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UNA ENMIENDA A CACHANOSKY - POR JORGE H. SARMIENTO GARCÍA PDF Imprimir E-Mail
jueves, 28 de julio de 2011

Muy recientemente ha escrito Roberto Cachanosky, en “Economía para todos”, un artículo que titula “El modelo. ¿Qué modelo?”, donde asevera entre otras cosas: “Cristina Fernández vende las virtudes del modelo. Viendo la historia económica contemporánea argentina, el modelo no tiene mucho de original y mucho de saqueo al estilo feudal…


 

Muy recientemente ha escrito Roberto Cachanosky, en “Economía para todos”, un artículo que titula El modelo. ¿Qué modelo?”, donde asevera entre otras cosas: “Cristina Fernández vende las virtudes del modelo. Viendo la historia económica contemporánea argentina, el modelo no tiene mucho de original y mucho de saqueo al estilo feudal… ¿tuvo alguna originalidad la política económica de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, más allá de la suerte de los precios internacionales? Me parece que la política económica más que de original tuvo mucho de primitivo y es casi saqueadora al estilo de los gobiernos feudales... lo único inédito, diferente o “fundacional” de la política económica del kirchnerismo consistió en llevar a extremos nunca explorados las barbaridades que se hicieron en el pasado y terminaron en fenomenales estallidos. Claro que para poder llegar a esos extremos nunca explorados y estirar el momento del estallido contaron con el precio de la soja, aunque ya no alcanza para sostener tanto dislate económico. Cristina Fernández nunca va a reconocer esa situación internacional, pero todos, y quizás ellos también, sabemos que tamañas barbaridades económicas solo fueron financiables gracias a la santa soja… La gran habilidad del kirchnerismo fue aprovecharse de la ignorancia de la mayoría de la gente en materia económica, vendiendo “el modelo” como inédito en la historia económica argentina, cuando en rigor solo estimularon el consumo consumiendo capital, matando a otros sectores con impuestos y gracias a los precios de la santa soja… En síntesis, el modelo no tiene nada de original, mucho de destrucción de stock de capital y de manejo al estilo feudal en que los súbditos trabajan para el señor feudal”.

 

Dejo al lector la valoración de los dichos de Cachanosky que hacen a la economía, pues lo único que nos interesa es destacar y lamentar que el autor -aunque seguramente con rectitud de intención- le haga el juego a “la leyenda negra” cuando se refiere al estilo feudal, pareciendo desconocer la esencia del feudalismo y las consiguientes cargas feudales de los señores y de sus vasallos.

 

La Edad Media, en rigor, no llegó a elaborar con precisión jurídica la noción abstracta del Estado como unidad, atendiendo sólo a los vínculos concretos y de carácter personal; y así acudió a la relación de juramento y de fidelidad, de fe y de honor, entre señores y vasallos.

 

En efecto, por una parte los señores tenían el deber de amparar a sus vasallos y de hacer justicia, deber arduo, que implicaba responsabilidades muy exigentes; y sus poderes no eran en absoluto ilimitados, exigiéndoseles incluso más equidad y rectitud moral que a los otros miembros de la sociedad.

 

Por otro lado, como el señor se comprometía proteger a sus súbditos, debía apelar a los recursos del feudo, colaboración financiera que sería como los (justos) impuestos actuales, a lo que se agregaba frecuentemente el concurso de las armas del vasallo toda vez que le fuera requerido para la defensa común contra las posibles agresiones.

 

Y la “in-fidelidad”, tanto de parte del señor como de los vasallos, es decir, la traición a los compromisos contraídos, constituía un verdadero crimen: “la felonía”.

 

Ahora bien, recién hacia el fin de la Edad Media (calificativo impuesto por los humanistas del ¿Renacimiento?) poco a poco la sociedad feudal comienza a declinar, y  las cargas de la nobleza empezaron a disminuir paulatinamente sin que sus derechos se aminorasen, siendo recién en el siglo XVIII (en pleno Evo Moderno) cuando se hizo flagrante la desproporción entre los derechos de que gozaban y los deberes insignificantes que les correspondían.

 

Contrariamente a lo que suele creerse, como consecuencia de los ataques en los que se basa la patraña antes mentada, en el feudalismo medieval era característico el trato de hombre a hombre, tesitura que implica a todas luces un magnífico homenaje a la persona humana. Se trataba de una sociedad fundada esencialmente sobre la fidelidad recíproca, idea sin duda audaz, por lo que, como resulta obvio, es innegable que hubo arbitrariedades, felonías y perfidias. Pero es incuestionable que durante más de tres siglos, la fe y el honor constituyeron la columna vertebral de la estructura política, el verdadero estilo medieval feudal.

 

Por todo ello es que nos permitimos rectificar al distinguido economista, sólo en cuanto a las referencias que el mismo hace sobre el feudalismo, a la vez que le acercamos el término felonía, que tal vez pueda utilizar en alguno de sus posteriores artículos, los que siempre leemos en esta Revista con particular interés.

 
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