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ABORTO, NAZISMO Y “PLANIFICACIÓN FAMILIAR” - POR JORGE H. SARMIENTO GARCÍA PDF Imprimir E-Mail
martes, 17 de enero de 2012
Las circunstancias imponen que volvamos nuevamente sobre el aborto.


 

Las circunstancias imponen que volvamos nuevamente sobre el aborto.

En estas sociedades susceptibles de ser calificadas como hedonísticas y relativistas, en las que el hombre -por lo general- no se pregunta sobre lo que es bueno o malo, sino sobre lo que se puede o no se puede, es indispensable una reflexión racional que, partiendo de los primeros principios, fundamente la solución del caso en trato.

Se ha señalado que, ante cuestiones como la que será objeto de análisis, es menester saber bien la diferencia que hay entre lo que "se hace", lo que "se hace bien", lo que "hace todo el mundo" y lo que "hay que hacer".

Pues bien, para la correcta solución de los problemas que plantea la intervención -conseguida por el hombre a través de la técnica biomédica, o no- en las fases iniciales de la vida del ser humano (y en los mismos procesos de procreación), se hace necesario partir de la existencia de una ley moral trascendente y objetiva, y de la dignidad de la persona humana, aspectos esencialmente entrelazados de modo recíproco.

La persona humana constituye un verdadero microcosmos, que vale por sí sólo más que el universo inanimado: es -por lo que tantas veces hemos explicado- “imago Dei” por su inteligencia, por su libertad, por su alma inmortal y por su destino de felicidad eterna.

Además, existen normas -insertas en la mente humana- con un contenido obligatorio, absoluto, universal e inmutable, que constituyen la única garantía para el respeto y la realización plena del hombre en su verdad, desde que son la manifestación de la divina sabiduría dirigida al hombre para que éste alcance su bien, su fin, su perfección.

Resulta igualmente esencial destacar la unidad sustancial de la persona humana. El cuerpo humano es la persona en su visibilidad y, por ende, esencialmente distinto al de los meros animales, de donde el respeto debido a la persona humana debe expresarse también en el respeto por el cuerpo humano.

Hoy, a pesar de las apariencias, suele existir un profundo desprecio por el cuerpo, que se considera simplemente como un objeto, que se puede usar sin más, siendo acompañada esta concepción inevitablemente por el desprecio de la persona. Y sólo se ve en el embrión una “pars visceram matris”, un objeto que sólo es una parte de las entrañas maternas, no un cuerpo humano personal y distinto.

También es preciso recalcar que la honestidad del fin y la bondad de las intenciones subjetivas no bastan por sí solas para hacer moralmente lícito el recurso a cualquier medio de los que hoy se dispone, incluida la técnica biomédica.

Igualmente se debe enfatizar que toda persona merece un respeto incondicionado y no puede nunca reducirse a un objeto de uso: esto vale desde la concepción hasta la muerte.

Frente a fuertes intereses económicos empeñados en desfigurar la verdad y a pseudoargumentos de carácter "humanitario" o "científico" que pretenden que sea aceptado lo que es éticamente inadmisible, se hace necesario reafirmar que la vida humana, en todas sus etapas, desde el primer momento de la concepción, es un don sagrado, sobre el cual el hombre no tiene derechos absolutos.

La prohibición de atentar directamente contra la vida del niño en el seno materno descansa en los mismos principios que la de atentar directamente contra la vida de un hombre inocente cualquiera. No hay hombre ni autoridad humana que pueda conferir a otro el derecho de dar muerte directa a un inocente. Ni hay consideración médica, eugenésica, social o económica que justifique la destrucción directa de la vida de un inocente.

Piénsese que la doctrina de la destrucción de una “vida inútil” es tan sólo consecuencia lógica de la doctrina de la licitud de la muerte del infante en el seno materno.

Bueno es recordar que Estados Unidos fue uno de los países donde de forma más rápida e intensa se desarrolló y cobró fuerza el eugenismo, doctrina que tuvo una presencia importante en las ideas de las élites económicas y políticas. Entre los que abogan a favor del aborto y el operador del campo de exterminio más grande de Estados Unidos de Norteamérica, se encuentra Planificación Familiar (“Planned Parenthood”), cuya fundadora, Margaret Sanger, ha dicho que "La cosa más misericordiosa que una familia puede hacer a uno de sus miembros, un infante, es matarlo" y que “El control de la natalidad finalmente debe conducir a una raza más limpia". Este país ha sido pionero en el desarrollo de esas políticas, y fueron sus modelos los que se exportaron a buena parte del mundo, como en tantos otros temas. En particular sus leyes de esterilización eugenésica sirvieron de paradigma a las de la Alemania nazi.

Bien se ha escrito que los eufemismos usados por los nazis y ahora por los proponentes del aborto son escalofriantemente similares:

-A los campos de exterminio en la Alemania nazi y en la Europa ocupada por los nazis les llamaban "centros de reubicación". En la actualidad, en los Estados Unidos, a los campos de exterminio de bebés se les llama "centros de salud reproductiva".

-A los judíos, Hitler los describía como "una raza parásita”, mientras que al niño, o niña, no deseado, Planificación Familiar los describe como "un mero parásito".

-En el tiempo de los nazis, el resultado final era "la terminación" de los judíos, y ahora el resultado final es la "terminación del embarazo”…

 
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