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SOBRE EL "GARANTISMO" - por Jorge Sarmiento García PDF Imprimir E-Mail
jueves, 23 de noviembre de 2006

     Uno de los mayores problemas que hoy debemos enfrentar es sin duda el de la falta de seguridad pública, fuertemente vinculada al denominado “garantismo” en algunos de sus aspectos, como el que enseña el principio "pro reo”, que sería básico y fundamental de la ciencia del derecho penal, el cual por ejemplo le ordena al juez que cualquier ley que perjudique al delincuente debe examinarse cuidadosamente para determinar si se puede no aplicarla por algún motivo.

El fundamento último de esta corriente de opinión - difundida actualmente en nuestros foros y universidades- es el siguiente: el poder corrompe, y la sociedad política al ejercer el poder se corrompe y corrompe a sus miembros. Siendo el hombre bueno por naturaleza, la sociedad lo pervierte, haciéndose necesario: a) por una parte, liberar a esa naturaleza buena de las estructuras sociales y políticas que la oprimen y, b) por otra, si el ser humano corrupto llega a convertirse en delincuente, es evidentemente injusto que la sociedad -que ha obligado al individuo a convertirse en trasgresor, no le ha brindado oportunidades para desarrollarse y le ha reprimido con sus imposiciones- luego lo sancione o encarcele cuando comete un delito. En otras palabras, el delincuente es una víctima de la sociedad, y si ésta no ha progresado lo suficiente todavía como para abolir las cárceles, al menos debe aplicar la pena más baja posible, luego de mantenerlo excarcelado hasta el momento del juicio.

 

Al margen de que salta a la vista el pesimismo acerca de la influencia de la comunidad en el individuo y la negación de la libertad como núcleo de la persona, el “garantismo” parte de un error de raíz que trataremos brevemente de explicar, partiendo de la base de que es correcto que, detrás de cada problema político fundamental, se halla un problema teológico.

 

El "garantismo" evidentemente rechaza el dogma del pecado original o doctrina de la caída, el que pertenece a la esencia del cristianismo; y, para algunas iglesias cristianas, el hombre no es bueno, la naturaleza humana está profundamente depravada, de donde deducen que el Estado, por ejemplo, es una consecuencia de la naturaleza profundamente mala del hombre, requiriéndose por tanto un poder ilimitado para el establecimiento y la conservación del orden.

 

En la posición que valoramos correcta, la doctrina católica, en cambio, enseña que la naturaleza del hombre no es mala aunque, como consecuencia de la Caída (que sería la pretensión del hombre de ser como Dios, de determinar "per se" lo que es bueno y lo que es malo, al margen o en contra de las leyes de Dios, y cuyas consecuencias están a la vista: el hombre se sirve del "árbol de la vida" y se convierte a sí mismo en dueño de la vida y de la muerte), él está "inclinado al mal", lo que coincide con la experiencia: cuando nos examinamos con sinceridad, comprobamos nuestra inclinación al mal, y toda nuestra vida -individual y colectiva- se presenta como lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal.

 

Por eso, y sin embargo, la vida en comunidad, en la familia, en el Estado y en el orden económico y social no es una consecuencia de la interna maldad del hombre, sino de su naturaleza social; únicamente el deber de conciencia de respetar el derecho puesto por los hombres -es decir, el derecho positivo, humano- y el derecho de la autoridad a la coacción física, son las dos cosas que se fundamentan en la inclinación del hombre hacia el mal.

 

Ahora bien, no se piense que nos oponemos en modo alguno a la implementación de un sistema de mayor respeto a las garantías de los individuos, aunque no pocos jueces -influidos por el "garantismo"- se exceden en la aplicación de las mismas, olvidando entre otras cosas el "derecho de las víctimas". Y por cierto que estamos en contra de cualquier tipo de arbitrariedad, sea policial, judicial o carcelaria.

 

¿Cuál debe ser entonces la actitud a adoptar? Se ha consignado reiteradamente que habría que mejorar muchas cosas: la satisfacción de las necesidades humanas básicas, lo que hace que se ponga  a las personas en dificultades para cumplir sus normas de convivencia, realidad que no puede soslayarse; el sistema carcelario colapsado, que le hace difícil a cualquier autoridad competente enviar ahí a una persona que tal vez podría asegurarse o sancionarse de otra forma.

 

Mas no debe marginarse la verdad de que son legión los que libremente eligen el delito incluso como forma de vida, con conciencia de las  consecuencias de su determinación.

 

Sobre tal base, pensamos en definitiva que el "garantismo", en nuestro entender y en sus aspectos reprobables, intenta imponer un sistema que termina desprestigiándose ante la comunidad, perdiendo por ende legitimidad. Y como el accionar policial y judicial (que siempre debe ser justo y razonable) es la respuesta que el Estado brinda al individuo ante los abusos de los otros y del propio Estado, cuando esa actividad no tiene legitimidad, no concretando una respuesta satisfactoria a la expectativa de los habitantes que éstos puedan entender, la sumisión de las personas hacia el Estado disminuye, causando inseguridad y, lógicamente, más delincuencia.
 
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