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1.000 DÍAS DE GOBIERNO: QUÉ PASA POR LA CABEZA DE MAURICIO MACRI EN PLENA CRISIS PDF Imprimir E-Mail
domingo, 09 de septiembre de 2018

1.000 DÍAS DE GOBIERNO: QUÉ PASA POR LA CABEZA DE MAURICIO MACRI EN PLENA CRISIS

La intimidad del poder ¿Habrá más cambios de Gabinete? La charla de Carrió con el mejor amigo del presidente. Y qué hay detrás del diálogo Massa-Larreta-Vidal.

SANTIAGO FIORITI – DIARIO CLARÍN

 

De tanto en tanto, cuando se siente agobiado, a Mauricio Macri lo arrebata el deseo de estar solo, completamente solo. Le gustaría, por ejemplo, ir a comer afuera sin que lo reconozcan y pasar unas horas sin hablar con nadie, como hizo un mediodía en una gira por Tokio, incluso burlando a sus custodios. Pero durante aquel viaje de 2017 corrían -mirado desde la cruda realidad actual- buenos tiempos. La crisis se ha agigantado. Por tercer mes consecutivo cayó en julio la actividad industrial al 5,7% con respecto al mismo mes del año pasado, el dólar baja apenas de los 40 pesos, se profundiza la recesión, la inflación podría llegar este año al 40% y hasta los macristas más fanáticos reconocen ahora que lo peor de la crisis no solo no pasó sino que está por venir. La Argentina parece cada vez más lejos del país normal que prometió Cambiemos.

 

“Estos fueron los peores cinco meses de mi vida después del secuestro”, asumió el Presidente ante un grupo de radicales en la Quinta de Olivos, hace una semana, en una de las tantas cumbres que se organizaron antes de los cambios de Gabinete y de los anuncios económicos. Los dirigentes lo vieron tan golpeado que hasta controlaron el impulso con el que habían arribado a la residencia cuando se discutía si Martín Lousteau Alfonso Prat-Gay y Ernesto Sanz se sumaban al Gabinete.

 

Lo mismo le pasó al ala política, la más rebelde del macrismo: “Mauricio estaba desahuciado”, contó uno de ellos. No todos coinciden en esa visión, sin embargo. “El Presidente está entero y es el más consciente de la crisis. Su liderazgo no se discute. Lo que se discute es su entorno”, cuenta uno de los hombres que va a Olivos solo cuando lo convocan. Un entorno que Macri no va a cambiar, salvo un cataclismo. Esto es: no hay que esperar nuevas modificaciones en el corto plazo y el mando lo seguirá teniendo Marcos Peña.

 

A diferencia de otras etapas de la corrida cambiaria, el primer mandatario evitará hablar sobre cuánto falta para que asome algo de luz en el túnel, aunque habilitará a más ministros como voceros para contar qué están haciendo. “Ya no hago pronósticos. Trabajo. Hay que mantener la calma, sostener el rumbo y salir de las seis tormentas consecutivos que tuvimos”, dice Macri en la intimidad frente a quienes le piden precisiones.

 

Aquella comparación con el secuestro la hizo por primera vez frente a los radicales con los que habla con frecuencia. En ese grupo están Alfredo Cornejo, Sanz, Mario Negri, Gerardo Morales y Luis Naidenoff, entre otros. Uno de ellos propuso que se expresara de ese modo en público, algo que -casualidad o no- Macri terminó haciendo el lunes en su segundo mensaje grabado. La recomendación fue una forma elegante de no trasladar lo que realmente pensaba y que se privó de decir: que había sido inoportuna y temerosa aquella primera presentación grabada de un minuto y 48 segundos.

 

“A Mauricio lo vienen cuidando poco y ese día lo cuidaron menos”, es una de las frases que más se escuchó en los últimos días. Esa escueta presentación había sido charlada directa o indirectamente con 50 personas. Muchas de ellas se cruzaron luego fuertes acusaciones. Lo cierto es que esa mañana Macri anunció un acuerdo con el FMI que no estaba cerrado, sin explicar ni precisar nada. El dólar subió y el pase de facturas interno no cesa hasta hoy.

