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SOBRE LA LIBERTAD O EL LIBRE ALBEDRÍO - por JORGE H. SARMIENTO GARCÍA PDF Imprimir E-Mail
viernes, 22 de junio de 2007

Se denomina “ley eterna” a la razón divina ordenadora del mundo, que inclina a los seres a los actos debidos y al fin propio de cada uno, que manda y prescribe el orden al que han de ajustarse todas las cosas.

 

Se denomina “ley eterna” a la razón divina ordenadora del mundo, que inclina a los seres a los actos debidos y al fin propio de cada uno, que manda y prescribe el orden al que han de ajustarse todas las cosas.

 

La ley eterna se proyecta sobre el mundo pero, mientras los seres irracionales la cumplen sin posibilidad de apartarse de ella, al recaer sobre el hombre viene a conjugarse con dos potencias: el entendimiento y la voluntad, capaces de conocerla y de ajustarse a ella libremente, pero capaces también de sustraerse a la misma, siquiera de momento.

 

La ley eterna impulsa a todos los seres a sus respectivos fines, mas a diferencia de lo que ocurre con los irracionales (destinados a un fin que han de alcanzar fatalmente), el hombre ser inteligente y libre está destinado a un fin que ha de alcanzar libremente; y la ley eterna aplicada a los hombres se denomina “ley natural”, y señala el orden que debemos seguir en nuestros actos para alcanzar concientemente nuestros fines, conformes con nuestra naturaleza.

 

Ahora bien, la libertad es un don; existe para que cada uno pueda diseñar personalmente su vida y, con su propia afirmación interna, recorrer el camino que responda a su naturaleza.

 

Y frente al cuestionamiento de que el verdadero valor de esta libertad parece cuestionable, porque si uno se obstina y se toma la libertad de hacer algo que no es conforme a la ley natural y que, por tanto, disgusta a Dios, es castigado para toda la eternidad, dijo el actual Pontífice, entonces Cardenal Ratzinger: “Bueno, ¿qué significa realmente castigo en el lenguaje divino? ¿Es algo que se le impone a alguien por hacer su propia voluntad?. No, el castigo es la situación en la que entra el ser humano cuando se aleja de su auténtica esencia. Cuando, por poner un ejemplo, mata a alguien. O cuando no respeta la dignidad de otra persona, cuando le da la espalda a la verdad, y así sucesivamente. Porque entonces el individuo utiliza su libertad, sí, pero también abusa de ella. Destruye y pisotea entonces aquello para lo que ha sido creado, el concepto de su existencia, destruyéndose de ese modo a sí mismo”.

 

Es correcto que no caben aquí anonimatos: o nos resolvemos a vivir conforme a la ley natural, o como esclavos de la soberbia, del sensualismo, del egoísmo angustiado; y también lo es que si nos esforzamos en cumplir de verdad la ley, nos descubriremos en la rebeldía del que no tolera vivir como bestia, dotados de esa maravillosa gallardía de espíritu que no necesita ir a buscar en otro sitio el sentido de la más plena dignidad humana…

 
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