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MACRI DEBE BLINDAR EL QUE DIJO SERÍA SU OBJETIVO POLÍTICO PRINCIPAL: QUE UN PRESIDENTE NO PERONISTA PDF Imprimir E-Mail
lunes, 12 de agosto de 2019

MACRI DEBE BLINDAR EL QUE DIJO SERÍA SU OBJETIVO POLÍTICO PRINCIPAL: QUE UN PRESIDENTE NO PERONISTA TERMINE SU MANDATO EN TIEMPO

La gobernabilidad pasa a ser ekl único objetivo oficialista. Y Alberto Fernández tiene la oportunidad de probarse en el rol de moderador.

IGNACIO ZULETA – DIARIO CLARÍN

 

El nuevo turno de campaña empezó, para el oficialismo y la oposición, antes de ayer. El trazo grueso, aunque desmiente las encuestas, afirma lo previsible: el peronismo gana la PASO, como lo hizo en 2015; pierde la liga oficialista porque es un partido de minoría. Sólo gana en jugadas de judo en las que puede aprovecharse de la fuerza ajena, más que su debilidad.

 

El esfuerzo para el 27 de octubre estará dirigido a capturar a los votantes que con estos números se quedan sin candidatos. Pero hay un mandato más grave e impostergable. No sólo intentar una victoria, sino asegurar la gobernabilidad. Para decirlo crudamente: blindar el que dijo sería su objetivo político principal. En concreto, que un presidente no peronista termine su mandato en tiempo, por primera vez desde 1928. Para lograrlo no bastan medidas electorales, sino decisiones de Estado que estén más allá de las personas, y que actúen “out of the box”. Es decir fuera de lo previsible, un método de gobierno que le ha fracasado. “Falló todo”, confesó Macri anoche cuando se conocieron los primeros resultados.

 

Para la táctica electoral, valen todas las especulaciones. La especulación es obvia: lo explicó ayer en Olivos Jaime Durán Barba a los equipos de campaña de Nación, CABA y PBA: una mayoría de los votos de Lavagna y de José Luis Espert pueden ser capturados para la chance de Macri-Pichetto del 27 de octubre. El largo almuerzo que animó Marcos Peña en la residencia presidencial, en el cual Mauricio apareció por momentos, consistió en un recorrido de encuestas y de sondeos de focus groups, más que de bocas de urna. A medida que avanzaba el día, los inundaban de cálculos de la oposición, que intentaban instalar el clima de desastre. La diferencia de los números de esta madrugada convierte al empeño en algo casi imposible. Eso aumenta la importancia de asegurar la transición.

 

Entre las irregularidades criollas aparece de nuevo la debilidad del sistema y la crisis recurrente de los gobiernos que no terminan su mandato. La reforma de la Constitución intentó un remedio al imponer en la norma de 1994 que las elecciones se hicieran 60 días antes de la asunción del nuevo presidente, el 10 de diciembre. La ley de PASO de 2009 alargó ese lapso al doble. Con esto, el resultado de una primaria contundente contra un gobierno, lo somete al tormento en cámara lenta al que queda atado Macri. Era para evitar que se repitiese la larga agonía de Alfonsín entre el triunfo de Menem en mayo de 1989 hasta el 10 de diciembre. Debió renunciar en julio.

 

El intento del gobierno será dar vuelta el resultado, soñando con el milagro de 2015, y aprovechar el esfuerzo para blindar la transición. La oposición tiene que asegurar que el resultado sea el piso a mantener en octubre. Puede tentarse en inclinar el plano de sustentación del sistema y frustrar el buen fin del gobierno de Macri. Alberto Fernández fue llamado a la fórmula presidencial del peronismo como una prenda de moderación. Tendrá una oportunidad de probarse en ese rol.

 

El mensaje que baja de Olivos es para los dirigentes que pueden dejarse llevar por una campaña que comienza hoy por un carril convencional: los votos no son de los dirigentes, sino de la gente. Es el eje de la tarea: acumular votos que acentúen más la polarización para las elecciones en serio, las de octubre. Parece una obviedad, pero no es lo que guía a los dirigentes convencionales, tentados desde hoy a capturar a partidos y candidatos que quedan fuera de carrera, por no llegar al piso de competitividad, o porque la distancia del pelotón principal los deja sin destino. La dificultad es que la política no se hace sólo con superhéroes que usan kriptonita y ven con rayos X detrás de las paredes. Se hace también con hombres comunes, como le gusta decir de sí al profesor Fernández.

 

La tarea desde hoy de los dos comandos de campaña es analizar el mapa de resultados para ver dónde se perdió, dónde se ganó; en dónde se pueden recuperar votos que quedan dispersos y sin candidatos, y dibujar los mensajes para atraerlos. La consigna es buscar a los votantes sin candidatos, con una campaña de contenidos. La polarización sólo por escarnio del otro parece agotada. Ese votante que puede darle utilidad al voto, creen los campañólogos del gobierno, puede ser atraído si se le ofrecen propuestas y no camorras.

 

El objetivo se asienta en una hipótesis a demostrar: que el oficialismo tiene más espacio para aumentar sus votos convocando a los votantes de las terceras fuerzas. Misión difícil porque no parece posible que el peronismo baje en octubre el porcentaje de votos en el orden nacional. Ha rascado de todos lados para un resultado que también es inesperado también para la oposición. Es el resultado de la polarización extrema, que convirtió a las PASO de ayer en una virtual primera vuelta, algo que se percibía desde el arranque de la campaña.

 

El oficialismo basó su confianza en que hay un capital de prestigio que no se advierte, que descansa en la adhesión de un público que no aparece en las encuestas, y al que no se lo atiende desde los mecanismos de campaña convencionales.

 

Pero ayer estalló esa burbuja, que le dejó el terreno libre al salto de la oposición, que avanzó en la superficie y no encontró contradictores. La pelea no estaba en el inconsciente colectivo que dominan las redes sino en la calle, adonde la vieja política demostró que por acá aún late con fuerza.

 
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