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EL TERRORISMO - por Jorge H. Sarmiento García PDF Imprimir E-Mail
jueves, 08 de febrero de 2007

1) La noticia:

DEMORAS EN LA LUCHA CONTRA EL TERRORISMO.

Es imprescindible que la Argentina, sin más demora, sancione una ley que reprima el delito de terrorismo internacional y su financiamiento.

ADRIÁN VENTURA – LA NACIÓN. (Suplemento Electrónico de la Revista del Foro - del 7 de Febrero).
2) El comentario:

 

Se impone una breve consideración objetiva de este tema en su integridad, por lo sucedido no ha mucho en nuestro país, Chile, Uruguay, Cuba y ahora en España, sin marginar las “Torres Gemelas”, los sucesos del Medio Oriente, etc.

 

Hemos escrito antes de ahora que el terrorismo es el uso o amenaza de la violencia por grupos no gubernamentales o por unidades secretas o irregulares, con fines políticos, que se dirige contra víctimas individuales o grupos más amplios y cuyo alcance trasciende con frecuencia los límites nacionales. Más que la realización de fines militares, el objetivo de los terroristas es la propagación del pánico en la comunidad sobre la que se dirige la violencia. En consecuencia, la comunidad se ve coaccionada a actuar de acuerdo con los deseos de los terroristas. El terrorismo extremo busca a menudo la desestabilización de un Estado causando el mayor caos posible, para posibilitar así una transformación radical del orden existente.

 

Se considera también una forma del terrorismo el “terrorismo de Estado”, ejercido por un Estado contra sus propios súbditos o comunidades conquistadas. Implica el uso sistemático, por parte del gobierno de un Estado, de amenazas y represalias, considerado a menudo ilegal dentro incluso de su propia legislación, con el fin de imponer obediencia y una colaboración activa a la población. Las formas más desarrolladas de terrorismo de Estado para las que el término fue inventado, han sido los sistemas empleados en el siglo XX bajo el fascismo y el comunismo, extendiéndose la práctica de terror desde el poder bajo regímenes militares, o militarizados en el seno de democracias formales.

 

Es menester pronunciarse claramente contra los crímenes y los excesos que acompañan frecuentemente al terrorismo, provenga de donde provenga.

 

Se lee en el actual Catecismo de la Iglesia Católica: “Los secuestros y el tomar rehenes hacen que impere el terror y, mediante la amenaza, ejercen intolerables presiones sobre las víctimas. El terrorismo, que amenaza, hiere y mata sin discriminación es gravemente contrario a la justicia y a la caridad. La tortura, que usa de violencia física o moral, para arrancar confesiones, para castigar a los culpables, intimidar a los que se oponen, satisfacer el odio, es contraria al respeto de la persona y de la dignidad humana ... En tiempos pasados, se recurrió de modo ordinario a prácticas crueles por parte de autoridades legítimas para mantener la ley y el orden, con frecuencia sin protesta de los pastores de la Iglesia, que incluso adoptaron, en sus propios tribunales las prescripciones del derecho romano sobre la tortura. Junto a estos hechos lamentables, la Iglesia ha enseñado siempre el deber de clemencia y misericordia; prohibió a los clérigos derramar sangre. En tiempos recientes se ha hecho evidente que estas prácticas crueles no eran ni necesarias para el orden público ni conformes a los derechos legítimos de la persona humana. Al contrario, estas prácticas conducen a las peores degradaciones. Es preciso esforzarse por su abolición, y orar por las víctimas y sus verdugos”.
 
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