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LOS OBISPOS, MUY DUROS CON LA DIRIGENCIA POLÍTICA: DICEN QUE EL PAPA RECIBE ATAQUES QUE NO TIENEN PR PDF Imprimir E-Mail
martes, 06 de noviembre de 2018

LOS OBISPOS, MUY DUROS CON LA DIRIGENCIA POLÍTICA: DICEN QUE EL PAPA RECIBE ATAQUES QUE NO TIENEN PRECEDENTES

Ultimo plenario del año. El presidente del Episcopado, Oscar Ojea, habló de la crisis y de un clima de crispación. Y llamó a ser “sencillos como palomas y astutos como serpientes”.

SERGIO RUBÍN – DIARIO CLARÍN

 

En el primer pronunciamiento desde lo más alto de la pirámide eclesiástica tras el inicio del severo ajuste que lleva adelante el Gobierno, el presidente del Episcopado, monseñor Oscar Ojea, advirtió hoy que “la crisis social y económica que golpea a todo el pueblo argentino va resintiendo la confianza en la dirigencia política, aumentando el mal humor social, el enojo y la intolerancia que hace muy crispada la convivencia”. Por otra parte, denunció que el Papa Francisco y la Iglesia en el país están sufriendo “ataques desde dentro y desde fuera de la Iglesia que no tienen precedentes”. A la vez que formuló recomendaciones al clero para afrontar problemas "que nunca nos habíamos imaginado que íbamos a tender delante".

 

Los severos cuestionamientos los formuló Ojea durante la homilía de la misa de apertura del segundo y último plenario del año de los obispos de todo el país, que sesiona esta semana en la casa de retiros El Cenáculo, en Pilar. Y se producen luego de que la Iglesia fue criticada por una misa que ofició el arzobispo de Mercedes – Luján, Agustín Radrizzani, frente a la basílica a pedido de gremios muy críticos del Gobierno y que contó con la presencia de Hugo y Pablo Moyano. Las críticas alcanzaron al propio Francisco por su supuesto apoyo, pese a que Ojea y Radrizzani negaron de modo reiterado la injerencia del Papa en la celebración.

 

Durante el cónclave los prelados darán pasos decisivos hacia la renuncia al aporte económico del Estado a la Iglesia, que este año ronda los $ 130 millones, una suma que constituye apenas el 7 % de su presupuesto, pero que suscita críticas de quienes consideran que la institución debe sostenerse con la contribución de sus fieles. La prescindencia de esos fondos cobró impulso tras el debate por la legalización del aborto, cuando sectores que apoyaban la ley reclamaron la “separación” de la Iglesia del Estado. Desde entonces la está estudiando una comisión Gobierno-Episcopado.

 

Ojea dedicó su homilía a trazar un panorama de la situación del país y de la Iglesia desde su perspectiva, y proponer las respuestas que debe dar la institución. “Estamos terminando un año sumamente difícil”,comienza diciendo. Y señala a renglón seguido: “Muchos acontecimientos que hemos vivido en los últimos meses nos han provocado perplejidad, y al mismo tiempo nos plantean grandes desafíos pastorales para ser iluminados a la luz del Evangelio. Son situaciones complejas y conflictivas, que esconden un mensaje que tenemos que descubrir”.

 

Al hacer una enumeración de esos acontecimientos, Ojea menciona “la habilitación del debate sobre el aborto y su repercusión en muchos de nuestros jóvenes, incluso de nuestros colegios y comunidades a quienes hemos visto tomando partido con su pañuelo verde”. También cita “el fenómeno de las apostasías que apareció posteriormente”. Y “las denuncias de abusos que aumentan el dolor en lo más profundo del corazón de la Iglesia”.

 

Además, puntualiza que “hemos sido testigos también de ataques a la persona del Santo Padre desde dentro y desde fuera de la Iglesia de un modo que no tiene precedentes, lo que genera la escasa difusión de su pensamiento y de su prédica”. Y considera que “esto se extiende a la Iglesia toda, ya que parecería que decir algo bueno sobre ella no es políticamente correcto”.

 

“Todo esto –subraya- lo hemos vivido en medio de una crisis social y económica que golpea a todo el pueblo argentino, y que va resintiendo la confianza en la dirigencia política aumentando el mal humor social, el enojo y la intolerancia que hace muy crispada la convivencia”.

 

Frente a ello, Ojea dice que la Iglesia puede reaccionar de varias maneras, especialmente con “la ira, el enojo y la victimización” o con “la parálisis y la inmovilidad”. Pero las desaconseja porque, entre otras razones, “en muchas de estas situaciones hemos tenido parte de responsabilidad”. Y porque el Papa, dice, llama a salir, ya que prefiere “ una Iglesia que se accidenta y toma riesgos en lugar de una Iglesia que se encierra en sí misma”. De todas formas, admite que “nunca nos habíamos imaginado que íbamos a estar delante de estos problemas, cuyas raíces y motivos a veces nos cuesta entender”.

 

Recomienda una actitud de humildad, que “nos permite escuchar de un modo nuevo el corazón de aquel que está enojado con la Iglesia, que ha sentido la ausencia de alguien que le mostrara el verdadero rostro de Jesús. Y porque “mirando nuestros pecados y los escándalos que se han dado en algunas de nuestras comunidades, tenemos que ahondar el camino de nuestra conversión personal y eclesial”.

 

“La segunda virtud que aparece como necesaria en este momento –añade- es la paciencia, que es parte de la virtud de la fortaleza. La esforzada paciencia de los mártires”. Y en tercer lugar, dice, “necesitamos el coraje, la valentía de Jesús (…). Es la disposición espiritual para hablar libremente y con verdad incluso en situaciones adversas”.

 

Alerta que “para resistir estos ataques se requiere un espíritu libre y también sabio, para discernir y elegir cuando hablar y cuando callar. Es un momento para ser especialmente “sencillos como palomas pero astutos como serpientes” (Mt 10, 16). En esto tenemos que cuidarnos y sostenernos mutuamente no por nuestra honra, sino por el santo pueblo fiel de Dios que se puede ver confundido y desmoralizado por los mensajes que recibe”.

 

“Hoy más que nunca –concluye- debemos cuidar y defender la unidad de nuestro Episcopado, buscando plantear de frente nuestros acuerdos y desacuerdos, no permitiendo que el espíritu del mal logre dividirnos. Es tiempo de diálogo sincero, profundo y valiente entre nosotros. Un diálogo así nos enriquece y favorece nuestra unidad”.

 
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