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ENSAYO SOBRE LOS MODERADOS - pot JORGE H. SARMIENTO GARCÍA PDF Imprimir E-Mail
martes, 17 de enero de 2012

Los intereses materiales, muy importantes, por lo común absorben a los que los tienen, tanto es así, que suelen acabar por no poseer sus bienes, sino que son sus bienes los que los poseen a ellos.

 


 

Los intereses materiales, muy importantes, por lo común absorben a los que los tienen, tanto es así, que suelen acabar por no poseer sus bienes, sino que son sus bienes los que los poseen a ellos.

 

Los hombres de negocios no "desprendidos" ni austeros son malos políticos, pues entre el dinero y el espíritu existe un eterno divorcio, por lo que sus uniones son de intereses, y prefieren actuar como factores de presión o de poder, buscando determinar el contenido de los actos de los gobernantes formales.

 

Asustados ante la idea de perderlo todo, callan públicamente y se atrincheran. Su abstención coadyuva en muchas ocasiones a que se entregue el Estado a los que no son precisamente los mejores elementos del mismo; y como la política de los profesionales de ella desconcierta y desagrada a aquellos "hombres de negocios", caen en la indiferencia, una indiferencia que todo lo consiente y todo lo hace posible, siempre que no se perjudiquen sus intereses.

 

Ocurre entonces que, en los períodos difíciles, de agitación, las nociones políticas tradicionales van desapareciendo cada día más y el público busca su salvación en personas concretas, las que se engrandecen a medida que los valores abstractos se empequeñecen.

 

Tales períodos son las épocas en que se acusan más las individualidades. Los grandes temperamentos estallan y, como la inflexibilidad de la ley los ahoga, crean una propia disciplina. La dirección de los negocios públicos les atrae y seduce y desean continuar al frente del gobierno, ya que no creen nunca terminada su misión.

 

Así las cosas, es muy importante ponderar que aquellas individualidades suelen hacer la política con mucha pasión y con no tanta razón; y cuando tal pasión se desencadena lo enmaraña todo y lo deforma todo.

 

Es entonces el momento imperioso en que los hombres moderados -sean de centro, de derecha o de izquierda (según la cómoda pero incorrecta clasificación)- dejen de lado las intransigencias, las inhabilidades, los arrebatos y la ira y actúen con prudencia, siguiendo el sabio consejo de Platón: “No emprendas en el Estado otra cosa que aquella de la cual puedas persuadir”; y ello, sea frente al personaje prominente, a los políticos profesionales o frente al público, en orden a que cada uno se encuentre situado donde le corresponde en la instauración y el mantenimiento del orden político para el logro del bien común, cuyo primer aspecto está constituido por los derechos que emanan de la dignidad de la persona humana.

 
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