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SUPLEMENTO DE HISTORIA ARGENTINA PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 18 de abril de 2007

LA CORRUPCIÓN NO ES NUEVA

Por Jorge H. Sarmiento García 

1) La noticia:

1853. La escuadra de la Confederación Argentina bloquea el puerto de Buenos Aires, tras derrotar a las fuerzas navales bonaerenses en las cercanías de Martín , García.

LOS ANDES, del 18 de abril

 

2) El comentario:

      

Escribe Diego Abad de Santillán que frente a Martín García, en un combate entre la escuadra de la Confederación, al mando de John Halsead Coe, en cuyos buques se hallaban como capitanes los hermanos Cordero y Augusto Laserre, y cinco naves porteñas al mando del coronel Floriano Zurowsky, resultó derrotada la escuadrilla porteña, con la pérdida de dos barcos.

 

Esa victoria dio a las naves de la Confederación el dominio del Río de la Plata y las salidas de las tropas porteñas no daban ninguna decisión. En una de esas acciones, el 2 de junio, el coronel Mitre llegó a los potreros de Langdon, hoy avenida Montes de Oca, con dos batallones y tres escuadrones, y fue herido en la frente de un balazo que pudo ser mortal.

 

Agrega que, en esa situación crítica, se produjo un acontecimiento decisivo como resultado de una nueva táctica de los sitiados: la de la compra de jefes adversarios para que se pasasen a sus filas con los elementos a sus órdenes; se ofrecieron fuertes sumas de dinero a los jefes del sitio terrestre, pero con muy escasos resultados; en cambio el jefe de la escuadra confederal, John Halsead Coe, vendió sus barcos a los porteños por 5.000 onzas de oro y otras cantidades menores a los jefes extranjeros que le acompañaban; el 20 de junio Coe comunicó al gobierno sitiado que quedaba a sus órdenes. Así quedó en manos de Buenos Aires nuevamente la comunicación por agua.

 

Es verdad que, como manifiesta O`Donell, “La oferta de dinero fue creciendo a medida que el comandante de la flota urquicista se muestra renuente a acordar la entrega de las naves. Pero su rechazo nunca llega a la indignada expulsión del ofertante. Urquiza, impotente, es informado por sus agentes de las tratativas hasta que su hijo Diógenes, desde Montevideo, le informa en mayo acerca de una importante compra de onzas de oro por parte del gobierno porteño. Es que luego de un mes de tiras y aflojas finalmente se había llegado a un entendimiento, pero Coe no quiere saber nada con devaluados billetes impresos en la Casa de la Moneda y exige onzas de oro constantes y sonantes”.

 

En definitiva y como dice Ernesto Palacio, el almirante Coe fue convencido mediante la entrega de onzas de oro, recaudadas por don Juan B. Peña entre el alto comercio de Buenos Aires que sufría por el bloqueo.

 
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