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OTRA VEZ SOBRE EL TERRORISMO DE ESTADO - Por Jorge Sarmiento García PDF Imprimir E-Mail
martes, 27 de febrero de 2007

1) La noticia:

Buenos Aires. En el pedido de extradición a España de Isabel Perón, el juez federal de Mendoza, Héctor Raúl Acosta acusa a la ex presidenta de haber amparado el embrión del terrorismo de Estado que sacudió luego a la Argentina en manos de los militares que usurparon el poder en marzo de 1976.

LOS ANDES, del 27 de febrero.

2) El comentario:

Hemos escrito antes que el terrorismo de Estado monopoliza los medios de comunicación, exige no sólo obediencia  sino a veces participación activa en las medidas policiales del Estado, y un aparato “de seguridad” y centros de detención (o campos de concentración) para castigar e incluso exterminar a los opositores y disidentes.

 

Los dirigentes potenciales de la oposición son aislados, encarcelados, exiliados o asesinados, a veces hasta en el extranjero, como fue el caso del asesinato en México de Trotski por agentes de Stalin.

 

Cierto es que los miembros de organismos de seguridad e información han utilizado -y utilizan- métodos ilegales tanto dentro como fuera del país de que se trate; mas lo que diferencia esos hechos ilegítimos del terrorismo de Estado, es la importancia de los episodios y la conformidad gubernativa.

 

Se ha señalado que el sistema acaba destrozando a menudo a los elementos de su propia cúpula, como sucedió con el líder nazi Ernst Röhm, jefe de la Sección de Asalto (SA), y el jefe de la policía secreta soviética Lavrenti Beria, ambos ejecutados por las mismas organizaciones que ellos crearon o dirigieron.

 

Ahora bien, el terrorismo de Estado, como se ha visto, no es solamente el anticomunista; y así, por ejemplo, Lenin -que repudiaba el terrorismo individual como una forma de “izquierdismo infantil”- lo aplicó para uso interno de Rusia y para la exportación.

 

Es más, todo terrorismo es un producto del relativismo moral, debiendo ponderarse especialmente en la génesis de los más modernos, la costumbre marxista de pensar con referencia a las clases y no a los individuos, no viendo por ende a las personas torturadas y asesinadas como seres humanos, sino como piezas de un ajedrez político, habiéndose expresado correctamente que los actores de estos crímenes organizados que insensibilizan y destrozan las conciencias, se deshumanizan tanto como las personas destruidas, convirtiéndose en almas muertas ...
 
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