Inicio arrow Columnistas arrow LA LIBERTAD EN EL ORDEN POLÍTICO Y SOCIAL - I - por JORGE H. SARMIENTO GARCÍA
MENU
Inicio
Jurisprudencia
Nacionales
Internacionales
Columnistas
Destacado
Enlaces
Contacto


LA LIBERTAD EN EL ORDEN POLÍTICO Y SOCIAL - I - por JORGE H. SARMIENTO GARCÍA PDF Imprimir E-Mail
lunes, 21 de mayo de 2007

Hemos de referirnos ahora a la libertad para el desarrollo de la persona humana, o conjunto de derechos cuyo reconocimiento y efectividad resulta pertinente para que los hombres puedan alcanzar sus fines conformes con su naturaleza...

 

Hemos de referirnos ahora a la libertad para el desarrollo de la persona humana, o conjunto de derechos cuyo reconocimiento y efectividad resulta pertinente para que los hombres puedan alcanzar sus fines conformes con su naturaleza; y ella supone en nosotros la libertad de elección o libre albedrío, pero es sustancialmente distinta de ésta, la cual consiste en la capacidad interior de la persona, mediante la cual la voluntad puede optar entre querer o no querer, determinarse por distintas posibilidades o decidirse por su contrario.

 

Nunca está de más reiterar lo que se ha expuesto sobre temas como éste, partiendo de la base que libertad, igualdad, justicia, paz y otros conceptos similares siempre están en trance de ser vulnerados, más en los tiempos que corren, emponzoñados del relativismo que con su prédica ha (des)formado hombres negados al orgullo y al desafío de ser partes actuantes de aquéllos, de su custodia y en la contención de quienes osan minarlos, por exceso o por defecto.

 

La conquista de la libertad política o civil es la esperanza central que caracteriza el ideal histórico de los últimos siglos, en los que ciertamente se han obtenido en tal orden a veces al precio de sacrificios heroicos fundamentales concreciones políticas y sociales, en base al instinto natural que empuja al hombre hacia tal conquista, pero frecuentemente bajo el estandarte de falsas ideologías cuyos errores han conducido a las catástrofes totalitarias que ha exhibido y exhibe el mundo en los últimos tiempos, como lógica consecuencia de tales falacias o como inmoderada reacción contra las mismas.

 

Y en tal orden de ideas recordamos que el Papa Benedicto XVI, al inaugurar recientemente la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y el Caribe, en San Pablo (Brasil), ha dado una voz de alerta por el surgimiento de lo que calificó como formas "autoritarias" de gobierno en América latina, advirtiendo a los obispos de la región que la Iglesia Católica "no es una ideología", agregando que en la región "se ha evolucionado hacia la democracia aunque haya motivos de preocupación ante formas de gobierno autoritarias o sujetas a ideologías que se creían superadas", lamentando también la pobreza de amplios sectores sociales de América Latina y reclamando a los gobiernos que aplican una "economía liberal" que se preocupen por la “equidad”.

 

El punto de partida de las desviaciones antes señaladas está constituido por la concepción antropocéntrica según la cual somos libres sólo cuando nos obedecemos a nosotros mismos. Pero bien se ha señalado que, dado que el hombre es un ser limitado, las distintas realidades humanas participan de esa limitación, incluida la libertad, limitación que tiene orígenes muy diversos, por ejemplo, el hombre no tiene posibilidad de volar “per se”, ni de ver el mar si vive en una región mediterránea. Además, si sólo hay libertad cuando las reglas o medidas objetivas no se reciben de personas extrañas sino de uno mismo, obviamente se considera a la autoridad como incompatible con aquélla. Finalmente, esta verdadera divinización del individuo desde que en definitiva reclama una libertad que sólo se realiza absolutamente en Dios conduce a la desaparición de la idea de bien común.

 

Pues bien, en el esfuerzo permanente por la vigencia de la auténtica libertad, a la cual tendemos naturalmente, resulta imprescindible desprenderse  de esos falsos principios que han sido la causa de las aberraciones que señalábamos antes y que amenazan con destruirla.

 

Para ello es menester reconocer, ante todo, a un solo Dios (y no a los falsos dioses que fatalmente tienden a usurpar su lugar cuando se ignora o se “suprime” el Dios verdadero, llámense soberbia, sexo, dinero, honores o “bienes” que estime el hombre que puedan asegurar su “grandeza” y su “dignidad”, “altitudo” o “sublimitas”), accesible a nuestra razón y fin último de nuestra existencia, a quien se debe llegar por el camino que Él ha trazado, camino el orden o ley natural que impone deberes para con el Creador, con el prójimo y con nosotros mismos, no siendo los derechos denominados singularmente libertades sino medios espirituales que devienen del mismo orden natural, necesarios o convenientes para el cumplimiento de aquellas obligaciones. Y así, por ejemplo, si los padres tienen el derecho de corregir a sus hijos es porque tienen el deber de educarlos.

 
< Anterior   Siguiente >
design by 5medien
© 2017
Joomla! es Software Libre distribuido bajo licencia GNU/GPL.