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EL SILENCIO YA NO UNE A LOS EMPRESARIOS PDF Imprimir E-Mail
sábado, 04 de agosto de 2018

EL SILENCIO YA NO UNE A LOS EMPRESARIOS

Hay una historia sobre los cuadernos que se cuenta y que aún no fue contada. La omertá parece quebrada entre los ejecutivos. Uno de ellos ofreció hablar.

RICARDO ROA – DIARIO CLARÍN

 

Hay una historia sobre los cuadernos que se cuenta y que aún no fue contada. El chofer escribidor Centeno se los dio a un amigo policía y ese amigo policía se los dio a un vecino, el periodista Diego Cabot. Centeno estaba asustado: su ex jefe Baratta había caído preso y quiso ponerlos a resguardo.

 

Cabot los escaneó y devolvió al vecino policía y el vecino policía los devolvió a su amigo Centeno. Cabot empezó a investigar y llevó los documentos al fiscal Stornelli y al juez Bonadio, que empezaron a investigar con las posibilidades que el periodismo no tiene.

 

Y hay otra historia que ha comenzado a desarrollarse porque los cuadernos con la letra manuscrita y obsesiva de Centeno han desaparecido. La prueba original se perdió o no se encuentra y las fotocopias no pueden someterse a pericias. Lo aprovecha el kirchnerismo para bajarle el precio a la investigación. Pero Centeno reconoció como propios los cuadernos. La confesión es la reina de las pruebas. Puede alcanzar para condenar.

 

A Centeno lo llamaban el Viejo, a veces llegaba bebido al ministerio y por su pasado militar ejercía de chofer y culata. Es menudo, moreno y reacio a métodos anticonceptivos: tuvo 15 hijos. No saben con cuántas mujeres. La última, Hilda Horovitz, le dijo a Noticias que Centeno escribía los cuadernos para protegerse por si lo echaban. Los terminó usando ella para denunciarlo.

 

Centeno parece rústico pero escribe con una economía verbal envidiable. Refleja hechos con precisión. Su caligrafía es pequeña y en las hojas cuadriculadas de los Gloria casi no deja renglones intermedios. Una tendencia a lo menudo, al detalle. Violento y patotero, su jefe Baratta no ha sido un actor de reparto aunque actuó en muchos repartos. Kirchner lo puso con De Vido con un título menor pero con poderes mayores. Decidía a qué empresas adjudicar las obras y cobraba las coimas.

 

El sistema lo montó Kirchner. Replicó su modelo de Santa Cruz: concentró en De Vido toda la obra pública y cambió la ley para convertir el pago de acopios en anticipos financieros. Las empresas recibían cash entre el 10 y el 15%. Era la coima que debían devolver.

 

Los cuadernos registran más de US$ 35 millones. Los empresarios detenidos se refugian en la omertá del caso. No actuaron igual pero guardan silencio por igual. O guardaban: ayer uno rompió el pacto. Algunos o muchos aceptaron pagar coimas porque si no pagaban coimas no trabajaban. Otros fueron socios y testaferros del poder como Báez, Cristóbal y Wagner, de Esuco y antiguo empleador del arquitecto De Vido, que lo colocó al frente de la Cámara de la Construcción.

 

También BTU, de Mundin, una empresa pequeña de Avellaneda que recibió sumas gigantescas. BTU fue a De Vido lo que Electroingeniería de Ferreyra fue a Zannini. Ferreyra es dueño además de un laboratorio medicinal: el circuito para lavar la montaña de plata sucia no alcanzaba con las constructoras. Una clave será detectar con qué financieras y bancos se operó. Otra clave: esta investigación se cruzará con la de Odebrecht. Y nadie sabe hasta dónde puede llegar la mancha.

 

 
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