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ESCUCHAS TELEFÓNICAS: UNA FUENTE DE PODER TENTADORA, QUE TAMBIÉN PUEDE FULMINAR A SU DUEÑO PDF Imprimir E-Mail
martes, 10 de abril de 2018

ESCUCHAS TELEFÓNICAS: UNA FUENTE DE PODER TENTADORA, QUE TAMBIÉN PUEDE FULMINAR A SU DUEÑO

La ex Ojota de la SIDE, envuelta en acusaciones de espionaje ilegal, ahora le trae problemas al titular de la Corte.

CLAUDIO SAVOIA – DIARIO CLARÍN

 

Con varias décadas de historia, la oblicua Ojota (oficina de Observaciones Judiciales) de la SIDE se hizo famosa -y temida- por las operaciones de espionaje ilegal contra opositores políticos de los sucesivos gobiernos, periodistas, empresarios y sindicalistas. Para investigarlos, para asustarlos o para gestionar esa poderosa herramienta con fines económicos personales -siempre por encima de cualquier ideología o patriotismo-, esas “pinchaduras” fueron más frecuentes y ruidosas que las legales, necesarias para cazar bandas de secuestradores y narcotraficantes.

 

Tras la pelea de Cristina Kirchner con su máximo agente secreto, Antonio “Jaime” Stiuso, uno de los cortafuegos para coagular las consecuencias de ese divorcio fue el traslado de la Ojota a la órbita de la procuradora Alejandra Gils Carbó. La mejor guardaespaldas para que esa arma nuclear del espionaje político no cayera en manos infieles. Fue en enero de 2015, con el cuerpo baleado del fiscal Alberto Nisman aún caliente.

 

Sin embargo, y pese a algunas denuncias de espionaje ilegal que también la salpicaron, la manipulación de las intervenciones telefónicas en el lapso que las controló la fiscal Cristina Caamaño fue más prolija que la de sus oscuros predecesores.

 

Por supuesto, no lo suficiente para ganarse la confianza de Mauricio Macri, que de inmediato le quitó ese potente juguete a Gils Carbó y se lo entregó a la Corte Suprema de Justicia, en cabeza de su titular, Ricardo Lorenzetti. Una prenda de amor que el doctor de Rafaela atrapó en el aire, y cuya organización delegó en dos personas de su más extrema confianza: los camaristas federales Martín Irurzun y Javier Leal de Ibarra.

 

La lógica era la siguiente: si las escuchas telefónicas siempre son ordenadas por jueces -obviamos las ilegales, muchas de las cueles se hicieron siempre desde esa misma oficina- es razonable que la oficina que las realiza pertenezca al poder judicial.

 

Pero la ambición es mala consejera. El goteo con la filtración de diálogos de Cristina Kirchner, cuya línea había sido intervenida por orden del juez Ariel Lijo en una causa por el supuesto encubrimiento del narco Ibar Pérez Corradi, cae como lluvia ácida sobre Lorenzetti y sobre los jueces federales de Comodoro Py, principales usuarios de las pinchaduras. La alianza táctica entre ambos -personificada justamente en Lijo- se refleja en indicios incómodos en estas horas aciagas: la Corte recibió la oficina de escuchas con 254 empleados, que el año pasado fueron 317 y este año llegarían a 641, con un presupuesto que saltará de 55 a 270 millones de pesos. Entre el nuevo personal, hay carretillas de familiares y amigos de jueces y fiscales federales. El plan de convenios con la AFIP, Migraciones y otros organismos, convertiría a la ex Ojota en una superpoderosa oficina de espionaje. Horacio Rosatti -adversario de Lorenzetti en la Corte- ofreció una solución: “si no podemos controlar las escuchas, que las tenga otro”. Un puñal en el corazón.

 
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