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"EL CORAJE DE SER CATÓLICO" - por Jorge Sarmiento García PDF Imprimir E-Mail
lunes, 20 de noviembre de 2006

1) La noticia:

 “Se reafirmó el valor de la opción por el celibato sacerdotal, según la tradición católica, y se confirmó la exigencia de una sólida formación humana y cristiana, tanto para los seminaristas como para los sacerdotes ya ordenados”.

Ciudad del Vaticano, 17 Nov. 06 (AICA)

 

2) El comentario:

           

George Weigel, autor de la biografía oficial de Juan Pablo II «Testigo de Esperanza», publicó luego «El coraje de ser católico»; y en una entrevista sobre las causas de la grave crisis de la Iglesia en Estados Unidos, manifestó, entre otras cosas, lo que resumimos como sigue:

 

Eligió como título de su libro «El coraje de ser católico», porque esa es la forma en que siempre tiene lugar la genuina reforma dentro de la Iglesia a través de hombres y mujeres de convicción y coraje, capaces de hacer frente a la cultura dominante, de ser genuinos e íntegros, felices de ser católicos.

 

El «catolicismo light» nunca ha reformado la Iglesia. La reforma siempre implica una apropiación más profunda y más cuidadosa de las verdades que Cristo confió a la Iglesia, las verdades que son, si se quiere, su «Constitución».

 

Eso requiere coraje, mas al mismo tiempo es algo consolador. Una de las cosas que necesitan los católicos es recuperar el sentido de la gran aventura que significa la ortodoxia. La ortodoxia cristiana es la propuesta más excitante que se ofrece en el mundo de hoy, la que no se conforma con ser «católico light».

 

Desde hace cerca de cuarenta años, una cultura de disensión echó raíces en la Iglesia, entendiendo por «cultura de disensión» no simplemente a los hombres y mujeres que se encuentran confundidos, o el hecho de que la Iglesia (norteamericana, al menos) debería expresar sus enseñanzas de una manera más clara, sino a los hombres y mujeres incluyendo sacerdotes, religiosos y religiosas, obispos, teólogos, catequistas, burócratas eclesiales, y activistas que han creído que lo que la Iglesia proponía como verdadero era falso para el día de hoy.

 

Mas si realmente se piensa y cree que la más alta autoridad de la Iglesia enseña falsedades y está conduciendo a la Iglesia hacia el error, no se está en plena comunión con la Iglesia. Y esto tiene consecuencias en todo, incluso en el comportamiento.

 

Ahora bien, la «cultura de la disensión» no lo explica todo en la crisis católica, en cuyo fondo está la crisis de ser cristianos. Los sacerdotes abusadores y los obispos tímidos y débiles son, primera y principalmente, discípulos cristianos inadecuadamente convertidos. Es por esto que la crisis pide a todos en la Iglesia que vivan sus vidas como cristianos de una manera más radical.

 

Como bien se ha afirmado, la primera respuesta a una crisis de infidelidad es la fidelidad.

 

No podemos concluir esta breve nota sobre un tema que exige mucho más, sin consignar lo que ha escrito Juan Manuel de Prada:

 

A nadie se le escapa que los medios de adoctrinamiento de masas no informan tanto de la realidad como de sus aberraciones. Así, no se divulgan los miles de sentencias y dictámenes judiciales que dirimen con arreglo a derecho los litigios, sino tan sólo aquellas resoluciones que obscenamente pisotean los fundamentos de la justicia. Al encumbrar la anécdota al rango de categoría, se transmite al destinatario de la noticia una irresponsable desconfianza en el funcionamiento de los tribunales.

 

Algo similar (pero agravado por un anticlericalismo exacerbado) ocurre con el celibato de los sacerdotes: se nos informa con regodeo en los detalles escabrosos sobre los pocos que lo infringen, jamás sobre los muchos que lo acatan. Y entre aquellos pocos que lo incumplen se elige estratégicamente a quienes, con su infracción, irrumpen en el ámbito de los delitos más sórdidos, o bien a los que acompañan esa infracción de ribetes que regocijan a la plebe y estimulan el morbo (el cura que se amanceba con la monja, etc.). Se trata, en definitiva, de oscurecer la realidad mediante la hipertrofia de la excepción. O, si se prefiere, de emporcar una fe religiosa mediante la exhibición poco ejemplar de aquellos ministros cuya conducta contraría los mandamientos de esa fe.

 

En conclusión, ¡tengamos en todo el coraje de ser católicos, incluso para responder con esperanza a nuestras personales infidelidades con una renovada fidelidad!

 
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