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DE LA BARRA BRAVA AL COLÓN PDF Imprimir E-Mail
martes, 04 de diciembre de 2018

DE LA BARRA BRAVA AL COLÓN

En las últimas semanas tuvimos la gran oportunidad de ver, en toda su crudeza, las dos Argentinas que coexisten en este proceso de transición. Son dos países que expresan claramente esa idea de Antonio Gramsci de que lo nuevo no termina de nacer y que lo viejo no termina de morir.

ALFREDO LEUCO – LE DOY MI PALABRA

 

En las últimas semanas tuvimos la gran oportunidad de ver, en toda su crudeza, las dos Argentinas que coexisten en este proceso de transición. Son dos países que expresan claramente esa idea de Antonio Gramsci de que lo nuevo no termina de nacer y que lo viejo no termina de morir. Estamos en el medio del río. El populismo autocrático y cleptocrático encarnado en Cristina, todavía tiene potencia electoral y presencia cultural. Y el republicanismo pragmático, liberal democrático representado por el presidente Macri no va a lograr consolidarse hasta un definitivo triunfo en las urnas en el 2019. Todavía falta mucho para ver si esto ocurre.

 

Es una batalla de las ideas acerca de cuál es la Argentina en la que queremos vivir y proyectar para nuestros hijos.

 

Va a depender de nosotros porque son los pueblos con su experiencia cotidiana los que van construyendo los nuevos senderos. Con avances y retrocesos, por supuesto. Con aciertos y errores. Tampoco hay demasiada experiencia en el mundo de una salida exitosa de la degradación de los valores que producen los chavismos en todas partes. Dejan tierra arrasada en lo económico y un aislamiento internacional que nos condena. Instalan la demagogia judicial a favor de los delincuentes, el clientelismo feroz lindante con la esclavitud y un concepto facilista y atroz de que cada problema que tenemos es culpa de otro país y no de nuestra propia ineficiencia. Esto hace que nunca nadie se haga responsable de los fracasos. Siempre hay un culpable que nos viene a quitar lo nuestro. En los populismos de presunta izquierda el enemigo es imperialismo y la derecha. En los populismos de presunta derecha, son los inmigrantes.

 

Las dos Argentinas son como dos volcanes que cada tanto producen una erupción y ocupan el centro de la escena.

 

En lo ideológico todos hemos visto muy cerca la propuesta de cada sector. En Ferro, el primitivismo reaccionario disfrazado de progresismo que tiene como utopía, dictaduras como la Cuba de Fidel o la Venezuela de Chávez. Sus categorías de análisis son tan vetustas que califican al G-20 como un instrumento de dominación neo liberal que nos quiere sojuzgar. Cuesta encuadrar dentro de esos parámetros a los Estados Unidos actuales que hoy son tan proteccionistas como lo fue el justicialismo fundacional. Tan es así que hasta el troglodita de Guillermo Moreno definió a Donald Trump como un peronista. Por aquello de vivir con lo nuestro, desarrollar la industria nacional, y apelar a los sentimientos para construir la grandeza de la patria. Es cierto que China defiende al libre mercado pero fronteras adentro gobierna un comunismo férreo y de mano dura que no permite la libre expresión y que en muchos casos viola los derechos humanos.

 

Esta es una de las principales diferencias entre las dos Argentinas. La del pasado que nos aisló del mundo y nos obligó a tener relaciones carnales y corruptas con Venezuela, Cuba o Irán, países donde falta justicia social y libertad y se persigue a los homosexuales y a cualquier otro tipo de diversidad. Ni hablar de la corrupción de los que se creen dueños de la verdad. Casi todo el gabinete de Cristina está preso y la ex presidenta tiene el año que viene una ruta de juicios orales que puede terminar en la cárcel. Dilma Rouseff habló de injusticia pero la inmensa mayoría del partido de los Trabajadores con Lula a la cabeza, han demostrado niveles de corrupción nunca vistos que involucraron a casi toda la clase política de Brasil. Rafael Correa, tuvo que huir de su país porque la justicia le exige explicaciones en varios casos muy sospechosos. Y eso que gobierna quien fuera su vicepresidente.

 

El G-20 nos permitió volver al mundo de la racionalidad, el comercio multilateral que sea conveniente para todos y a condenar todo tipo de terrorismo y corrupción. Los líderes más importantes del planeta, con todos sus matices y diferencias de pensamiento, reconocieron que vamos por el camino correcto más allá de todo lo que falta, de la crisis económica y de los errores cometidos por Cambiemos. Nos abrieron la puerta nuevamente, nos dieron otra oportunidad pese a los 12 años de un kirchnerismo agresivo y hostil. Representan el 80% de la inversión mundial y el 85% del Producto Bruto global.

 

Y Argentina, les abrió los brazos para recibir sus inversiones para generar más trabajo y progreso. El presidente Macri dijo que esto demuestra que se puede mantener buenas relaciones de mutua conveniencia con todos los países. No hay porque elegir entre Estados Unidos y China. Ambos son inversores de primer nivel en esta tierra. Estados Unidos es el más importante en términos económicos y China puede ser la primera potencia mundial dentro de 12 años si mantiene este ritmo de crecimiento y expansión. En el comienzo del proceso de reformas, Deng Xiaoping fue muy contundente respecto del rol del pragmatismo: “No importa el color del gato, si es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.

