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SUPLEMENTO DE HISTORIA ARGENTINA PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 30 de mayo de 2007

EL SACRIFICIO DE VALIENTES

Por Jorge H. Sarmiento García

“Ni silencio ni olvido: que nos duela…”

Poco después de la medianoche del 28 de mayo de 1982, dos compañías del Batallón de Paracaidistas 2 británico, partieron del extremo norte del istmo que divide Isla Soledad en dos y, en la madrugada, recibieron densas ráfagas de fuego argentino, con lo que se inició la batalla de Goose Green.

 

“Ni silencio ni olvido: que nos duela…”

 

 

Poco después de la medianoche del 28 de mayo de 1982, dos compañías del Batallón de Paracaidistas 2 británico, partieron del extremo norte del istmo que divide Isla Soledad en dos y, en la madrugada, recibieron densas ráfagas de fuego argentino, con lo que se inició la batalla de Goose Green.

 

A la vez, la restante compañía del batallón inglés, se encontró con una sección del Regimiento de Infantería 25 en la colina Darwin. Es que en las primeras horas del 28 de mayo de 1982, se decidió reforzar el sector norte del dispositivo defensivo en Darwin-Goose Green, en la seguridad de que los invasores habían decidido el centro de gravedad de su ataque en aquel lugar, designándose para cumplimentar esa misión a la sección del teniente Estévez, perteneciente a la Compañía “C” del Regimiento de Infantería 25.

 

Recibida la orden, Estévez reunió a su personal, impartió las pertinentes instrucciones y condujo la sección hacia el enemigo soportando su fuego, incluso de artillería. Tras combatir para rechazar algunas irrupciones británicas, los hombres de Estévez alcanzaron el objetivo, pese a estar aquél herido en un hombro y en una pierna. Luego del rechazo de un fuerte ataque, el teniente fue abatido por un proyectil que impactó en un ojo.

 

El soldado conscripto Sergio Rodríguez, del Regimiento de Infantería 25, que  resultó herido en ese combate, relató del siguiente modo la muerte del teniente Estévez:

 

"... llegó a mi posición el Teniente Estévez herido con dos balazos en el cuerpo, en la pierna derecha y en el brazo, que lo tenía colgado. Me preguntó si estaba herido, que lo de él no era nada (...) seguía dando órdenes y haciéndonos sostener el combate, mientras él con su único brazo sano se comunicaba con el comando, dando toda la información sobre el enemigo. No sé cómo los ingleses habían tomado posiciones tan altas. Estaba hablando por radio a mi lado cuando recibió otro balazo en la cabeza que le entró por el pómulo derecho. El impacto lo tiró para atrás a Estévez. Yo ya no tenía miedo ni nada. Era como que esperaba tener a tiro a un inglés, o lo mato yo a él, o él me mata a mí. Y el teniente desangrándose... Hubo un momento en que me rozaron dos esquirlas la cabeza, y el teniente Estévez que agonizaba en silencio, me pide que me ponga el casco de un muerto. Me caían los hilitos de sangre por la cara. Cuando me volví a mirarlo, mi teniente Estévez había muerto..."

 

Roberto Estévez dejó a su padre una carta que, tal vez conocida por el lector, creemos no obstante vale la pena volver a transliterar:

 

“Querido papá:

Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo mis acciones a Dios Nuestro Señor. Él, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de la misión. Pero fijate vos ¡qué misión! ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todo destinado a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía? Dios, que es un Padre Generoso, ha querido que éste, tu hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a Nuestra Patria. Lo único que a todos quiero pedirles es:1) Que restaures una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo.2) Que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea apertura a la tristeza, y muy importante, 3) Que recen por mi. Papá, hay cosas que, en un día cualquiera no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas. Gracias por tenerte como modelo de bien nacido, gracias por creer en el honor, gracias por tu apellido, gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar en que vos sos el pilar. Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo. Dios y Patria ¡O muerte! Roberto”.

      

En la acción murieron también todos los suboficiales de  la sección y un gran número de soldados, incluido el de tal clase Fabricio Carrascul, que ante la ausencia de aquellos suboficiales se hizo cargo del contingente hasta también morir.  

 

Y concluimos, con Luis Veuillot:

 

“¡Felices, a despecho de su duelo, las familias cuya sangre corre en este gran trabajo por la Patria! Su nobleza se fundamenta o se rejuvenece con un acrecentamiento de honor o de virtud que se convierte en prenda de su permanencia… La limosna y sangre son el riego de los árboles genealógicos y se puede asegurar que nunca el demagogo cobarde y envilecido, artesano de sediciones, podrá prevalecer y de manera completa largo tiempo, en un país que produzca hombres que puedan responderle enseñándole las cicatrices de sus heridas recibidas en los combates”.

 
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