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LA PRIMERA BATALLA DE UNA GUERRA FRÍA QUE COMENZÓ A CALENTARSE DEMASIADO RÁPIDO PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 10 de octubre de 2018

LA PRIMERA BATALLA DE UNA GUERRA FRÍA QUE COMENZÓ A CALENTARSE DEMASIADO RÁPIDO

Análisis sobre la pelea entre dos miembros de la Corte. Primer encontronazo, a menos de un mes del recambio en la Presidencia de la Corte Suprema.

CLAUDIO SAVOIA - DIARIO CLARÍN

 

La sincronizada jugada que terminó con el reemplazo de Ricardo Lorenzetti por Carlos Rosenkrantz en la presidencia de la Corte Suprema de Justicia salió perfecta en el pizarrón, pero tal como se preveía no será tan fácil replicarla en el desparejo césped de la gestión diaria en el máximo tribunal de la Nación.

 

Con indisimuladas aspiraciones de continuar otros tres años en el sillón en el que se mantenía sentado desde enero de 2007, el abogado de Rafaela sólo supo que sus deseos quedarían truncos cuando en la sesión de acuerdos del 11 de septiembre sorpresivamente se propuso incluir en el temario la votación para elegir a su sucesor. Resignado a su suerte, acompañó con su voto la moción que proponía a Rosenkrantz, cocinada entre bambalinas durante los días previos gracias al giro de la jueza Elena Highton.

 

Aunque el mandato de Lorenzetti tenía vigencia hasta fin de año, los cortesanos resolvieron adelantar el recambio al 1 de octubre. Demasiado pronto para una transición ordenada, tras casi doce años de una gestión tan activa como personalista. Aunque su voto vale uno, como el del resto de los jueces del tribunal, el presidente de la Corte maneja otros resortes internos clave. La administración general y el estratégico portal de noticias judiciales son dos de esos poderosos botones que hace diez días cambiaron de manos.

 

Con la sensibilidad a niveles extremos y los fantasmas de zancadillas y conspiraciones detrás de cualquier cortina, el primer conflicto entre los sucesivos titulares de uno de los poderes del Estado escaló hasta el escándalo en apenas unas horas. Y lo que se pronosticaba como una guerra fría -siempre desmentida desde todos los despachos del quinto piso del palacio de Tribunales- se convirtió en una batalla a los arañazos dentro de un ring lleno de barro.

El Centro de Información Judicial (CIJ) es el portal de noticias en el que se publican los más importantes fallos de la Corte y de los tribunales y juzgados del país. Creado por iniciativa de Lorenzetti, es una de las herramientas más eficaces para difundir las noticias que se generan en los tribunales, muchas de las cuales altísima tienen trascendencia institucional y política. Por supuesto, para no convertir los aplausos en sospechas, esas noticias deben publicarse rápidamente, sin trascendidos a medios periodísticos amigos ni ediciones caprichosas. Así venía sucediendo casi siempre. Y cuando no ocurría, los reclamos tronaban de inmediato.

 

Semejante exposición, multiplicada hasta el infinito desde el estallido del caso de los cuadernos de las coimas por la avidez informativa respecto de las citaciones, procesamientos y resoluciones del juez Bonadio y sus superiores de la Cámara Federal porteña, convirtieron al CIJ en el escenario perfecto para una pequeña travesura, que por supuesto será negada por tirios y troyanos.

 

Durante los últimos días de su presidencia, Lorenzetti empezó a “desocupar” las oficinas que ya no quedarían bajo su control. Algo absolutamente normal.Que podría hacerse de manera coordinada con el nuevo presidente, incluso gradualmente para que los nuevos funcionarios puedan conocer su trabajo. Ayer quedó claro que no fue lo que ocurrió.

 

Tras casi dos semanas con el portal desactualizado y con decenas de sentencias que jamás se difundieron, la aparente mesura de Rosenkrantz dio paso a un airado reclamo para que le permitan recuperar las contraseñas y llaves informáticas necesarias para acceder al CIJ, aparentemente sellado como una fortaleza. La tesis de la picardía crece con el dato de que la mitad de los empleados del portal habrían pasado a reportar a la vocalía de Lorenzetti, y que cuando el nuevo presidente de la Corte quiso hacer cabeza de playa su antecesor lo denunció en términos más usuales en los programas de chimentos de la tarde.

 

“Lamento mucho semejante mediocridad”, comienza. Y sigue con acusaciones sobre supuestas “expresiones que se apartan de la política de género y protección de la mujer de la Corte”. ¿En castellano? Lorenzetti acusa a Rosenkrantz de haber maltratado a la ex secretaria de Comunicación de la Corte y protegida suya, María Bourdin. Una herida que será muy difícil de cicatrizar.

 
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