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REFLEXIONES ACERCA DEL VOTO UNIVERSAL - POR MARCELO J. VERNHES PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 11 de enero de 2012

En estos días, estamos ya sumergidos en las actividades políticas preelectorales. En este contexto es bueno reflexionar sobre algunos aspectos que hacen no sólo a la esencia de nuestro sistema electoral, a la selección de quienes serán los responsables de la conducción de la nación por un nuevo periodo, sino esencialmente al funcionamiento del sistema democrático. Esta reflexión se impone, porque desde 1983 se están sucediendo acciones políticas, que de diferentes ángulos y sectores sociales, han merecido duras críticas y generado dudas acerca de la bondad del sistema electoral.


 

INTRODUCCIÓN

En estos días, estamos ya sumergidos en las actividades políticas preelectorales. En este contexto es bueno reflexionar sobre algunos aspectos que hacen no sólo a la esencia de nuestro sistema electoral, a la selección de quienes serán los responsables de la conducción de la nación por un nuevo periodo, sino esencialmente al funcionamiento del sistema democrático. Esta reflexión se impone, porque desde 1983 se están sucediendo acciones políticas, que de diferentes ángulos y sectores sociales, han merecido duras críticas y generado dudas acerca de la bondad del sistema electoral.

La práctica aludida, como en todas las democracias actuales, esta basado en el voto universal. Los resultados que se están apreciando, no sólo en la República Argentina, sino inclusive en otros países democráticos, generan sospechas acerca de lo acertado del actual mecanismo de acceso al poder. Considerando estas circunstancias, surge la conveniencia de algunas reflexiones acerca del mismo.

La mecánica electoral, se funda en el principio de que El sufragio universal es un componente esencial de la democracia, que consiste en el reconocimiento del derecho a voto a toda la población, con capacidad de discernir libremente, de un Estado, sin ninguna discriminación motivada en razones de raza, etnia, sexo, creencia, condición social o nivel educativo.” Este principio es sin dudas bueno y el hecho de que la legislación nacional supone la doble condición de derecho y deber, para todos los habitantes hábiles, lo reafirma. Consecuentemente, se ha de buscar la causa del mal resultado en otra dimensión. Tal como se practica el voto hoy en día, la voluntad de los votantes se manifiesta exclusivamente de manera cuantitativa, esto es, un voto por persona. Lo mismo vale la palabra del sabio que del ignorante, del honesto que del delincuente (intento de hacer votar quienes purgan condenas en la cárcel), del joven que vota por primera vez que del ciudadano experimentado que tiene en su haber una larga práctica cívica. Tal forma operativa determina la necesidad de acumular la mayor cantidad de votos posible, sin tomar en cuenta el valor específico de las expresiones cívicas, en cuanto a su autoridad. Esto a su vez determina la manera de presentación de los candidatos, de las plataformas de los diversos partidos, así como las características del proceso de propaganda proselitista.

IGUALITARISMO

La cultura de los tiempos actuales, de diferentes maneras pero principalmente bajo el impero de la ideología igualitaria, ha postergado, cuando no eliminado, la calidad en un espectro amplio de la actividad social. Esta ideología, como todas las de la modernidad y posmodernidad, particularmente aquellas derivadas de la ilustración y del positivismo, padecen del mismo defecto: partiendo de una base antropológica errónea, pierden de vista la totalidad integral del ser humano. Consecuentemente, les es imposible, aportar respuestas valederas a los problemas del hombre y de la sociedad.

El dominio ideológico cuantitativo se ha convertido en un referente absoluto y definitorio. Mientras la diferenciación por la capacidad, por las virtudes, por el pasado de una persona, eran requisitos infaltables en las sociedades del pasado, la modernidad, ha inventado el reduccionismo a lo cuantificable, en una medida tal que este afán parecería haberse transformado en una verdadera obsesión. No es de sorprenderse por lo tanto que, hacen ya varias décadas, un autor señalara con preocupación, el hecho de que se estaba produciendo un acceso a los puestos públicos más importantes, de personas cada vez menos calificadas. Este fenómeno ha seguido incrementándose hasta nuestros días y las consecuencias están a la vista, no sólo en Argentina e Iberoamérica, sino en los países democráticos, tecnológicamente más desarrollados del mundo.

SOLUCIÓN

Revertir las profundas deformaciones conceptuales y sus proyecciones en las normas que rigen las sociedades actuales, no es una tarea fácil ya que, como se ha señalado, las mismas están ancladas en prácticas devenidas de ideologías. Esto significa que el problema se presenta en el contexto cultural y es desde allí que debe fundarse la solución, cualquiera sea la misma.