 

Macri gato todavía tiene muchos ratones que cazar. Tiene que cumplir sus promesas de bajar la inflación, los impuestos y la desocupación. Tiene que colocar al país en la senda del crecimiento con inclusión social y una renovada apuesta a los valores del sacrificio y de la meritocracia que heredamos de nuestros padres. Jorge Fernández Díaz en su brillante columna de ayer denunció que para la berreta concepción de las izquierdas jurásicas esas actitudes son individualismos reaccionarios y neoliberales. Por eso los gremialistas autoritarios de los docentes se niegan a seguir capacitándose, algo único en el mundo o los alumnos chetos que toman escuelas incentivados por maestros que se llenan la boca hablando de la educación pública y no han logrado otra cosa que llenar las escuelas privadas, sobre todo las parroquiales que son más accesibles para los más pobres que dicen defender.

 

Hay un país barra brava que debemos enterrar definitivamente. La prepotencia, la ocupación de calles, puentes y terrenos por la fuerza, la apuesta a las capuchas los palos, las piedras y las bombas molotov fueron generando un hartazgo piantavotos que asustó a la propia Cristina. Estuvo fogoneando todo tipo de protesta contra el gobierno, llevando al extremo todos los conflictos, incentivando la violencia pero ahora, puso el freno. Los K no fueron a la marcha en contra del G-20 porque Cristina lo ordenó. Eso produjo una de las manifestaciones menos masivas de los últimos tiempos y dejó en evidencia que son siempre los mismos. Se debe reconocer que hubo un gran avance. Los grupos de la izquierda que van a las elecciones a sumar legisladores, expulsaron a los 15 loquitos vestidos de negro, con la cara oculta y dispuestos a incendiar todo. No solo Cristina se dio cuenta que los tira piedras y los gordo Mortero producen rechazo y antipatía aún dentro del universo de centro izquierda. Hoy despiertan más empatía, socialdemocracias más razonables y honradas como el Frente Amplio de Uruguay o el socialismo de Michelle Bachellet que los viejos patrones jurásicos marxistas.

 

La militancia democrática reconoce que es difícil construir consensos y alianzas amplias y competitivas si se levantan las banderas autoritarias o delictivas de Hebe de Bonafini, Milagro Sala, Luis D’Elía, Julio de Vido o César Milani. Los quisieron convertir en mártires que produzcan adhesión y lograron transformarlos en líderes módicos y tóxicos que expulsan al público independiente y soñador.

 

El encuentro de Ferro, las atrocidades del lumpenaje futbolero en el estadio Monumental y los ataques al Congreso de la Nación y la Legislatura de la Ciudad, son un combo de todo lo que rechaza la inmensa mayoría de los argentinos.

 

Por el contrario, el diálogo inteligente y amigable con todos los países, los acuerdos comerciales bilaterales para el crecimiento, el combate al crimen organizado y a los narcos y el orden democrático para que todos se expresen pacíficamente demostraron que es posible que termine de nacer la nueva Argentina. Que algo está cambiando. Que hay dolores que son por las injusticias pero que también hay dolores del parto. Con el G-20, el presidente Macri y Cambiemos retomaron la iniciativa y dejaron de estar a la defensiva. Macri estaba contra las cuerdas y ahora recuperó el centro del ring. Eso no garantiza que se solucionen todos los problemas de la noche a la mañana o que el gobierno deje de cometer errores en la política y en la comunicación. Pero le abre una nueva oportunidad. Después de la batalla del River y Boca, se instaló un clima de derrota social, de bajar los brazos, de decir que este país no tenía solución y que los argentinos no teníamos remedio. Fue muy ostensible el bajón anímico. Pero el G-20 en general y el teatro Colón en particular revirtieron esa situación y le hicieron recuperar el optimismo y la autoestima a grandes sectores. Macri emocionado frente a la diversidad cultural y la excelencia artística, con el aplauso sincero de todos los principales jefes de estado fue una síntesis de que si hay disciplina, excelencia, orden, patriotismo y liderazgo se pueden hacer las cosas muy bien. En el escenario o en la platea podrían haber cantado el “sí se puede”, que expresaba con rigurosidad lo que había pasado. Pero la mayoría no quiso ofender a nadie con un canto vinculado a lo partidario y avanzó el con “Ar-gen-ti-na” que nos incluye a todos y que integra y que intenta cohesionarnos para ser más fuertes y construir un país con más igualdad para todos. Ese grito de Ar-gen-ti-na, ese llanto contenido, esa capacidad de reponernos aún de las peores cosas, es un alarido de esperanza. Nada está resuelto y no hay que caer en triunfalismos. Pero el G-20 y el Colón nos dieron otra oportunidad. Depende de nosotros hacerle honor o tirarla por la borda. Del país del insulto barra brava al país de la cordialidad y la República. Siempre las naciones dependen de sus pueblos. Ellos deciden cuando hay que parir algo nuevo y cuando enterrar lo viejo. Civilización o barbarie. Democracia o mafia. Espero que el cambio se consolide pronto. Antes de que sea demasiado tarde para lágrimas.

 
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