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EL LABORATORIO DE JAIME DURÁN BARBA: CAMPAÑA CORTA Y POLÍTICA PARA QUE MAURICIO MACRI ENFRENTE A CRI PDF Imprimir E-Mail
domingo, 03 de febrero de 2019

EL LABORATORIO DE JAIME DURÁN BARBA: CAMPAÑA CORTA Y POLÍTICA PARA QUE MAURICIO MACRI ENFRENTE A CRISTINA KIRCHNER

La intimidad del poder.Tras la unificación Provincia-Nación, el ecuatoriano hace estudios de todo tipo. Los secretos de esos trabajos. A qué sectores apuntan. Y qué dicen hoy las encuestas oficialistas.

SANTIAGO FIORITI – DIARIO CLARÍN

 

A Jaime Durán Barba sólo le falta decir: a mi juego me llamaron. Este es el momento que más disfruta. Tuvo una semana intensa: permaneció en Buenos Aires para participar de la reunión con María Eugenia Vidal en la que se definió que las elecciones en la provincia de Buenos Aires sean el mismo día que las presidenciales, no quitó los ojos de Venezuela -donde cree que finalmente llegará algún tipo de salida y así se lo planteó a Mauricio Macri- y voló el jueves a México. Pero en el medio se reunió con su equipo y conversó con Marcos Peña para agilizar la primera parte de la organización de la campaña con miras a octubre. “Jaime entró en el laboratorio”, dicen en la Casa Rosada.

 

Un rito que comprende investigaciones cualitativas y cuantitativas, el estudio de candidatos propios y ajenos, cruces de biografías (en 2009, cuando asesoraba a Francisco de Narváez, estudió a Néstor Kirchner en espejo con la trayectoria del mexicano Andrés López Obrador), el monitoreo del pensamiento del círculo rojo y del sector mayoritario de la sociedad que no mira programas políticos ni lee los diarios. La tarea, sobre todo focalizada en este último sector, es profusa: el estratega ecuatoriano procura saber qué tienen en la cabeza esos argentinos desapasionados de la política. Qué buscan. Cuáles son sus temores cotidianos. Qué ambiciones los desvelan. Cuáles son sus sentimientos. O, simplemente, por qué los entusiasma más un debate sobre la píldora del día después que una discusión sobre el pago de la deuda externa.

 

Ese vendría a ser parte del truco. Ellos son los que pueden moverse, los que no tienen prejuicios ni dogmas. En suma, los que hoy están pensando en votar a un determinado candidato -o ni siquiera saben quiénes se alistan para la competencia- y mañana o semanas antes de las elecciones quizá se inclinen por otro, aunque no existan puntos de contactos entre ellos, ni en sus ideas ni en sus antecedentes políticos. Mal no le ha ido al Presidente bajo esos preceptos, al menos en términos electorales. Pero este año asoma, en principio, como el más duro.

 

Las encuestas que circulan hoy por los despachos oficialistas no brindan ninguna garantía, al contrario. Los últimos sondeos de Isonomía, la consultora más respetada por el oficialismo, le vienen otorgando al jefe de Estado una intención de voto de entre el 34 y el 36 por ciento. Es un número que no se altera. La última se clavó en 35.Para muchos funcionarios es considerado alto frente a la crisis económica. Para otros es preocupante porque marcaría un techo. Cristina, según la misma encuestadora, alcanza hoy los 30 puntos. Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey acarician (juntos) el 20 por ciento.

 

La economía, ese factor angustiante que Macri creyó que podía domar cuando llegó a la Casa Rosada y que ha sido un bumerán, no estará entre los factores desencadenantes para sumar voluntades como se ilusionaba para esta altura de los acontecimientos. Pero el primer mandatario confía que más cerca de la contienda general se vean algunas mejoras.

 

Los resultados del trabajo del equipo de Durán Barba se terminarán de procesar entre marzo y abril. Eso comprende la minuciosa lectura por parte del sociólogo español Roberto Zapata. Ahí radica la gracia. Peña y Durán Barba suelen contar que muchos políticos se equivocan en la lectura de las encuestas y de los focus groups. Que no se pueden leer en forma literal. Que es como intentar leer un estudio médico sin tener los conocimientos.

 

Peña se fue de vacaciones el jueves tras haber impuesto su deseo de la unificación Provincia-Nación no sin roces con el vidalismo y con la propia Vidal. Cuando regrese se abocará a la estrategia y al discurso de campaña. No hay nada definido todavía. O casi nada. Lo que sí es seguro que la campaña será corta. Bien corta. Cuanto más pegado a la fecha de votación mejor. Tendrá tono político y no económico por razones obvias.

 

Una vez repasado el trabajo que está en elaboración, llegará el momento de decidir qué se dice, cómo se dice y quién lo dice. Un candidato antipático no es creíble, sostiene el manual macrista. En eso serán, como siempre, implacables. Ya lo fueron con Esteban Bullrich en la última campaña. Le prohibían hablar, por ejemplo, de Julio De Vido porque no era parte de la agenda. Bullrich pasaba por los estudios de TV y tenía que morderse los labios cuando se hablaba de las causas de corrupción. Si no hay que hablar de determinados personajes, no se habla. Si no hay que hablar de determinados temas, lo mismo. Así será también en 2019. Más aún. Si hay que esconder a un candidato, se lo esconderá.

 

En el macrismo ya dan por hecho que Cristina Kirchner será la rival a vencer. “Todo indica que ella va a ser candidata. No es la única, pero es la opositora que más perspectiva parece tener”, acaba de decir Horacio Rodríguez Larreta en una entrevista con Clarín. Ayer, en diálogo con este diario, Rogelio Frigerio reforzó esa idea: “Cristina Kirchner, según todas las encuestas, es quien tiene mayor volumen electoral e intención de voto. Cambiemos no generó esa polarización Se equivocan quienes creen que los dirigentes pueden dirigir lo que la gente tiene que pensar”.

 

La disputa con Cristina inquieta a los mercados. “Pero nos alivia electoralmente”, admite un operador del macrismo. Las aguas aquí también aparecen divididas. Al cabo, opina un funcionario del Palacio de Hacienda, “no es algo que podamos manejar nosotros”. Macri se prepara para enfrentarla. Hay quienes hablan de “la gran final”. Luego de años de disputas será la primera vez que estarían cara a cara en las urnas.

 

Un ex ministro de Macri -de los que no guarda rencor por su salida- dice que los argentinos tendrán que acudir a las PASO para debatirse “entre lo malo, muy malo que fue el 2018 y las expectativas no cumplidas de este Gobierno con lo terrible que fue lo que nos dejó el kirchnerismo”, pero confía que en ese escenario volverá a imponerse “el miedo a no volver al populismo”.

 

Recrear la esperanza, si es que aún hay lugar para eso, no será una tarea sencilla para los cerebros de campaña de Cambiemos. Tal vez, reconocen en el propio Gobierno, el miedo a volver al pasado sea suficiente para ganar la reelección pero ya se preguntan cómo será afrontar un segundo mandato con un esquema que no variará en nada del primero. Sindicatos en contra, peronismo en contra, Congreso en contra, movimientos sociales en contra. Y con el arrastre de una sociedad cada vez más apática con su clase política. 

 
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