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EL "PERONISMO RACIONAL" BUSCA UN CANDIDATO PARA DESPUÉS DEL MUNDIAL PDF Imprimir E-Mail
martes, 05 de diciembre de 2017

EL "PERONISMO RACIONAL" BUSCA UN CANDIDATO PARA DESPUÉS DEL MUNDIAL

Cuando las crisis se postergan sus protagonistas ganan unos días de alivio. Pero el problema suele fermentar bajo la tierra y aparecer siempre con más fuerza. Eso es lo que temen muchos dirigentes del peronismo.

FERNANDO GONZÁLEZ – DIARIO CLARÍN

 

Cuando las crisis se postergan sus protagonistas ganan unos días de alivio. Pero el problema suele fermentar bajo la tierra y aparecer siempre con más fuerza. Eso es lo que temen muchos dirigentes del peronismo. La desaparición del submarino San Juan y el conflicto que se le ha abierto al Gobierno por la muerte de un activista mapuche les han dado a los peronistas apenas la chance de retrasar su propio terremoto. De todos modos, tarde o temprano el debut de Cristina Kirchner en el Senado desde la semana próxima expondrá las vísceras de un movimiento que viene de ser derrotado sin contemplaciones en las elecciones del 22 de octubre.

 

El Gobernador se detiene para mirar el panorama y ensaya una radiografía del peronismo actual. “Somos un grupo grande de dirigentes y nos gusta llamarnos el peronismo racional…”, dice el mandatario de una provincia acostumbrada a los devaneos del peronismo. Y enseguida se ríe porque ya está acostumbrado a las bromas que le gastan a su grupo por el oxímoron fácil del “peronismo racional”. Sabe que si hay algo que ha caracterizado las siete décadas del movimiento ha sido mucho más el factor emocional que la racionalidad.

 

Pero los peronistas racionales se han bautizado así porque presumen de su paso por la gestión. Son varios de los gobernadores en ejercicio (Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey, Carlos Verna, Sergio Uñac o Domingo Peppo) y tres decenas de legisladores que se mueven en el Senado y en la Cámara de Diputados. Avanzan en la conformación de bloques en las dos cámaras y buscan identificarse políticamente con algo más que los recientes acuerdos de gobernabilidad con el Frente Cambiemos.

 

Porque el temor del peronismo racional es justamente ése. El de que quedarse para siempre con el sello de ser los peronistas que acuerdan con Mauricio Macri. Es lo que advirtieron algunos de los gremialistas que se oponen a la reforma laboral del oficialismo. Por eso es que, con un estilo que recuerda a las peores épocas de la Argentina, el kirchnerista Hugo Yasky propuso la semana pasada escrachar con nombre, apellido, foto y fecha de nacimiento a los peronistas que voten a favor de los cambios laborales que impulsa el Gobierno. El general César Milani, preso por delitos de lesa humanidad y por supuesto enriquecimiento ilícito, lo hubiera aplaudido si lo hubiera escuchado. El peronismo está en problemas.

 

Lo que está sucediendo entre los peronistas racionales son reuniones permanentes en pos de consolidar un espacio y para el que utilizan la utopía preferida del movimiento: la de la renovación. La que intentó Antonio Cafiero en 1985, tras la derrota frente a Raúl Alfonsín, y quedó sepultada bajo los escombros que dejaron Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner. En las últimas dos semanas, hubo contactos frecuentes entre Schiaretti y Urtubey para delinear la estrategia del 2018. Y hay cuatro puntos en los que se puede resumir el esqueleto político de los racionales.

 

  Armar bloques propios en el Senado y en Diputados. La consigna del momento es nada con Cristina ni con aquellos que se identifiquen con el kirchnerismo.

 

  Mantener el diálogo en forma permanente con Sergio Massa y con Florencio Randazzo, a quienes definen como “aliados estratégicos”.

 

 Seguir las conversaciones con el peronismo bonaerense, donde emerge la figura del intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, quien lidera algo parecido al post cristinismo en la Provincia. “Igual hay que ser prudentes con ellos porque hasta hace dos meses estaban todos juntos”, marcan el límite los peronistas racionales, que son muy racionales pero también tienen sus contradicciones.

 

 Y construir políticamente en ese espacio de equilibrio que imaginan para una oposición racional que marque los errores del Gobierno pero que no se compre las banderas de la oposición salvaje. “Esas banderas ya perdieron las elecciones y parece difícil que vayan a ganar otra”, explican los racionales.

 

En esa línea apuntan al 2019 y no se apuran por alumbrar un candidato a presidente que pueda enfrentar con mejores chances el casi seguro intento de reelección de Macri. El mejor posicionado sigue siendo Urtubey, a pesar de la derrota legislativa en Salta que lo dejó malherido. Los otros gobernadores que aceptan el escudo racional prefieren mirar ese más allá lejano e inhóspito que tiene horizonte en el 2023. Al menos es lo que dicen por ahora.

 

El desafío, como lo fue en este año electoral, sigue siendo enfrentar a Cristina. “Que ella haga lo que quiera; nosotros la vamos a ignorar”, explican los mismos peronistas que no fueron capaces de encontrarle un rival para las elecciones legislativas que fuera capaz de vencerla. Esa misión quedó en manos de tres dirigentes de Cambiemos. María Eugenia Vidal, Esteban Bullrich y la inesperada Gladys Gonzalez. En 2019, los peronistas ya no podrán ignorarla y no tendrán más camino que encontrar a un candidato alternativo a la figura desgastada de la ex presidenta.

 

“El primer semestre del año próximo es para construir; los nombres van a aparecer después del Mundial”, explican los peronistas dando un indicio de cuál va a ser la carrera de largada para la próxima elección presidencial. La final de Rusia 2018, que será con alegría si Lionel Messi consigue levantar esa copa que siempre se le negó. O que será con pesimismo si el fútbol le depara una nueva amargura al espíritu endeble del país adolescente.

 
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