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EN EL CONTROL DE TOMAS Y PROTESTAS, EL GRADUALISMO LLEGÓ A SU FIN PARA MAURICIO MACRI PDF Imprimir E-Mail
domingo, 03 de diciembre de 2017

EN EL CONTROL DE TOMAS Y PROTESTAS, EL GRADUALISMO LLEGÓ A SU FIN PARA MAURICIO MACRI

La intimidad de la Casa Rosada. El Presidente cree que “cumplir la ley es la base del cambio”. Alerta sobre la especulación opositora y el efecto en el exterior. Macri cree que cada vez que hay una posibilidad de abrir el país a los ojos del mundo aparecen grupos con intenciones de arruinarla.

SANTIAGO FIORITI – DIARIO CLARÍN

 

No hay Metrobus que valga. Los colectivos que circulan de norte a sur, con destino a Constitución, se topan súbitamente con el tránsito bloqueado y los choferes tienen que improvisar un recorrido: doblan por calles angostas para intentar retomar por Diagonal Sur, a la par de decenas de automovilistas nerviosos que avanzan, cuando avanzan, a paso de hormiga y motociclistas que se mueven haciendo zigzag entre paragolpes y bocinazos.

 

Carolina Stanley mastica un caramelo sugus y mira el paisaje urbano desde un amplio ventanal, piso 14 del ministerio de Desarrollo Social, donde varios de los líderes de las agrupaciones que ahora cortan las calles se sientan a discutir con ella asignaciones y planes sociales. Son las dos de la tarde del miércoles. Se escucha el bullicio, las bombas de estruendo y algún grito de “Macri/basura/vos sos la dictadura”, mientras miles de personas marchan con banderas y pancartas para protestar por la reforma laboral que impulsa el Gobierno. “Esto no puede durar por los siglos de los siglos”, piensa la ministra.

 

Mil setecientos kilómetros al sur la situación es bastante más delicada. Un grupo de mapuches mantiene tomado un predio, a 35 kilómetros del casco histórico de Bariloche, un lugar de difícil acceso y en el que ni siquiera las fuerzas de seguridad han podido determinar cuántas personas habitan porque se trata de un bosque frondoso dominado por cipreses y coihues, con varios accesos más allá de la ruta 40 y con sectores delimitados por tranqueras, telones oscuros y alambres de púa. El final es impredecible porque los mapuches prometen resistir y la Casa Rosada presiona a la Justicia y alinea a las fuerzas de seguridad -incluso asegurando que se trata de grupos armados- para cumplir la ley y desalojar el sitio.

 

Los episodios son muy distintos entre sí, pero para el Gobierno tienen un hilo conductor: son agitados por sectores que comparten una misma mirada sobre el accionar del Ejecutivo y la realidad. Aunque no es eso lo que más inquieta a Macri porque los considera sectores marginales y sin poder de fuego electoral. Lo que más le preocupa es que nadie dude sobre cómo actúa o debe actuar su administración. “Cumplir la ley es la base del cambio”, instó en una reunión reservada. No fue un comentario, fue una orden.

 

Está convencido de que es momento de aprovechar la ratificación del rumbo que dieron los argentinos hace poco más de un mes. Así como lograron negociar con los gobernadores para que firmaran el Pacto Fiscal y apoyaran la reforma jubilatoria, es el turno de que aplicar la ley para impedir protestas y liberar las tierras ocupadas. El Presidente ya le pidió en varias ocasiones a Horacio Rodríguez Larreta que no debe permitir que haya manifestaciones a toda hora en la Ciudad. Esa indicación quedó relegada por el efecto de las tomas en la Patagonia, pero nunca deja de sobrevolar sus pensamientos. Macri no quiere parches transitorios. Coincide con su estratega, Jaime Durán Barba. Antes de abandonar Buenos Aires para iniciar una gira por norteamérica, el ecuatoriano recomendó: “Cambiemos no se puede convertir en parchemos”.

 

La decisión de avanzar con firmeza sobre las tierras tomadas fue defendida enfáticamente esta semana por Patricia Bullrich, la ministra de Seguridad, a quien muchos ven como la persona más inflexible del Gobierno. No se ajustaría del todo a los hechos. El más intransigente es el conductor de Cambiemos. “Algunos lo terminaron de entender cuando Mauricio respaldó el trabajo de Patricia delante de todo el Gabinete”, contó uno de los ministros. Fue apenas tres días después de la represión en Villa Mascardi que derivó en la muerte de Rafael Nahuel.

 

“El Gobierno estaba dividido entre quienes pedían ir de a poco y quienes cree que si no es ahora, no será nunca. El Presidente se encargó de saldar esa discusión”, agregó el funcionario. A Macri le preocupa siempre cómo impactan estas cuestiones en el exterior. Y cree que cada vez que hay una posibilidad de abrir el país a los ojos del mundo aparecen grupos con intenciones de arruinarla. Un antecedente: en 2016, cuando se realizó el “MiniDavos” en Buenos Aires y el macrismo hablaba de un cambio de época, hubo decenas de manifestaciones en Buenos Aires, a metros de Puerto Madero, donde deliberaban 1.500 empresarios de todo el mundo. Ahora, el conflicto mapuche trasciende a pocos kilómetros de Bariloche, donde anoche paseaban los representantes de los ministerios de Hacienda y vicepresidentes de Banco Centrales de los países que integran el G-20 y días después de que Macri asumió la presidencia de cara a lo que será la cumbre de jefes de Estado y Gobierno de noviembre de 2018. En esa fecha, la Argentina recibirá a los líderes de las grandes potencias, como Estados Unidos, China, Rusia, Gran Bretaña, Francia y de emergentes como India, Brasil y México.

 

Los estrategas del oficialismo piensan que el reciente éxito electoral no ha amilanado a los sectores que podrían complotarse para arruinar sus planes. Al contrario: más de uno en la Casa Rosada sospecha que la urgencia por encontrar un horizonte político podría aglutinar a quienes hasta hace muy poco estaban enfrentados. Sigue de cerca los movimientos de un sector del peronismo con el kirchnerismo, gremios, CTA, e incluso con algunas facciones de la izquierda dura. “Los une el antimacrismo. Veremos hasta dónde avanzan”, asumen.

 

En ese combo siguen con lupa el rol de Hugo Moyano y sus influencias sobre la CGT. Jorge Triaca, el ministro de Trabajo, ya les transmitió el malestar del Presidente a Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña, los conductores cegetistas. “¿Hasta cuándo van a seguir dándole bola a Hugo? ¿Hasta cuándo los va a seguir manejando?”, preguntó.

 

Claro que el camionero tiene otros problemas. Entre ellos: la millonaria deuda de OCA, la situación de los barrabravas de Independiente (acaban de detener a su custodio), el frente judicial que podría abarcar a su propia familia y la escalada de su hijo Pablo, quien esta semana hasta recibió coqueteos de Cristina Kirchner vía Twitter. A Moyano se lo hicieron saber por distintas vías. “Cuidá a Pablo. Está muy complicado en la Justicia. Que se deje de hacer el loco”, le dijeron. Moyano suele decir que su hijo es incontrolable. Pero al Presidente esa excusa ya hace un tiempo que dejó de importarle.

 
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