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"ES IMPRESCINDIBLE ESTABLECER EL DESPOTISMO DE LA LIBERTAD" - Por Jorge Sarmiento García PDF Imprimir E-Mail
viernes, 17 de noviembre de 2006
      La frase que encabeza esta nota pertenece a Marat; y pronunciada en plena Revolución francesa, tiene vigencia en estos tiempos tan "idiologizados".  

La frase que encabeza esta nota pertenece a Marat; y pronunciada en plena Revolución francesa, tiene vigencia en estos tiempos tan "idiologizados".

 

Nos permitimos recordar que para el idealismo, lo que las ideas designan no sólo es real, sino más real incluso que aquella forma (sensible) de una realidad singular, contingente, mudable, siempre en trance de hacerse y deshacerse, tan fugaz e inaprensible como una corriente de agua entre los dedos. El idealismo niega las realidades del mundo sensible y material, deprecia el mundo de lo concreto, de lo múltiple, de lo diverso; por ligarse exclusivamente a lo general y a lo universal, desconoce el detalle de las cosas, el orden de los casos particulares, de las eventuales excepciones. La inteligencia no tiene por función contemplar el ser ni representarlo, le corresponde construir el objeto e inventarlo.

 

Recordemos, por ejemplo, el sistema de Kant, para quien el mundo sería un gran sueño sobre el cual el pensamiento humano aplicaría sus formas; por consiguiente, ya no es en las cosas donde hay que buscar la verdad: ella está en nosotros mismos, contenida en las leyes de nuestra inteligencia, siendo la delicada flor de su perfecto funcionamiento. Pero el riesgo es un pensamiento de acuerdo consigo mismo, mas en desacuerdo con el mundo.

 

Saturado de abstracciones, el idealista sigue su idea sin interesarse de lo que le rodea; siempre en busca de algún sistema ideal, es planificador por esencia. El idealismo pretende que es la inteligencia la que constituye el ser, así por ejemplo desde el matrimonio homosexual hasta la sociedad política.

Por eso, triunfa la opinión sobre la verdad: “Como el ser ya no cuenta –escribe Gelonch Villariño no hay una realidad independiente de la idea que hay en mi entendimiento, no puede haber ciencia del ser o metafísica, y sólo queda el entendimiento con sus ideas, sin que la verdad de éstas pueda ser medida, y tampoco hay verdad absoluta. Lo que habrá serán opiniones relativas, individuales, no opiniones más verdaderas que otras, superiores a otras. A la unidad de la verdad se la reemplaza con la pluralidad de las opiniones; e incluso se puede pensar que una cosa es así hoy, y mañana pensar de otro modo … Las cosas no son como son; son como a nosotros nos parece, como las pensamos; y tenemos derecho a pensarlas de esta manera, como nuestro vecino de la suya”. Y como claramente surge de lo que antecede, paradojalmente se pasa de la opinión al dogma.

El idealismo es despersonalización, desencarnación, desenraizamiento de los hombres y mujeres auténticos, y hasta terror para los recalcitrantes y la guillotina, los asesinatos en masa, los campos de concentración, etc., para los que se niegan a doblegarse de buen grado al idealismo planificador (¿Irak?).

 

Decía Carrier, verdugo de Nantes: “Convertiremos a Francia en un cementerio antes de dejar de regenerarla a nuestro modo”, es decir, perezca la nación y mueran los hombres antes que nuestros principios, o sea, antes que aceptar el fracaso del plan abstracto, del “ideal” que habíamos concebido.

 

Se comprenderá ahora, entonces, que se haya podido afirmar que “Es imprescindible establecer el despotismo de la libertad”, en otras palabras, del libertinaje, siempre, claro está, que el mismo no afecte al "sistema" ...

 

Como ha escrito Pablo Cabellos Llorente, "el libertinaje es una enfermedad de la libertad. La busca el que vive una libertad de la libertad, sin fin alguno; y lo promueve con frecuencia el tirano más o menos sutilmente que fabrica ciudadanos sin voluntad, sin fuerza, dormidos de ideales o borrachos de experiencias destructoras. Hay leyes que, lejos de la recta razón, otorgan aparentes libertades; sólo aparentes porque no perfeccionan al hombre, sino que lo duermen, lo llenan de placeres corrosivos o vacíos. Y mientras tanto, las libertades reales, las que incitan a la búsqueda del bien, las creadoras de ciudadanos originales y con iniciativa, las que dignifican una sociedad, quizás son casi nominales, son ahogadas más o menos descarada o impositivamente".

 
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