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MUERTOS QUE DELINQUEN - por HÉCTOR GARCÍA LANCIERI PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 28 de marzo de 2007

El Dr. Alberto Montbrun es un destacado abogado mendocino dedicado al estudio del derecho público, especialista en políticas de prevención del delito. En nota publicada por diario Los Andes el día 15-02-07,  advierte los serios riegos que implica copiar con ligereza las políticas de contención de la inseguridad desarrolladas en otras partes del mundo.

 

El Dr. Alberto Montbrun es un destacado abogado mendocino dedicado al estudio del derecho público, especialista en políticas de prevención del delito. En nota publicada por diario Los Andes el día 15/02/2007,  advierte los serios riegos que implica copiar con ligereza las políticas de contención de la inseguridad desarrolladas en otras partes del mundo, particularmente las aplicadas en la ciudad de Nueva York por el alcalde Rudolf Giuliani y su primer jefe de policía, William Braton. Y resulta muy sensata la advertencia del Dr. Montbrun, porque imitar políticas sin debida meditación acerca de las características, límites y condiciones de la realidad a la cual se importan, trae  múltiples, y por lo general, devastadoras consecuencias. 

 

También nos advierte el Dr. Montbrun que nuestra realidad en materia de delito es compleja y multifacética, aconsejando alejarse de clishés demagógicos e intrascendentes y de comprensiones sesgadas, parciales, prejuiciosas o incompletas de la realidad. Nuevamente le asiste completa razón: Cualquier ciencia o arte –y criminología y política lo son– requiere de un espíritu abierto para aprehenderla y de un prolongado y arduo esfuerzo para dominarla.

 

Pero en medio de tan acertadas recomendaciones, ocurre aquello del refrán: “¡Médico, cúrate a ti mismo!”, porque el Dr. Montbrun dice:

 

“Otro dato interesante, aunque cueste admitirlo debido a cierta hipocresía en el debate del tema en la Argentina, es que la medida más efectiva contra la criminalidad en EEUU se tomó en 1973, cuando la Suprema Corte legalizó el aborto” y prueba la eficacia del aborto para combatir el delito, con la siguiente cita de dos criminólogos norteamericanos: “Levis y Dubner analizan en el libro “Freakonomics” el impacto positivo que significó el no nacimiento entre 1974 y 2000 de más de treinta y siete millones de personas que no eran deseadas y muchas de las cuales hubiesen encontrado serias dificultades en el acceso a los beneficios del bienestar y por tanto muy probablemente habrían incurrido en el delito”.

 

Si Ud., lector, cree que el delito siempre exige un autor material responsable de su comisión; que la autoría no puede suponerse o inventarse y muchos menos imputarse a 37.000.000 de inocentes personas por nacer, seguramente quedará perplejo ante la paradójica afirmación. En tal caso, Levis y Dubner le proponen salir del desconcierto recordando el impacto positivo resultante de que las personas no nazcan –particularmente los indeseados  y además Ud. puede agregar, en perfecta congruencia argumental con los autores del libro que bien podríamos traducir como “Monstruosidades económicas”, el impacto positivo de las personas ya muertas  especialmente si fueron pobres, consumistas, codiciosas o de cualquier modo insatisfechas, porque estando vivas e insatisfechas “... hubiesen encontrado serias dificultades en el acceso a los beneficios del bienestar y por lo tanto muy probablemente habrían incurrido en delito”. Conclusión: debe Ud. cuidarse de ser indeseado o andar por la vida insatisfecho, pues muy probablemente delinca.

 

Creo resulta más sano mentalmente retomar los primeros consejos del Dr. Montbrun y alejarnos de comprensiones disparatadas, sectarias, irrazonables o prejuiciosas. Volvamos, entonces,  a la realidad argentina y al debate del aborto, que en su opinión, “aunque cueste admitirlo debido a cierta hipocresía” se encuentra impedido. Personalmente considero que las supuestas dificultades en el debate no tienen por causa principal la hipocresía, sino –justamente el desconocimiento de realidad argentina y la imitación servil de políticas o doctrinas ajenas a dicha realidad.

 

Así, en la legislación y doctrina judicial de USA que se sugiere imitar, no se protege la vida del concebido sino transcurrido cierto tiempo y con muchas limitaciones; en cambio, en la legislación argentina, por obra fundamentalmente de Dalmacio Vélez Sársfield y Augusto Teixeira de Freitas, hace más de 130 años que el derecho reconoció a las personas su condición de tales desde la concepción en el seno materno, apartándose enteramente de la legislación comparada vigente en su época que establecía el comienzo de la existencia humana tras el parto y cuando que el hijo estuviese separado completamente de la madre. Ya referimos, en nota anterior titulada “Salto al rango” (Suplemento Electrónico Especial de “La Revista del Foro”, del 06/02/2007), la originalidad en la materia de los dos juristas iberoamericanos pues  actualizó el derecho natural y de gentes latino e implicó un enorme salto cualitativo que sobrepasó aún las codificaciones en las que Vélez Sársfield manifestara apoyarse. Además, por su sencillez, claridad y precisión asombrosa, la concepción de ambos juristas mantiene plena vigencia; es respetada e imitada por las nuevas codificaciones y se encuentra incorporada a contemporáneas constituciones y tratados internacionales.

 

Entonces, ante tan rica y propia realidad ¿Porqué seguir las necrofílicas resonancias de dos lunáticos escritores estadounidenses y no recibir y agrandar, incluso, el patrimonio heredado?

 
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