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martes, 08 de octubre de 2019

ALBERTO FERNÁNDEZ Y SU MILLÓN DE AMIGOS

Hoy el discurso de Mauricio Macri convoca a mantener determinados valores y un ideal de democracia más allá del fracaso económico, mientras que el discurso de Alberto Fernández está prácticamente concentrado solo en cambiar la política económica.

CARLOS PAGNI - LA NACION

 

A continuación, sus principales conceptos:

 

Hay en el pasado algunos antecedentes que podrían hablar de una especie de continuidad profunda, como si hubiera una gran representación teatral cuyos actores cambian pero el libreto, en lo central, parece mantenerse.

 

La escena actual se asemeja a la de las elecciones de 1946, cuando se oponía el antiperonismo con la justicia social y fue elegido Juan Domingo Perón. También hay similitudes con los comicios de 1983, cuando asumió Ricardo Alfonsín, quien se presentaba como el fin del autoritarismo aferrado a valores que tenían que ver más con la política que con lo económico.

 

Hoy el discurso de Mauricio Macri convoca a mantener determinados valores y un ideal de democracia más allá del fracaso económico, mientras que el discurso de Alberto Fernández está prácticamente concentrado solo en cambiar la política económica.

 

Esto presenta en la superficie novedades, como una especie de cambio de roles entre los principales candidatos. Vemos a Macri con un discurso económico desesperado, porque sabe que perdió las PASO por la economía: su gran fracaso. El hace hoy promesas económicas con lo que su discurso es más parecido al de un candidato opositor que al de alguien que busca la reelección. Por otro lado, Fernández se hace cargo de algunas continuidades o preocupaciones, que eran las que tenía el Presidente hasta hace poco tiempo, como por ejemplo el déficit fiscal.

 

Otra rareza se ve en el tipo de campaña que lleva cada uno de los candidatos. Después de las PASO (que resultaron ser unas elecciones generales porque nadie compite con nadie) y el triunfo del Frente de Todos, todo lo que aparece de Fernández son relaciones con el establishment, que se ha dado en llamar círculo rojo; mientras que Macri aparece vinculado a la gente y movilizando a su propia base.

 

En cuanto a Macri, resulta llamativa la movilización que está generando. Lo que sucedió ayer en Tucumán, por ejemplo, sorprendió a observadores independientes en esa provincia, no solo por la magnitud que tuvo, sino también por la composición social de los tucumanos a los que movilizó Macri, más allá de la clientela y la base electoral que pueda tener el radicalismo allí. Lo que se presenta como un fenómeno curioso y difícil de interpretar es que la clase media y media baja haya mostrado su apoyo al oficialismo. ¿Es gente radicalizada que se moviliza al ver la derrota del Presidente y abraza las ideas que identifica en él o es algo distinto? ¿Macri puede aspirar a mejorar la elección a partir de esta movilización? ¿Tendrá algún tipo de contagio?

 

A partir de encuestas cualitativas (que se hacen con el método del focus group), el Gobierno advierte que: hay un votante que está indignado con Macri y que nunca lo quiso; otro que está decepcionado y que tampoco lo va a votar; y un tercer grupo que votó opciones distintas pero que habría votado en contra suyo para pedirle al Presidente que le preste atención y que le ofrezca soluciones para el futuro.

 

Con su discurso del "ahora te escuché", Macri apela a ese votante que se siente desatendido pero que no está desencantado. El Gobierno busca que este fenómeno se repita y por eso va a hacer una gran apuesta el 19 de octubre en el Obelisco. Esto evoca inevitablemente al precierre de campaña de Alfonsín en las elecciones del '83.

 

Es importante que la movilización haya sido en Tucumán porque esta provincia es la cuna del "albertofernandismo": ya sea por vocación o por necesidad, se convirtió en la pieza central del armado federal que construye Alberto Fernández. Es una pieza controvertida: Macri les decía que cuiden la elección porque probablemente sea la provincia con el sistema de poder más mafioso que hay en la Argentina, al punto en que en la última elección a gobernador -de la que surgió Juan Manzur- hubo quema de urnas.

 

Manzur tiene una relación estrechísima con Fernández. Es una especie de primus inter pares entre los gobernadores y además tiene gente de su intimidad, vinculada siempre a negocios, en el corazón del equipo de campaña de Fernández. Manzur y Sergio Uñac fueron los primeros que adhirieron a él como candidato, cuando solo tenía como activo el hecho de que lo haya elegido Cristina. De hecho, Manzur llegó a decir que Fernández era "el nuevo jefe del peronismo", olvidándose de la expresidenta.

 

Fernández podría estar empezando a sentirse incómodo con la cercanía del controvertido Manzur -que dice que manejará el área de salud- y preferiría tener su alianza federal más basada en gobernadores como Omar Perotti o Gustavo Bordet o, incluso, con Juan Schiaretti, con quien Fernández está tejiendo una relación por debajo de la superficie que todavía no es pública porque Córdoba sigue siendo una provincia macrista.

