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RESPETUOSOS DE LA LIBERTAD,… PERO NO TANTO - II - por JORGE H. SARMIENTO GARCÍA PDF Imprimir E-Mail
lunes, 09 de abril de 2007
Agrega Bianchi que a una agresión en el corazón del territorio norteamericano, producida por mandato de una organización terrorista, no se ha respondido ni con los tribunales civiles, ni siquiera con los tribunales militares ordinarios; se ha respondido con inusual dureza (dureza imperial) creando un nuevo sistema, de dudosa constitucionalidad, como si hubiera habido un golpe de Estado.  

Agrega Bianchi que a una agresión en el corazón del territorio norteamericano, producida por mandato de una organización terrorista, no se ha respondido ni con los tribunales civiles, ni siquiera con los tribunales militares ordinarios; se ha respondido con inusual dureza (dureza imperial) creando un nuevo sistema, de dudosa constitucionalidad, como si hubiera habido un golpe de Estado. Toda la energía del imperio, otrora desplegada hacia fuera, se ha volcado ahora hacia adentro. Cualquiera puede ser un terrorista, no hace falta ser musulmán o extranjero. Una simple sospecha pone en funcionamiento la maquinaria de la ley marcial.

 

Frente a ello, la Corte federal añade Bianchi ha reaccionado con "tibieza", teniendo que caminar por el estrecho sendero que corre entre la protección del sistema tradicional ("rule of law") y la agresión a ese mismo sistema, corporizada en las ruinas humeantes del World Trade Center y los miles de muertos acumulados debajo de ellas. El Tribunal se enfrenta, ni más ni menos, con el dilema propio de la lucha contra el terrorismo, resumido en algo simple de decir y difícil de poner en práctica: cuánta libertad debe o puede ser sacrificada para combatirlo.

 

En cuanto a si tal "tibieza" tiene alguna explicación razonable, señala Bianchi que por lo pronto solamente los extranjeros están sometidos a las comisiones militares ajenas al Código de Justicia Militar, lo que si no alivia la crítica, demuestra al menos que la línea de separación tradicional entre lo doméstico y lo internacional no ha sido borrada por completo; no obstante ello, hay circunstancias que evidencian que la Corte está dispuesta a aprovechar el exceso ritual para no entrar en conflicto con el gobierno, siendo comprobable también que, ante el menor control por parte de la Corte, el Congreso está dispuesto a actuar con toda energía, sin parar mientes en el desafío que sufre la separación de poderes cuando lisa y llanamente se priva de jurisdicción a los tribunales civiles.

 

Si bien todavía nadie ha sido condenado a muerte ni hay que salvar la vida de nadie, le parece a Bianchi que ha sucedido algo grave: a cinco años de haber sido creadas, las comisiones militares y quienes se encargan del juzgamiento de estos detenidos, no han producido una sola condena o absolución, lo que no puede entenderse como parte del sistema dado que la justicia norteamericana en general no es morosa.

 

En síntesis, para Bianchi, ante el atentado del 11 de septiembre, el Congreso y el Presidente de los EEUU crearon un sistema de justicia militar paralelo a la justicia militar regular, con severas restricciones procedimentales en perjuicio de los detenidos y ausencia de control judicial, lo que parece nacido de un golpe de Estado.

 

Consigna asimismo Alberto Bianchi que no podía esperarse que la Corte federal declarara la inconstitucionalidad de la Orden Militar (por lo que, en nuestro concepto, anda volando muy cerca la doctrina de "las cuestiones políticas no justiciables"), pero sí, al menos, que levantara alguna voz de advertencia sobre esta dilación inusual en las cortes marciales, cuya virtud esencial es la rapidez.

 

Así las cosas, anexamos por nuestra parte que, en general, frente a una emergencia como lo fue el famoso atentado terrorista prementado:

 

a)   Se aplica la denominada "doctrina absoluta del estado de necesidad", según la cual "silent leges inter arma", frase como tantas otras acuñada por Cicerón para la historia y que recibiera de Edmund Burke en sus "Reflec­tions on the Revolution in France" el siguiente giro: "Las leyes se ven obligadas a mantenerse mudas en medio de las armas" (advirtiendo Faustino J. Legón que esta solución, limitada a la normación positiva, puede concebirse aceptable; pero en verdadera doctrina debe salvarse de todo agravio el derecho eminente, natural).

 

b)   Se procura expresa o implícitamente encauzar la actividad gubernativa sin liberarla del respeto a la Constitución, con una interpretación justa y razonable de ésta que permita hacer frente a las circunstancias, cuando el orden normativo no es directa, absurda y antinaturalmente restrictivo del poder de guerra y deja margen para aquélla. La hermenéutica referida debe llevar a que ciertas restricciones a los derechos que en la época de paz no aparecen como razonables, sí lo son en situaciones bélicas, por aplicación del poder de guerra que tiene el Estado para su preservación, salvaguardando el bien común a la vez que la supremacía constitucional y permitiendo transformar a la Ley Suprema en la genial frase del Presidente de la Corte norteamericana Hughes en una "Constitución combatiente".

 

Dejando por ahora sin respuesta el interrogante de cuál de estas doctrinas es la que está aplicándose o se aplicaría en la República del norte, nos parece que una vez más se advierte que en el país que según Francis Fukuyama es la única opción viable tanto en lo económico como en lo político, existe libertad, pero no tanto, no siendo correcta la afirmación de aquél en el sentido que la Historia como lucha de ideologías ha terminado, lo que significaría el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, satisfaciendo los hombres sus necesidades a través de la actividad económica,  sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas.

 
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