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SOBRE LA “CONQUISTA DEL DESIERTO” - por JORGE H. SARMIENTO GARCÍA PDF Imprimir E-Mail
martes, 17 de enero de 2012

Lo que Julio Argentino Roca, el Ejército y la Marina argentinos hicieron en la campaña de 1879, más que “trasladar” al Río Negro la frontera interior -como lo prescribía la letra de la ley 947-, fue en realidad dar una continuidad real al espacio geográfico nacional, haciendo que el país creciera hacia adentro, convirtiendo en realidad al territorio argentino como está en los mapas.


 

Lo que Julio Argentino Roca, el Ejército y la Marina argentinos hicieron en la campaña de 1879, más que “trasladar” al Río Negro la frontera interior -como lo prescribía la letra de la ley 947-, fue en realidad dar una continuidad real al espacio geográfico nacional, haciendo que el país creciera hacia adentro, convirtiendo en realidad al territorio argentino como está en los mapas.

La mayor parte de los autores que se han ocupado de la expansión mal denominada “conquista del desierto”, compiten, sin excepción, en poner marcado énfasis sobre el sometimiento de los aborígenes, muy poco sobre la cuestión de la soberanía, y mucho menos sobre las pretensiones que amenazaban esa soberanía.

Para la historiografía clásica de tradición liberal, y para el revisionismo de la vertiente rosista, sería demasiado duro admitir el que Roca, calificado como “prócer de la oligarquía”, se les convirtiera, de pronto, en el “hombre de la soberanía”. Hay quienes no conciben la soberanía si no es con muchos cañonazos y mucha sangre; y como el general Roca evitó una guerra con Chile por el procedimiento de ganarles de mano a los trasandinos, al posesionarse previamente del objeto de la disputa, encuéntranse con que los esquemas se les derrumban.

Se ha señalado que asfixiada en una geografía que un chileno ha calificado de loca, la nación vecina utilizó toda clase de medios para apoderarse de nuestros territorios australes. El menos confesable fue el estímulo a los malones de grupos de aborígenes que devastaban los campos argentinos, asesinaban y hacían cautivos a sus pobladores, robaban hacienda y la vendían en Chile, prolongado escándalo que concluyó con la campaña del desierto de 1879.

Por su parte, ha expresado Arturo Jauretche (quien, en la división entre revisionistas y críticos del revisionismo, que en buena medida fue transversal a la de izquierda y derecha, adoptó decididamente la primera vertiente) que con Roca vuelve al país el concepto de política de espacio, vuelve con un auténtico hombre de armas y vuelve porque ya hay un ejército nacional y la demanda mínima de éste, la elemental, es la frontera, volviendo la extensión a formar parte de la política nacional

Lo expuesto hace comprender la inicial aseveración de Alfredo Terzaga (el cual nunca abandonó un posicionamiento de izquierda nacional): la traslación de la frontera al Río Negro significó en realidad suprimir la frontera interior; dar al país una nueva dimensión; permitir un auténtico crecimiento, el crecimiento hacia adentro, único que entonces era posible y fecundo, y cortar, por ese medio, la amenaza de un conflicto armado, entonces muy probable, con el vecino de trascordillera. La denominada “conquista del desierto” no se puede convertir -como siempre se ha hecho- en la sola guerra contra los aborígenes.

Fue, entonces, el general Julio Argentino Roca quien, enviado por el presidente Nicolás Avellaneda, llevó a cabo aquella denominada “conquista”, convencido -a diferencia de otros políticos- de la necesidad de una ofensiva contra los oriundos de la Patagonia, actuando enérgicamente y de manera urgente, como solución para poder fijar las fronteras de la República y unificar “ad intra” el país.

La expedición se desarrolló entre mayo y octubre de 1878 y junio de 1879, encontrándose sus columnas en Choele-Choel, el 25 de mayo de 1879.

Por otra parte, desde que se inició la colonización española hasta avanzado el siglo XIX, el territorio denominado Gran Chaco siguió siendo el impenetrable territorio de los pueblos autóctonos, a pesar de los esfuerzos realizados en incursiones y travesías, las que nunca llegaron a fijar poblaciones estables en su interior.

El presidente Roca y su ministro de Guerra, coronel doctor Benjamín Victorica, decidieron emprender la integración, la que concluyó oficialmente en 1917, sumando alrededor de 300.000 km2. al patrimonio real del país, coincidiendo sus fronteras efectivas con el límite fijado en el Tratado argentino paraguayo de 1876.

 
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