Una vez más, fue SS Juan Pablo II quien en su momento, señaló el camino a seguir, cuando respondiendo a una pregunta de Vittorio Messori le dice: “A partir del Concilio asistimos a una renovación, que es en primer lugar cualitativa.”[1] Desde esta base es posible proyectar esta necesidad salvífica al ámbito social en su totalidad, y esto incluye evidentemente la política. La aplicación exclusivamente cuantitativa del sufragio universal impide la ponderación de los valores cualitativos de los postulantes a gobernantes y ésta es, sin dudas la más importante de las causas de lo que sucede en la actualidad. Este principio sitúa el origen de la solución en el ámbito de la religión o si se prefiere, en el de la Ley Natural, por lo que es conveniente verificar esta base conceptual en el propio texto bíblico. Para ello nada mejor que retomar la enseñanza de la parábola de los talentos[2]. De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica, "Los 'talentos' no están distribuidos por igual"[3]. Aquí se encuentra la fundamentación teológica y natural de la diferenciación. Cada uno tiene derechos y deberes para con la Nación, lamentablemente la nivelación de estos vínculos, siendo contrarios a la Ley Natural, pervierte la realidad y provoca los resultados que hoy soportamos.

De este principio y de historia de la humanidad, del análisis de otras culturas, surge la evidencia de la falacia del valor unificado de los votos. En bien de la sociedad y de la fortaleza misma del sistema representativo de gobierno, es necesario diferenciar el valor de la legítima expresión de cada individuo. Para ello sirven la edad, los antecedentes en las diferentes actividades, el comportamiento cívico, la carencia de antecedentes penales, etc. Una particular importancia reviste el grado de conocimiento adquirido. Esto merece una explicación. Los ciudadanos que han alcanzado una calificación profesional, en cualquiera de sus niveles, lo han hecho por esfuerzo propio, por el de sus familias pero también porque la sociedad le ha ofrecido instituciones, en donde lograr estos niveles de formación. En consecuencia, estos ciudadanos tienen mayor capacidad para saber decidir sobre las cualidades de las personas que conducirán los destinos de la nación, para evaluar los proyectos que éstos últimos presentan. Esta capacidad aumenta sus talentos por cuanto su responsabilidad con la sociedad a la que pertenecen es mayor. Ello constituye un legítimo derecho y a la vez un deber de mayor responsabilidad social. Estos referentes de diferenciación responden por lo tanto a fundamentos tanto naturales, individuales como sociales. La aplicación de coeficientes diferenciales, por ejemplo de uno a diez, se obtiene de los antecedentes de cada habitante y puede llevarse a cabo de manera absolutamente objetiva.

RESULTADO

La instrumentación de un sistema de coeficientes diferenciales, disponiendo de los medios informáticos actuales, es fácilmente alcanzable. Ello constituiría un cambio saludable, tanto en la valoración de la conducta pública de los individuos, como en la solidez del sistema republicano.

Como efecto secundario pero nada despreciable, produciría un cambio profunda en las campañas proselitistas. El espectro cuantitativo de los votos se vería profundamente modificado. Ya no bastarían las frases hechas, las expresiones generales y confusas, las fotografías con rostros sonrientes, las frases hechas, sería necesario aportar proyectos concretos, antecedentes verificables de los candidatos, en una palabra información objetiva. Ello sería así por el peso de los votos de aquellos ciudadanos que conocen más, poseen mayor información y por lo tanto están en mejores condiciones para realizar una elección racional. Esto se viene reclamando hace años pero para ello, la mayoría de la ciudadanía carece de la información suficiente y de los necesarios elementos de juicio.

Considerando la ideología igualitaria imperante, no es de esperarse una acogida favorable de semejante cambio. Sin embargo es patente la existencia de un sector importante de la sociedad, que de hacerse una difusión sostenida y prolija de semejante sistema, recibiría el mismo, no sólo con agrado, sino con un sentimiento de justicia cumplida.

Mendoza, Agosto de 2011



[1] JUAN PABLO II: Cruzando el umbral de la Esperanza. Plaza & Janés Editores, S.A., Barcelona, 1994, pág. 172

[2] Cf. Lc 19.15

[3] Catecismo de la Iglesia Católica pág. 646, (Cf. Mt 25, 14 -30)

 
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