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MATRIMONIO COMPLEMENTARIO - por Jorge Sarmiento García PDF Imprimir E-Mail
martes, 21 de noviembre de 2006

1) La noticia:

 De aprobarse un proyecto de modificación del Código Civil, los esposos tendrán el deber de compartir las responsabilidades domésticas y la atención de los hijos.

La Nación. Com, del 20 de noviembre.

2) El comentario:

            

Desde hace muchos años venimos enseñando respecto de la situación de la mujer en el mundo actual, consecuencia de la denominada “emancipación femenina”, que es positiva en tanto en cuanto no contraríe los principios del orden natural, los cuales -extraídos del análisis de la naturaleza humana, de sus potencias y tendencias- destacan que hombre y mujer tienen distintas y específicas disposiciones y funciones. Sin perjuicio, por tanto, de la igualdad esencial entre los miembros de los distintos sexos, deben respetarse las desigualdades accidentales y armonizarse aquellas distintas disposiciones y funciones. Los que pretenden la absoluta equiparación entre hombre y mujer, parten del error de medir a la mujer a través del varón, cuando –por sus especiales disposiciones y funciones- ni el hombre puede ser medida de la mujer, ni la mujer del hombre; además, por cierto que es repudiable la idea (con raigambre dialéctico-marxista) de enfrentar a los sexos en abierta pugna. Y esto nos lleva a apuntar dos consecuencias sobre la mujer en el orden matrimonial y familiar:

a)   El puesto primero y más importante de la actividad social de la mujer es la familia, siendo necesario salvaguardar su presencia y su solicitud en el hogar doméstico, asegurándose el cuidado de la madre en el hogar, que necesitan principalmente los niños menores, sin dejar por eso a un lado la legítima promoción social de la mujer.

b)   En condiciones normales, la autoridad en la familia debe ser ejercida de consuno por los padres, en un clima de benévola comunicación, unión de propósitos y cuidadosa cooperación, pero en última instancia y en principio la jefatura del hogar corresponde al hombre, lo que no se opone a la plena capacidad civil de la mujer y la igualdad de derechos entre los cónyuges, compatibles con la necesidad de que medie en la institución familiar unidad de dirección y decisión  para su mantenimiento como célula social, no tratándose, entonces, del marido como “señor de la mujer”, pero sí como “cabeza de la familia”.

Debe, en consecuencia, respetarse la diferencia de status y de rol, proveniente de la diferencia-complemento entre varón y mujer; la emancipación de ésta, en el seno del matrimonio y la familia, debe fundamentalmente traducirse en una mayor naturalidad, espontaneidad, sinceridad, capacidad de amistad con el hombre y, a veces, por parte de ambos en un mayor espíritu de trabajo y sacrificio ante los mil inconvenientes y urgencias de la vida moderna.

En definitiva: no al igualitarismo que en lugar de elevar a la mujer la priva de su grandeza pues, al masculinizarla, la arrastra, rebajándola hasta el ámbito      de lo banal; y no a la falsa ideología de la diferencia que “posibilitó -en palabras del entonces Cardenal Joseph Ratzinger- que se considerase a las mujeres como seres inferiores, dedicadas únicamente a cocinar y limpiar, mientras que los señores de la creación hablaban y guerreaban y se sentían una casta dedicada a lo más elevado. Por eso las mujeres fueron consideradas solamente carnales, negadas para lo espiritual, para lo creativo y qué sé yo qué cosas más”. 

Hay que “percibir –agregaba el hoy Papa Benedicto XVI– el carácter único de la creación divina, que, a pesar de sus diferencias, es unitaria y complementaria”; y lo importante es que esto se profundice en su conocimiento y se viva en la realidad, sin intromisiones estatales reglamentaristas que cada vez más pretenden imponernos “el despotismo de la libertad”, en la llamada “omniestatalización”, en la que el Estado -como ya hemos dicho- centraliza toda la administración, absorbe todas las funciones sociales, atiende a todas las necesidades, dirige toda la economía, ordena la cultura en su plenitud y crea todo el derecho …
 
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