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SER, DEBER SER Y ABORTO - POR JORGE H. SARMIENTO GARCÍA PDF Imprimir E-Mail
martes, 17 de enero de 2012

1) La noticia:

El Congreso sacó dictamen para despenalizar el aborto


 

1) La noticia:

El Congreso sacó dictamen para despenalizar el aborto

Se legalizaría la interrupción del embarazo hasta la semana 12. Lo hizo la comisión de Legislación Penal

de Diputados. Aún queda que otras dos comisiones se expidan. Ausencia del kirchnerismo.

Diario Los Andes on line, del 2 de diciembre.

2) El comentario:

Ha escrito S. S. Benedicto XVI que “La idea del derecho natural se considera hoy una doctrina católica más bien singular, sobre la que no vale la pena discutir fuera del ámbito católico, de modo que casi nos avergüenza hasta la sola mención del término. Quisiera indicar brevemente cómo se llegó a esta situación. Es fundamental, sobre todo, la tesis según la cual entre ser y deber ser existe un abismo infranqueable. Del ser no se podría derivar un deber, porque se trataría de dos ámbitos absolutamente distintos. La base de dicha opinión es la concepción positivista de naturaleza adoptada hoy casi generalmente. Si se considera la naturaleza –con palabras de Hans Kelsen– ´un conjunto de datos objetivos, unidos los unos a los otros como causas y efectos`, entonces no se puede derivar de ella realmente ninguna indicación que tenga de algún modo carácter ético”

 

Ciertamente, según Hans Kelsen las leyes de la naturaleza y las normas jurídicas tienen una estructura lógica esencialmente distinta. Y así, “El calor dilata los metales” (ley de la naturaleza) conceptualiza una relación necesaria entre fenómenos, de causa a efecto, pudiendo estructurarse del siguiente modo: “dado a es b”. En cambio, la norma jurídica que –según Carlos Cossio, discípulo argentino de aquél conceptualiza conducta humana en su libertad, tiene la siguiente estructuración embrionaria: “dado a debe ser b”.

 

Existiría, entonces, una distinción tajante entre el mundo del ser y el del deber ser, lo que constituye un grave error.

 

En efecto, es dable observar que todo lo que es, todo lo que existe, tiene un fin conforme a su naturaleza y en la medida en que cumple ese fin, alcanza su perfección o bien. El sol, dando luz y calor, cumple su fin, lo mismo que lo alcanza parcialmente el hombre que, con su inteligencia, descubre una verdad, y también lo hace el Estado –realidad accidental– cuando ejerce su poder en orden al bien común, cuyo primer aspecto está dado por el respeto de los derechos de la persona humana, desde su concepción en el seno materno.

 

Así las cosas, está claro que en modo alguno es viable una separación rotunda entre "ser" y "deber ser", como lo hiciera Hans Kelsen, pues lo cierto es que si bien ambas categorías no se confunden, no cabe entre ellas la incomunicación ni el aislamiento, pues –decimos con Ortega y Gasset– "El ideal de una cosa, o dicho de otro modo, lo que una cosa debe ser, no puede consistir en la suplantación de su contextura real, sino, por el contrario, en el perfeccionamiento de ésta. Toda recta sentencia sobre cómo deben ser las cosas presupone la devota observación de la realidad".

 

El "deber ser" sirve para ordenar y enjuiciar al "ser"; y si no anclamos la normatividad positiva en la tierra de los valores objetivos, del deber ser axiológico, aquélla viene a ser como un árbol sin raíces, una dialéctica del peor estilo, basada en ese relativismo y en esa ontología negativa que roen todo el edificio kelseniano.

 

Afirmamos una vez más que hay leyes racionales del ser (sea substancial o accidental) que no pueden descuidarse o conculcarse, leyes que poseen un valor absoluto y que son por lo mismo condiciones racionales necesarias para la convivencia social y política, de donde si un Estado legaliza el aborto, la realidad social es herida y a la corta o a la larga, se rebela y protesta…

 
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