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SUPLEMENTO DE HISTORIA ARGENTINA PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 11 de abril de 2007

NAPOLEÓN, FERNANDO VII Y NUESTRA INDEPENDENCIA 

Por Jorge H. Sarmiento García 

1) La noticia:

1808. Napoleón Bonaparte ofrece la corona de España a su hermano José.

LOS ANDES, del 10 de abril
 

2) El comentario:

      

Escribe Vicente Massot que el acontecimiento que marcó a fuego la relación entre la metrópoli y sus colonias o reinos independientes de la corona de Castilla y que hizo de disparador de toda la revuelta hispanoamericana, sucedió dos años antes del estallido, en Buenos Aires, de lo que luego pasó a la historia como el principio de una revolución. El episodio tiene nombre: la farsa de Bayona. Hacia fines de 1807, mientras los ejércitos franceses iniciaban la ocupación del norte de la península ibérica, en la corte de Carlos IV se desenvolvió una oscura y por momentos escandalosa intriga cuyos protagonistas fueron el monarca; su mujer, la reina María Luisa; el favorito de ambos, Manuel Godoy y el príncipe heredero, Fernando. Comenzó en el Palacio de Aranjuez, donde la destitución de Godoy arrastró, al propio tiempo, la de Carlos IV, quien en presencia de toda su corte abdicó a favor de su hijo, al cual las gentes del común llamaban "El Deseado". Fernando VII asumió el trono en medio de la algarabía española y la desconfianza del emperador de los franceses. Napoleón, entonces, poco menos intimó al joven monarca, recién estrenado, que marchara a Bayona a entrevistarse con él. Por cuerda separada hizo conducir a la misma localidad a Carlos IV, a María Luisa y al inefable Godoy, donde unos se acusaron a otros, mostrando su peor perfil. Fernando, terminó reconociendo que la abdicación de su padre no había sido libre, devolviéndole las prerrogativas reales y éste renunció a la corona, que entregó a Napoleón, quien convocó al rey de Nápoles, su hermano José y allí en Bayona, el 7 de junio de 1808, lo hizo coronar rey de España e Indias por un congreso manifiestamente ilegítimo, hecho a su imagen y semejanza. Pero la península se levantó en armas contra los franceses. El 25 de septiembre de 1808, en Aranjuez, se constituyó una Junta Central cuyo cometido era gobernar el reino, como depositaria de la autoridad soberana mientras el monarca estuviese preso, la que debió trasladarse a Sevilla por el avance de las tropas francesas y, cansada de las acusaciones que le hacían sus enemigos, cedió su poca autoridad que le quedaba  a un efímero Consejo de Regencia establecido en Cádiz.

 

Debemos agregar que estos acontecimientos tuvieron entonces consecuencias inesperadas entre nosotros: especialmente los hijos de estas tierras, los criollos, a raíz de las invasiones inglesas habían podido constatar su capacidad de lucha y la ineficacia del gobierno, e intervinieron activamente en el período siguiente al destronamiento español por parte del emperador Napoleón, negándose el pueblo a obedecer a José Bonaparte, como hemos visto hermano de Napoleón, instalado por éste en el trono metropolitano.

 

Asimismo, que al prementado Fernando de Borbón (nacido en 1784 y muerto en 1833), las Cortes que habrían de reunirse en Cádiz a partir de 1810, lo declararon “único y legítimo rey de la nación española”, así como nula y sin efecto la cesión de la corona a favor de Napoleón. En 1814, acabada la guerra, Fernando VII regresó a España, instaurando un gobierno de carácter absolutista.

 

Y escribe Enrique Díaz Araujo, que Fernando era “un sujeto digno de estudios psiquiátricos, quien de haber sido ´el deseado`, cuando estaba preso en Valencia (donde se dedicaba a tejer calcetas), pasó a ser ´el  odiado`, tanto en la Península como en América. Si el adjetivo ´estúpido` le cabe a un gobernante, ése tal fue Fernando VII (Napoleón Bonaparte había descrito la familia real española, esto es, a la reina María Luisa, al rey Carlos IV, y al Príncipe de Asturias, Fernando, con estas palabras: ´la madre era adúltera, el padre consentido, el hijo traidor`). Y pues, fue ese mismo Fernando VII quien, el 30 de mayo de 1816, ordenó la expulsión del ministro argentino plenipotenciario Bernardino Rivadavia quien había ido a rendirle pleitesía. Datos anteriores y similares a éste, conocidos en el Río de la Plata, provocaron la Declaración del 9 de julio de 1816, de Tucumán”.

 
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