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EL HURACÁN CARRIÓ PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 10 de octubre de 2018

EL HURACÁN CARRIÓ

Como muchos jóvenes setentistas, Cristina no votó a Perón. Le decía “viejo de mierda” y puso la boleta de Jorge Abelardo Ramos. Ella creía que ser “evitista” era más revolucionario.

ALFREDO LEUCO – LE DOY MI PALABRA

 

El presidente Mauricio Macri está en uno de los momentos de mayor debilidad política. Y Cambiemos está atravesando una etapa de profunda crisis y fragilidad. Como será de grave la cuestión que la diputada Elisa Carrió, socia fundadora, tuvo que salir a aclarar: “No se preocupen, no voy a romper Cambiemos. No soy Chacho Alvarez”. Es muy inquietante lo que dicen estas pocas palabras. Primero porque si ella dice que no se preocupen es que mucha gente se preocupó. Segundo porque si asegura que no va a romper la coalición de gobierno es porque muchos interpretaron que esa relación había quedado colgando de un hilo después de sus declaraciones, tal vez las más demoledoras contra su propia fuerza que Carrió pronunció desde la existencia de Cambiemos. Y la tercera referencia a la renuncia del vicepresidente de entonces Carlos Chacho Alvarez del Frepaso fue el comienzo del fin del gobierno de Fernando de la Rúa y el inicio del ostracismo político de ambos.

 

La líder de la Coalición Cívica tuvo que salir a tapar todas las grietas que había generado con sus declaraciones. Fue una escalada de fuego amigo contra el presidente Macri que afectó su imagen como conductor.

 

Le recuerdo algunos de los dardos que Carrió le tiró a Macri:

 

“Al presidente Macri le perdí la confianza”.

 

Epa, epa. ¿Escuchó bien?. Una de las tres arquitectas de Cambiemos, Carrió le dice a otro de los fundadores, el ingeniero Macri que ya no le tiene confianza. Y a la tercera pata de la exitosa construcción electoral, el radical Ernesto Sanz no le dirige la palabra.

 

Pero hubo más sablazos para este boletín. La doctora Carrió y su partido no frenaron la embestida contra el ministro Germán Garavano. Todo lo contrario, lo quieren echar del gobierno que ellos integran por el mecanismo del juicio político. Otro tema grave porque el presidente Macri ratificó claramente a Garavano y ahora quedó entre la espada y la pared. Si mantiene por largo tiempo a su ministro, queda bajo el bombardeo de Carrió que tiene una voz política de una potencia impresionante. Y si lo expulsa a Garavano del gabinete, el presidente queda como cediendo el timón de la República a Elisa Carrió porque ella puede echar a cualquiera con un tuit.

 

De hecho otra de sus declaraciones fue muy peligrosa institucionalmente: El presidente debe elegir. Si no se cae. Otra desmesura. Carrió siente que tiene el suficiente poder como para voltear al presidente si no hace lo que ella le dice. Aquí vale la pena hacer una referencia a Daniel Angelici, uno de los acusados por Carrió de fomentar junto a Garavano y otros sectores del gobierno la impunidad para los delitos que cometieron Carlos Menem y Cristina Fernández de Kirchner. El presidente de Boca aclaró que Macri no puede elegir porque él no tiene ningún cargo en el gobierno y que su amistad es alrededor del tema Boca Juniors donde lo sucedió como presidente del club.

 

Acá hay un agujero negro y un tema que casi no tiene retorno.

 

Carrió está convencida de que Angelici es un operador en las sombras de la justicia y que Macri lo utiliza para salvar a familiares, como Angelo Calcaterra, a su padre Franco y a empresarios amigos.

 

Angelici niega absolutamente que juegue en ese puesto. Pero ya sabemos que Carrió no se detiene cuando está convencida de algo: fue contra el presidente de la Corte Suprema nada menos y logró su primer objetivo. Ricardo Lorenzetti ya no es la máxima autoridad del cuerpo. Pero Carrió no se conforma: lo quiere afuera de la Corte. Si pudo con Lorenzetti es muy probable que también pueda con Garavano y Angelici.

 

El problema es que el costo político que le produce a Macri es muy alto. Justo en el peor momento de la economía, cuando el país está transitando un ajuste y una estanflación que liquida el salario, el empleo y la ilusión de mucha gente, Elisa Carrió le tira más nafta al fuego.

