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LA SOMBRA DE ALFONSÍN DETRÁS DE MACRI PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 10 de abril de 2019

LA SOMBRA DE ALFONSÍN DETRÁS DE MACRI

Mauricio Macri ha llegado a la conclusión de que está en un límite de tiempo para dar algún giro a la estrategia electoral. El Plan Austral nació cuatro meses antes de las legislativas de 1985. Cambiemos se ilusiona.

EDUARDO VAN DER KOOY – DIARIO CLARÍN

 

Mauricio Macri ha llegado a la conclusión de que está en un límite de tiempo para dar algún giro a la estrategia electoral. Para ser más precisos: brindar alguna pincelada sobre la realidad económico-social dentro del corsé que impone el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Lo único que no podría hacer sería continuar como viene. Con el envión inercial del ajuste que provoca profundo malestar en la sociedad. Incluso entre los sectores que permanecen dispuestos a apostar por su reelección.

 

La toma de conciencia fue espoleada por las encuestas de Jaime Durán Barba que demuestran, como las restantes, que la escena electoral se ha puesto extremadamente compleja para la alianza oficialista. Con Cristina Fernández como previsible adversaria. Aunque sin ella, también. El temor activó en Cambiemos un mecanismo que estuvo generalmente ausente estos años. El macrismo aceptó un intercambio abierto con sus socios radicales. Dicha falencia no resultó nunca tan notoria con la líder de la Coalición, la diputada Elisa Carrió.

 

Ese espíritu societario era lo que los dirigentes de la UCR venían reclamando hace mucho. Aquello que los empujó también, para sacar al macrismo del letargo, a insinuar la posibilidad de una discusión en torno al compañero de fórmula que debe llevar Macri en octubre. “¿Qué radical tendría ese deseo con esta actualidad?”, interrogó con ironía uno de los radicales ponderados. Continuó: “Primero hay que realizar un esfuerzo para mitigar la realidad social. Después podrá entrar en discusión la ingeniería electoral”. El calendario apremia.

 

Otro factor aguijoneó a los macristas. La irrupción de Roberto Lavagna en el teatro electoral dentro del conglomerado pejotista. Todavía permanece circunscripta a una hipótesis. Pero el ex ministro de Economía abrió enseguida las puertas a los radicales que reniegan de Macri. La urgencia para el PRO consiste en clausurar dichas puertas.

 

La situación ayudó a alterar también el cronograma entre macristas y radicales. Los encuentros de esta semana fueron adelantados para la anterior. Incluso sábado y domingo. Primero la conducción de la UCR estuvo con el Presidente; Marcos Peña, el jefe de Gabinete; Nicolás Dujovne, el ministro de Hacienda, y Dante Sica, titular de Producción y Trabajo. Luego Alfredo Cornejo y Gerardo Morales, gobernador de Jujuy, deliberaron con Peña, Rogelio Frigerio, ministro del Interior, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.

 

Este martes mismo Macri juntó primero a todo su gabinete. Después se encerró con los responsables, directos o indirectos, del área económicaLos objetivos serían tres. Evitar la inestabilidad del dólar, ayudado por el nuevo aporte del FMI. Lograr con eso una pequeña desaceleración inflacionaria a partir de mayo. Nunca antes. Fomentar medidas para favorecer el consumo. Ampliar la gama y la fiscalización de la canasta de “precios cuidados”.

 

A esta tarea se aboca diariamente Peña. Mantiene reuniones con cámaras empresarias. Entre ellas, las que aglutina las cadenas de supermercados. Las quejas del jefe de Gabinete han sido dos: la habitual falta de los productos bajo aquel régimen; la tendencia a esconderlos en las góndolas. Macri y Peña repitieron varias veces en las últimas semanas que ese tipo de recetas fracasaron las siete décadas pasadas en la Argentina. Pero ante la premura electoral no les resulta posible apelar a un golpe de magia.

 

De allí las contradicciones discursivas. El Presidente dijo en la cena del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad (CIPPEC) que “estamos saliendo de la crisis sin romper las reglas”. Nadie seriamente, más allá de la suave mejora en algunos índices de productividad intermensual del último trimestre, visualiza todavía una salida. La idea de un control de precios más severa tampoco había figurado hasta ahora en su ideario.

 

El Presidente rememoró discursos de Juan Perón, Arturo Frondizi y Raúl Alfonsín. La sombra del ex caudillo radical pudo haber sobrevolado el toque de timón para afrontar el tramo decisivo de la campaña. Seguro que sus socios de Cambiemos se encargaron, en algún momento, de recordarle algo: el ex presidente oriundo de Chascomús hizo en un tramo crítico de su presidencia, cuando la inflación andaba por las nubes, un viraje repentino que le permitió en pocos meses un cambio de percepción social. Como derivación, el triunfo histórico en las legislativas de 1985. Se debió al llamado Plan Austral que se agotó en poco tiempo. La oposición peronista lo derrotó en 1987. El punto de partida para su entrega anticipada del poder a Carlos Menem en 1989.

 

Resulta difícil establecer una simetría entre ambos casos. Quizá se pueda reparar en los plazos: Alfonsín lanzó su plan en junio de 1985 y la votación ocurrió el primer domingo de noviembre. Apenas cuatro meses de recorrido. Macri atina a desempolvar ahora una serie de medidas con idéntico propósito. También a cuatro meses de las PASO, que pueden delinear el mapa electoral decisivo para octubre. Aquel gobierno radical perdió sólo cuatro provincias (Formosa, La Rioja, Tierra del Fuego y Corrientes) y cosechó el 44% de los votos. Triunfó en los cinco principales distritos. Una hazaña que repitió Cambiemos en 2015.

 

Aquella fue, sin embargo, una elección legislativa. Ahora se pone en juego la continuidad o el cambio de gobierno. La oposición peronista de entonces estaba sumida en el trauma de la derrota de 1983. No había ensayado la renovación que cristalizó después. En este punto podría rescatarse cierta semejanza. La principal oposición continúa ahora fragmentada. Tampoco procesó los mazazos del 2015 y 2017. Posee un liderazgo poderoso en Cristina Fernández que, al mismo tiempo, conspira contra la posibilidad de la unidad.

 

El Plan Austral tuvo anclajes muy fuertes. Congeló precios y tarifas de los servicios públicos. Redujo las tasas de interés del 28% (ahora están muy por encima del 60%) al 4%. Dispuso el cambio de la moneda. Nació el austral. También redujo el gasto público y devaluó el peso. Materias que Macri viene cumpliendo por exigencia del FMI. Cambiemos se conformaría con que funcionen los “precios cuidados” y levante un poquito el consumo.

 

Sería mezquino adjudicar la impensada resurrección de Alfonsín en 1985 únicamente por la instrumentación del Austral. El líder radical tenía en marcha dos asuntos de enorme impacto político popular: el juicio a las Juntas Militares por la violación de los derechos humanos durante la dictadura; la celebración de la paz con Chile por el litigio en el Beagle. Que había colocado al país, durante el régimen militar, al borde de una guerra.

 

La oferta de Macri, en ese aspecto, parece mucho más módica. Permitió que se develaran los años de corrupción extrema del kirchnerismo. Otorgó al Congreso en sus dos primeros años un papel crucial para la gobernabilidad. Con una administración que siempre debió manejarse con minorías en Diputados y el Senado. Puso empeño en el combate contra el narcotráfico que los K, por complicidad o incompetencia, permitieron florecer. Esos méritos le permitieron sortear con holgura el examen del 2017. Nadie sabe si en octubre alcanzarán para compensar el duro padecer de los bolsillos.

 
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