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UNA LAMENTABLE EXPERIENCIA Y UNA PREGUNTA FINAL - por JORGE H. SARMIENTO GARCÍA PDF Imprimir E-Mail
jueves, 29 de marzo de 2007

 El delito es desorden, violencia; y, cuando alcanza la magnitud que exhibe entre nosotros, lleva al predominio paralizante de la inseguridad.

 

El sábado 24 de marzo, fui secuestrado a mano armada durante aproximadamente dos horas por tres personas, las que me robaron mi vehículo y otras pertenencias.

 

Como sentí en carne propia lo que han experimentado millares de argentinos (aunque con más fortuna que muchísimos otros) necesito expresar unas breves reflexiones sobre la seguridad pública en nuestra muy querida y cambiada Provincia, seguridad ahora prácticamente ausente; y ello así, en momentos en que muchos de nuestros gobernantes y políticos se dedican con exclusividad o preferentemente a lograr obtener de algún modo un cargo, a veces nuevo, o proveniente de enroques o de otros manejos “políticos” (en el peor sentido de la expresión), alejados del peligro inminente al que todos estamos expuestos.

 

Hay que tomar conciencia de que sin orden y paz el Estado corre entre otros el riesgo de dejar de existir, desde que aquéllos tienen relieve ontológico.

 

El delito es desorden, violencia; y, cuando alcanza la magnitud que exhibe entre nosotros, lleva al predominio paralizante de la inseguridad.

 

De ahí que la policía resulte una de las primeras exigencias de la sociedad política. Mas… ¿tenemos una policía eficiente? Sin duda que la respuesta es no: faltan medios reales y personal idóneo, tanto física como intelectual y moralmente.

 

¿Tenemos un derecho penal y procesal penal apropiados? El “garantismo” está causando estragos en sus ámbitos.

 

¿Existe estabilización en la justicia? Está en conflicto casi permanente con el resto del gobierno, especialmente con el Poder Ejecutivo.

 

Y así, el Estado provincial no proscribe la violencia ni tiene el monopolio de la fuerza, con lo que evidentemente no hay orden, el cual como afirmara Maurice Hauriou es “lo que nos separa de la catástrofe”.

 

En razón de lo expuesto, ¿no es hora de que, como comunidad, nos decidamos a actuar de algún modo eficaz dentro de los justos límites para terminar con este estado de cosas que parece conducirnos irremediablemente a un desastre de proporciones, pese a la aparente bonanza económica?

 
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