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LOS QUE GOBIERNAN EN BASE A LAS ENCUESTAS - por Jorge Sarmiento García PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 22 de noviembre de 2006

     Hoy son muchos los gobernantes que ejercen el poder en base a las encuestas, en el más crudo pragmatismo, muchas veces en alianza con el ideologismo. Aborto, eutanasia, "salud reproductiva", etc., todo es resuelto conforme a "los sondeos de opinión".

Tal actitud como venimos trasmitiendo desde hace muchos años tiene sus raíces más profundas en el empirismo (o nominalismo), el que a diferencia del idealismo, que hemos considerado en nota anterior únicamente ve a su alrededor la multiplicidad efectiva y cambiante de los seres y de las cosas. Entiende que sólo es real lo singular fluyente, rechazando como realmente fundadas las distinciones más o menos generales de nuestra inteligencia, que afirma fragmentan y fijan lo que de sí es continuo y fluyente. Las abstracciones, conocidas como "universales", carecen de una realidad esencial o sustantiva, pues tan sólo los objetos individuales tienen una existencia real.

 

En consecuencia y por ejemplo, no hay HOMBRE, sino hombres distintos y particulares. Es que las ideas, para el empirismo, son meros signos, nombres, que pueden ser propicios para clasificaciones útiles: toda unidad tendiente más o menos a la universalidad, todo género, toda especie, todo tipo, toda ley reputada fundamental, son para el empirismo construcciones arbitrarias de nuestro espíritu, cómodas quizás, indispensables si se quiere para la dirección de nuestra vida, pero sin ninguna realidad.

 

El concepto de “naturaleza humana”, por ej., es irreal; por lo tanto, no existen para el empirismo instituciones sociales (propiedad, matrimonio estable entre un hombre y una mujer) ni doctrinas políticas que correspondan a ella.

 

Y destacamos la aproximación entre el empirismo y el idealismo: como el idealismo considera las ideas como la forma suprema de lo real y el universo sensible como ilusión de los sentidos, se inclinará normalmente a las planificaciones fundadas en el carácter absoluto (desencarnado) de sus abstracciones; y el empirismo aceptará sin dificultad aquellas planificaciones (v. gr., la democracia y el capitalismo individualistas y liberales), porque sólo verá en ellas inventos y creaciones de esta inteligencia humana de la que proclama primero que nadie que es esencialmente pragmática e indispensable para organizar nuestra vida, sin que a pesar de ello sea necesario que tales concepciones sean expresión de alguna verdad cualquiera.

 

El idealismo, con su concepción de que las ideas puras son la expresión de la realidad, cae en una visión helada de un mundo planificado de realidades abstractas, sin peso ni medida humana, calor ni vida, sin captar la maravillosa y tan fecunda diversidad de los seres y de las cosas, su transformación, su crecimiento o su ruina.

 

En cambio para el empirismo y en vena de concepciones sociales o políticas nada se impone universalmente, por lo que no fija ni puede lógicamente fijar ninguna barrera, ni imponer ninguna regla a la ingeniosidad, al capricho, ni siquiera a la locura de los hombres.

 

¿Se comprende, entonces, que afirmemos que muchos pragmáticos nos gobiernan en base a las encuestas?

 

Y destacamos que la respuesta correcta a estos problemas la da el "realismo", para el cual hay una conjunción de lo inteligible con lo sensible: la inteligencia capta, en los datos trasmitidos por los sentidos, la esencia de las cosas. Si consideramos solamente las evidencias sensibles (como lo hace el empirismo), escamoteamos una parte de la realidad, como es escamotear la otra mitad pretender  (como el idealismo) que la variedad cambiante de los seres y las cosas es una ilusión o carece de interés.

 

La verdad es que los sentidos perciben un mundo cambiante y multiforme (imagen), y la inteligencia descubre, bajo ese movimiento constante, el ser, la permanencia de lo que se mueve y transforma (idea). Y el realismo hace comprender que en la organización humana hay algo que se impone universalmente y algo que puede variar según el tiempo, el lugar o las personas.

Como hemos señalado reiteradamente, con Carlos Ignacio Massini, la  actitud del realista es, evidentemente, la más difícil y exigente:

- firme en los principios y flexible en las aplicaciones,

- ni revolucionaria a ultranza, ni conservadora a macha-martillo,

- atenta a las circunstancias, a lo variable contingente, pero con algo universal que realizar en ello.

Esta postura exige dejar de lado toda cómoda simplificación y todo esquema de validez absoluta y  conocer acabadamente las circunstancias concretas, los principios primeros del orden político y el método adecuado para encarnar éstos en aquéllas; posición ardua y trabajosa, pero sin duda la única capaz de sanar en alguna medida a esta sociedad política en la que convivimos.

 
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