 

Cómo cuidar a Macri fue siempre una preocupación de los aliados radicales y de la Coalición Cívica de Elisa Carrió, pero también de Jaime Durán Barba. Dirigentes muy valiosos del espacio, incluso, hablaron últimamente con Juliana Awada para que no lo dejara solo en los días de mayor tensión. La primera dama ha pasado por la Casa Rosada y este fin de semana lo acompañó a visitar familias de bajos recursos en Mendoza. El matrimonio presidencial fue a la casa de una mujer viuda que cobra un plan y vive con 2 hijos y 5 nietos en Potrerillos. Charlaron un buen rato y tomaron mate. La mujer bromeó con su nombre. Se llama Cristina.

 

Carrió es una de las que se ha preocupado por la parte humana de Macri. “Quiero hablar con Nicky Caputo”, sorprendió en su despacho del instituto Hannah Arendt hace unos 20 días. Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli, únicos testigos, no podían creerlo. “Pónganmelo al teléfono ya”, insistió la diputada. Lo llamaron.

 

El mejor amigo del Presidente y Carrió se habían cruzado por única vez el 22 de noviembre de 2015, la noche en la que Macri le ganó el balotaje a Daniel Scioli. Dicen que, en medio de la euforia, ella le pidió al empresario que se abstuviera de participar de la gestión. Ahora, a mil días de la asunción y frente a un escenario que esa noche de brindis y baile en Costa Salguero nadie preveía, estaban al teléfono. “Vos sabés que yo te eché del Gobierno, pero en este momento te pido que estés cerca de tu amigo. Él te necesita”, le dijo.

 

Las crisis políticas provocan este tipo de cosas. Lo que parece que nunca va a suceder de pronto sucede. Cómo explicar, si no, que hasta hace unos días se haya planteado la posibilidad de que Prat-Gay, Sanz y Lousteau se convirtieran en ministros. Lo de Sanz podría sonar hasta lógico porque nunca tuvo un enfrentamiento directo, pero los economistas -en especial Prat-Gay- eran mala palabra desde que dejaron el Gobierno. “En las situaciones límites Mauricio reacciona y cambia”, cuenta uno de sus colaboradores históricos.

 

En la mente de Macri no estaba reducir el Gabinete y lo achicó a la mitad. Y hasta evaluó seriamente designar como ministro de Economía a Carlos Melconian, uno de los más castigados desde su adiós al Banco Nación. Hubo una larga reunión en la que el Presidente le habría deslizado “preparate para ir vos a Washington”, poco antes del viaje de Dujovne.

 

Macri también habló con Melconian sobre la implementación de las retenciones a las exportaciones. Fue una iniciativa difícil para él y la evaluó con distintos actores. El porcentaje del impuesto derivó en una gran debate. Terminó imponiéndose que los exportadores paguen 4 pesos por cada dólar. Pero hubo reclamos para que el porcentaje fuera mayor. Gerardo Morales le pidió que fuera de $ 8.

 

En el medio de esas conversaciones, el Gobierno intensificó las charlas con la oposición por el Presupuesto. Rogelio Frigerio -acaso el único ministro que de manera voluntaria sugirió que él podía irse si eso le hacía bien al Gobierno- se concentró en los gobernadores y Horacio Rodríguez Larreta, junto a María Eugenia Vidal, se ocuparon de “ablandar” a Sergio Massa. Lo hacen, en rigor, desde hace varias semanas.

 

El tigrense suele hacer de anfitrión en las oficinas que alquila desde hace un año en un edificio de la avenida Libertador. El búnker tiene una particularidad. Se puede acceder al despacho de Massa directamente desde la cochera, por una escalera. Eso entusiasma a quienes no quieren que trasciendan sus visitas. Así ingresaron días atrás Larreta junto a Emilio Monzó. Los tres repasaron temas sensibles. Al salir, Larreta y Monzó se cruzaron con los intendentes Gabriel Katopodis y Martín Insaurralde. Se dieron un abrazo y se fueron.

 
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