 

Con esta movilización, Macri apuesta a recuperar temperatura electoral. El Presidente espera recuperar votos y concentrarlos en una gran polarización bajo el sueño utópico -aparentemente imposible- de provocar un ballottage.

 

Esta manera de actuar también condiciona lo que podría ser la vida de Juntos por el Cambio tras una derrota electoral el 27 de octubre. Desde el entorno de Macri, dicen que él es quien tiene el contacto con la gente y el que moviliza a la base electoral. Con este mensaje, le hablan a María Eugenia Vidal y a Horacio Rodríguez Larreta y les dicen que el postmacrismo está por verse. Ya hay una disputa de liderazgo interna que ahora está sofocada porque no les sirve abrir este debate en medio de la campaña electoral.

 

Por su parte, Fernández parece, estética y visualmente, más desligado de la calle que Macri, y hoy está centrado en el establishment. Así, las distintas corporaciones van tomando posición frente a lo que suponen que es una elección ya jugada. La primera que cambia de clima -como siempre- es la Justicia Federal. Comodoro Py descubrió ahora algo que se le venía diciendo hace mucho tiempo: que tenga cuidado con hacer un uso extorsivo de la prisión preventiva para producir arrepentimientos porque si después no había pruebas iba a tener que hacer una especie de liberación en masa, que es lo que está ocurriendo hoy. Esto plantea un problema de la Argentina con el Estado de derecho.

 

En el centro de esta escena está el juez Claudio Bonadio, que fue el más sistemático, enfático e implacable en la persecución de la corrupción kirchnerista de la cual hay infinidad de indicios muy contundentes como los bolsos de José Lopéz o los cuadernos de las coimas. En esa pasión, Bonadio deja mucho que desear por las falta de garantías: le dictó a Cristina Kirchner ocho indagatorias en un día.

 

Además, tuvo una serie de arbitrariedades. Este juez procesó a Luis Betnaza, de Techint, por la extorsión que recibieron del gobierno de Néstor Kirchner -concretamente de parte de Roberto Baratta y Julio De Vido- para hacer una gestión delante de Hugo Chávez y liberar argentinos que estaban allá prácticamente secuestrados en las empresas de Techint por el chavismo que había nacionalizado Sidor. Si hay una empresa a la que no se le puede reprochar haber hecho negocios con el kirchnerismo es, justamente, a Techint.

 

Pero, por otro lado, Sebastián Eskenazi, que se quedó con el 25% de YPF sin poner un peso, ni siquiera fue llamado a declarar y comía con Bonadio en un restaurante italiano de la calle Ayacucho. Se trata de una figura emblemática de los negocios del kirchnerismo, prácticamente socio de Francisco Larcher (quien manejaba los servicios de inteligencia) y que aparece mencionado por Víctor Manzanares (el contador de los Kirchner) como alguien que tenía el secreto de dónde se guardaba el dinero vivo de la corrupción.

 

La Justicia va a empezar a mirar para el lado del Gobierno y algunas figuras no la van a pasar bien. Una de ellas es la segunda de la AFI, Silvia Majdalani, a quien se le acaban de descubrir sociedades offshore en Miami. Pareciera que esta información viene del gobierno estadounidense, lo que quiere decir que el blindaje que los servicios de inteligente de Macri suponían tener respecto de los Estados Unidos se empezó a resquebrajar y eso representa un problema para el mandatario argentino. El problema con Majdalani es que ella la nombró Nicolás Caputo, amigo de la vida y antiguo socio de Macri, quien también -como ella- pasa gran parte del año en Miami. La Justicia va a empezar a girar la vista hacia estos macristas que, como Majdalani, son bastante controvertidos.

 

Por su parte, la Corte está enojada porque el Gobierno le pidió aclaración sobre la sentencia que dictó para que las provincias tengan garantizada no solo una alícuota sino un nivel de recaudación de los impuestos coparticipables. Esto pone en escena al endiablado sistema de coparticipación de la Argentina en un momento en el que las provincias están ricas y el Estado nacional está pobre. Además, les da a los gobernadores una herramienta fundamental para defender su posición fiscal. Este fallo no va contra Macri sino que probablemente vaya contra Alberto Fernández, quien se va a tener que enfrentar al dilema de explicarles que va a tener que hacer un ajuste y, al mismo tiempo, pedirles los votos para tener una mayoría parlamentaria que Cristina y el kirchnerismo le pueden volver esquiva en el Congreso.

 

Hasta que demuestre lo contrario, Fernández es un presidente hipotético débil. Hasta nuevo aviso, sus votos son de Cristina. Los dirigentes políticos, la CGT, los empresarios y la UIA están planeando -cada uno- una estrategia de supervivencia pensada sobre la hipótesis de aprovechar esa supuesta debilidad. Lo miran como un equilibrista, y Fernández -si gana- tiene que demostrar que los votos son suyos y que tiene un punto de apoyo para mover la palanca que haga salir a la Argentina de la crisis.

 
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