Inicio arrow Columnistas arrow SALTO AL RANGO - por Héctor García Lancieri
MENU
Inicio
Jurisprudencia
Nacionales
Internacionales
Columnistas
Destacado
Enlaces
Contacto


SALTO AL RANGO - por Héctor García Lancieri PDF Imprimir E-Mail
martes, 06 de febrero de 2007
A cualquier argentino le resulta muy difícil imaginarse al autor del código civil –vestido con levita, chaleco, pantalón y sombrero de copa negros–  saltando charcos, dando pinitos sólo entre baldosas blancas o, peor aún, jugando al rango.

A cualquier argentino le resulta muy difícil imaginarse al autor del código civil vestido con levita, chaleco, pantalón y sombrero de copa negros  saltando charcos, dando pinitos sólo entre baldosas blancas o, peor aún, jugando al rango. La dificultad aumenta si quien intenta imaginar es estudiante de derecho, abogado, juez o catedrático y en todos los casos el obstáculo no proviene de defectos en la fantasía, pues legistas y argentinos en general suelen tenerla bien frondosa. No; la causa es otra: tales juegos son propios de niños y sin bien el Dr. Dalmacio Vélez Sársfield lo fue y casi con seguridad jugó al rango, ocurre hoy que los chicos poco le juegan y sólo se visten con levita y galera para los actos patrios en las escuelas. Por tanto, resulta casi imposible a un argentino contemporáneo, cualquiera sea su oficio, imaginarse al redactor del código civil, de levita y jugando al rango.

 

Mas por extraña paradoja de la imaginación, el hecho ocurrió: En 1865, a las seis de una mañana fresca y primaveral, Vélez Sársfield redactaba el capítulo de las personas por nacer en su quinta del Once, Buenos Aires [1]; trabajaba abrigado con levita y chaleco;  cuentan los testigos que de improviso … dio un extraordinario brinco, pasando sobre la casi totalidad del encorvado derecho vigente en su época: saltó sobre el paradigmático Código Francés, Ruso, Holandés, Sardo, Napolitano, Bávaro, Romano, de Vaud, y, por último, sobre el más respetado por el propio Vélez Sársfield, el Código de Chile. Veamos cómo ocurrió tan extraordinario suceso.

 

Dalmacio Vélez Sársfield y Augusto Teixeira de Freitas, declararon que las personas existían y eran tales desde la concepción en el seno materno, apartándose enteramente de la legislación vigente en su época que establecía el comienzo de la existencia humana tras el parto y cuando que el hijo estuviese separado completamente de la madre; algunos, más rigurosos, exigían la viabilidad del bebé. Es verdad  que estas legislaciones, mediante una imaginativa ficción consistente en darlo por nacido, reconocían al niño ciertos derechos mientras estuviesen en el vientre materno; también es cierto que el reconocimiento de estos derechos provenía de antigua y noble cuna pues la autora de la creativa y protectora ficción fue Roma, la madre del derecho.

 

Pero ambos juristas brincaron más allá de la ficción y asentados en lo más propio del genio latino para el derecho, establecieron que “desde la concepción en el seno materno comienza la existencia de las personas” [2]. Afirmar la existencia de una persona desde la concepción en el seno materno significa que ella es titular de derechos y por tanto sujeto del más importante de todos y que a todos, soporte otorga: el derecho a la vida. Sin él, por ejemplo, no puede jugarse al rango.

 

Pero además la definición hizo puerta ancha a los derechos de la persona por nacer y de un modo tan expansivo, que tras el único derecho de adquirir bienes por herencia o donación, vino el de ganarlos por legado o cargo impuesto a tercero; también, las acciones de estado; reclamar alimentos a los parientes; accionar contra terceros por los daños que sufriere el propio nasciturus o sus padres; acceder a las pensiones y beneficios sociales que en caso de muerte del progenitor corresponden a los hijos; seguros, etc.

 

La originalidad en la materia de los dos juristas iberoamericanos actualizó el derecho natural y de gentes latino con su posterior y notable influencia griega y cristiana; implicó un enorme salto cualitativo que sobrepasó aún las codificaciones en las que Vélez Sársfield manifestara apoyarse [3]; y por su sencillez, claridad y precisión asombrosa, mantiene plena vigencia; es respetada e imitada por las nuevas codificaciones y se encuentra incorporada a contemporáneas constituciones y tratados internacionales [4].

 

Dicen los fundamentos del Anteproyecto de Unificación de los códigos civil y comercial argentino de 1998: “…la noción de persona proviene de la naturaleza; es persona todo ser humano, por el solo hecho de serlo; y la definición de la persona a partir de su capacidad de derecho confunde al sujeto con uno de sus atributos, amén de que da la falsa idea de que la personalidad del sujeto es concedida por el ordenamiento jurídico. La idea del Proyecto es por el contrario que la persona es un concepto anterior a la ley; el Derecho se hace para la persona que constituye su centro y su fin. Es la noción de persona que alberga la Constitución Nacional desde su misma sanción en 1853, la que proviene de sus fuentes desde la asamblea de 1813, y la que fue ratificada con el reconocimiento de la jerarquía constitucional de las convenciones y tratados de derechos humanos en el texto que rige a partir de la reforma de 1994.” Luego agrega: “Al tratar del comienzo de la existencia de las personas se dispone que ello se produce con la concepción; se elimina la expresión en el seno materno para que queden comprendidas las concepciones extrauterinas. El texto se adecua entonces no sólo a la realidad científica vigente, sino también a la Convención Interamericana de Derechos Humanos”.

 

Vélez Sársfield se anticipó así, en más de 100 años, a la Convención Interamericana de Derechos Humanos y con celo deberíamos guardar este aporte del derecho iberoamericano a la legislación internacional, al menos fuese en consideración al  extraordinario salto que para ello dieran Dalmacio Vélez Sársfield y Augusto Teixeira de Freitas; salto que además de su carácter de extraordinario, permitió a innumerables niños por nacer, entre otras cosas, … nacer,  y por tanto brincar, hacer pinitos y jugar al rango con entera alegría y libertad.

 

 


[1] El 20-10-1864 el Presidente Mitre dictó el decreto designado a Vélez Sársfield  redactor del proyecto de código civil y el 21-07-1865 éste presentó el primer libro. Adquirió una quinta en Once, Buenos Aires, donde trabajó en la redacción del código.

[2]  Art. 70 del código civil argentino.

[3] La nota al art. 63 enumera como tales los códigos de: Austria, Art. 22: “Los hijos que aún no han nacido, tienen derecho a la protección de las leyes, desde el momento de su concepción. Son considerados como nacidos, toda vez que se trate de sus derechos y no de un tercero”; Prusia, 1ª parte, Tít. 1, Art. 10 y Cód. de Luisiana, Art. 29.

[4] Código Civil del Perú de 1984 (art. 1º ), Anteproyecto de Unificación de los códigos civil y comercial argentino de 1998; Constitución de Méjico (art. …), Nicaragua (art. …) e Irlanda (art. …); Convención Interamericana  de Derechos Humanos (art. 4º, inc. 1).

 
< Anterior   Siguiente >
design by 5medien
© 2018
Joomla! es Software Libre distribuido bajo licencia GNU/GPL.