 

Ojo que no estoy cuestionando la justicia de sus reclamos. Ella tiene razón. Yo también pienso que Garavano debe irse del gobierno por operador de Menem y Cristina o por ingenuidad política. Pero un juicio político me parece demasiado. Lo que cuestiono es la forma que Carrió tiene de hacerle llegar las críticas al presidente. Ya pasó con Dante Sica también. Le cuestionó que no ponga la energía suficiente para facilitar la exportación de las Pymes. Le recuerdo que Sica es el que más hace en ese sentido y uno de los economistas más expertos en el tema productivo y pequeñas empresas.

 

A esta altura es urgente la vuelta de la política que parece extinguida en Cambiemos. Es necesario que cuanto antes el presidente Macri arme una suerte de Consejo Asesor Político donde sus fuerzas aliadas tengan espacio para hacer sus críticas y expresar sus disidencias, aún las más duras. Se intentó varias veces pero no han podido lograr un espacio de reflexión puertas adentro, en forma reservada donde dirimir sus diferencias. Los trapitos sucios deberían lavarlos adentro y salir todos juntos a defender las mismas decisiones. Debilita gravemente al presidente Macri que sus aliados claves lo fustiguen por los medios. Y al presidente le vendría como anillo al dedo tener dirigentes por afuera del PRO que le cuenten el clima y la temperatura de la sociedad. El gobierno debe retomar la iniciativa política. Y para eso tiene que recurrir a los que más saben de eso. Es una burrada gigante la manera en que manejaron el tema de las tarifas de gas. El primer objetivo de un gobierno es defender a los que menos tienen, a los usuarios, a los más desprotegidos, al pueblo en general y a la clase media que lo votó con entusiasmo por el cambio y hoy está padeciendo importantes privaciones económicas. No pueden dar explicaciones técnicas que son muy válidas, sin registrar lo que pasa en la sociedad. Los cuentapropistas, los pequeños comerciantes e industriales, los profesionales jóvenes están muy enojados con un gobierno al que votaron pero que por momentos, se preocupa más por la rentabilidad de las empresas que por la subsistencia de millones de argentinos. La AFIP persigue en forma implacable a los pescados chicos que se están ahogando. Esa es la realidad que intendentes de Cambiemos y gobernadores están sintiendo en carne propia. Y como no hay un lugar para debatir a fondo estos temas, muchos se ven obligados a decirlo públicamente para contener a sus propios votantes. Tal vez por eso, Gerardo Morales de Jujuy salió a decir que no está de acuerdo con el aumento de tarifas.

 

Macri dice que todo su aporte es estar tranquilo, seguir el rumbo y no cambiar las reglas del juego. Está bien, es correcto, pero cuando las cosas no funcionan y en la práctica aparecen nuevas dificultades hay que tener la suficiente plasticidad y pragmatismo para fijar prioridades y defender lo que tiene que defender.

 

 

La mayoría de las veces, el huracán Lilita es un viento muy fuerte que limpia la mugre de la política y los gobiernos. Pero a veces, en su potencia arrasadora, se lleva puesto parte de la investidura presidencial y de la vocación de unidad de Cambiemos.

 

Elisa Carrió dice que la impunidad no es negociable. Se lo dice a Macri. Rogelio Frigerio contesta que el jefe de la lucha contra la impunidad y la corrupción es el presidente Macri.

 

Aquí hay otra fractura explícita en Cambiemos. La AFIP sacó de lugares claves a tres funcionarios ejemplares que fueron bastiones contra los delitos de Cristina y la complicidad de Ricardo Echegaray. Elisa Carrió los elogió como “héroes”. Las explicaciones del jefe de la AFIP, tampoco convencieron a nadie. ¿Qué pasa? Los que no enfrentaron con coraje al kirchnerismo desplazan a los que sí lo hicieron. La señal es antidemocrática y dice: si hay delitos mirá para otro lado, no los denuncies.

 

La reflexión más conceptual de Carrió fue la siguiente: “Para que luchamos por la verdad y arriesgamos la vida. Nos da asco moral y nos aleja de estos personeros del gobierno y la justicia”.

 

Carrió citó a Martin Luther King cuando dijo: “Nunca tengas miedo de hacer lo correcto”. Estoy absolutamente de acuerdo con ese concepto valiente y cargado de ética. Pero en la vida política existe el sentido de oportunidad, el manejo de los tiempos y las formas para decir y hacer lo correcto.

 

Se puede tener toda la razón del mundo. Pero hay maneras de decirlo sin pegarse tiros en los pies. Todos los días Macri recibe la embestida golpista de los kirchneristas del club del helicóptero. Carrió y Cambiemos no debería darle pasto a las fieras. Y mucho menos tirarse tiros en los pies. O tirarles a la cabeza a su propio electorado. Eso es suicida.

 

 
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