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UN NUEVO ATAQUE A LA FAMILIA - por JORGE H. SARMIENTO GARCÍA PDF Imprimir E-Mail
martes, 17 de abril de 2007

1) La noticia:

 

Se modificaría a la brevedad la ley de divorcio. El proyecto, que aprobó la Cámara de Diputados y giró al Senado, prevé la modificación del art. 236 del Código Civil a fin de agilizar los divorcios. Sólo habrá una audiencia entre las partes y el juez ya no deberá intentar evitar el divorcio. Tampoco tendrá facultades para indagar las razones que movieron a los cónyuges a decidir romper el vínculo ni deberá probar que hay “causas graves” para dictar sentencia. En la  audiencia se podrá presentar un solo cónyuge, basta con que ambas partes presenten un escrito expresando el acuerdo.

NOTIVIDA, del 14 de abril.  

2) El comentario:

           

Constituida la familia por la unión del hombre y la mujer, o matrimonio (principio y fundamento de la sociedad familiar), a sea, naciendo la familia del matrimonio, los fines de aquélla presuponen los de éste y en gran parte se identifican con ellos.

 

Los fines de la familia constituyen bienes a lograr por y en ella, y se integran en lo que legítimamente podemos denominar bien común familiar, doméstico o económico (de “oíkos, casa): procreación, educación de los hijos y mutua ayuda para el perfeccionamiento personal de sus miembros. Estos bienes o fines son comunes, pues no hay un bien del marido, otro de la mujer, otro de los hijos, sino bienes de todos, tratándose de bienes de la familia “ut sic”, pero que al mismo tiempo son de sus integrantes. Y por cierto que el amor -matrimonial, parental, filial, fraternal, etc.- debe estar presente en aquellos fines, asumiéndolos.

 

Por otra parte, de estos fines familiares resultan las propiedades que la familia debe reunir para poderlos cumplir acabadamente: la unidad y la estabilidad.

 

La unidad nace del matrimonio monogámico, exigido por sus fines, por la paz doméstica y social, por la dignidad humana y la misma exclusividad afectiva, valores todos estos que faltan en la poligamia, la poliandria y el libertinaje sexual.

 

La estabilidad resulta de la fijeza y la continuidad de la unión matrimonial. Cuanto más estrecha es la amistad, tanto más firme y duradera ha de ser; hombre y mujer se juntan, no sólo en una carne –unión que hasta en las bestias determina cierta suave amistad–, sino también en los demás menesteres de la vida, y el amor mutuo será tanto más fiel cuanto más estables los lazos, y los cónyuges vivirán más solícitos del bien doméstico cuanto más duraderamente ligados se hallen a ese bien.

 

Pues bien, la familia monogámica y estable es una exigencia que no ha tenido su debida vigencia en ciertas épocas. Es más, sin matrimonio y sin familia puede haber reproducción e inclusive una cierta educación; mas estas supresiones no son las más viables para que el hombre alcance su perfección, su bien, su fin.

 

La familia monogámica y estable –que redunda en beneficio de la comunidad política, desde que apuntala su célula básica– requiere la concurrencia de diversos factores que coadyuvan a su efectiva vigencia, entre los que podemos mencionar la debida preparación para el matrimonio, el establecimiento de condiciones económicas que permitan la satisfacción adecuada de las necesidades domésticas, el cuidado de la moral pública, etc.

 

Ahora bien, ya se ha impuesto entre nosotros la consagración legal de la disolubilidad del matrimonio, pero con posterioridad y actualmente se atenta cada vez más contra su estabilidad, haciéndose cada vez más fácil el divorcio.

 

Alguien dijo alguna vez que en tanto el primer matrimonio es la experiencia, el segundo es la esperanza; si así fuere, no hagamos tan fáciles las cosas como lo hace la modificación de la que da cuenta la noticia en trato (la que inclusive no requeriría la intervención judicial, bastando para el divorcio la declaración de un funcionario administrativo), lo que vendría a impedir no sólo la experiencia, sino hasta (en su caso) la inicialmente confiada esperanza...

 
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