el ganado, la máquina, la pluma, o la espada si es preciso como lo manda la Constitución Nacional en su artículo 21 a despecho de tanta facundia ajada de endiosamiento pacifista.

 
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