Inicio arrow Columnistas arrow ┐LIBERTAD SEXUAL O ESCLAVITUD? - POR MARCELO J. VERNHES
MENU
Inicio
Jurisprudencia
Nacionales
Internacionales
Columnistas
Destacado
Enlaces
Contacto


┐LIBERTAD SEXUAL O ESCLAVITUD? - POR MARCELO J. VERNHES PDF Imprimir E-Mail
viernes, 03 de septiembre de 2010

Estamos asistiendo a un proceso sistemático de perversión de la población, utilizando a los más jóvenes porque constituyen las zonas de menor resistencia. Nadie de mediana inteligencia, puede aceptar que la supuesta libre elección del género, el casamiento entre personas del mismo sexo, la enseñanza de ideologías perversas a niños y adolescentes, sean expresiones de un progreso o de un desarrollo.


 

Estamos asistiendo a un proceso sistemático de perversión de la población, utilizando a los más jóvenes porque constituyen las zonas de menor resistencia. Nadie de mediana inteligencia, puede aceptar que la supuesta libre elección del género, el casamiento entre personas del mismo sexo, la enseñanza de ideologías perversas a niños y adolescentes, sean expresiones de un progreso o de un desarrollo. Por el contrario, son manifestaciones de una profunda degradación de la condición humana, impuestas desde diferentes organismos internacionales e instrumentadas por las máximas autoridades nacionales. Ante la confusión que esto crea en muchas mentes, puede ser conveniente recordar algunos principios esenciales acerca de la sexualidad humana.

 

Las relaciones sexuales son de vital importancia en orden al mantenimiento y a la vitalidad de las poblaciones, aspecto que hoy está gravemente comprometido en una buena cantidad de países del llamado primer mundo. Pero para que se pueda hablar de una verdadera relación sexual es preciso hacer algunas aclaraciones.

 

-    La relación carnal entre los esposos, en el matrimonio legítimamente constituido, es la culminación de un proceso amoroso.

-    El enamoramiento es la captación en su plenitud de una persona por otra de diferente sexo. Esa captación implica por lo tanto todas las dimensiones humanas: espiritual, afectiva, carnal.

-    El verdadero amor es la donación del uno al otro, priorizando este vínculo con relación a cualquier otro, salvo el amor a Dios.

-   En este contexto, el acto carnal es la consecuencia de una mutua compenetración espiritual, afectiva y volitiva, sin ésta la relación sexual no sólo es incompleta sino desvirtuada en su naturaleza.

-   Es en esas condiciones que el acto sexual es realmente tal, que es legítimo y bello. Fuera de este ambiente apropiado no es más que un remedo, un sustituto más o menos imperfecto y hasta pernicioso.

 

Cuando estas condiciones no se cumplen, el acto sexual se degrada en un acto genital ya que, eliminada toda unión espiritual, ausente esta necesaria compenetración inmaterial que antecede el acto carnal, llevada a cabo la relación fuera de su contexto natural, ya no se puede hablar de relación sexual sino de relación genital. Esto es así porque es en esta dimensión, puramente fisiológica que tiene lugar la unión. Los animales, sometidos a las leyes de la naturaleza, se unen de acuerdo con los ritmos biológicos y sus instintos. El hombre, olvidando su naturaleza de ser libre hace algo peor, cree que puede jugar con lo que es tal vez, la más importante capacidad que le ha sido otorgada: la colaboración en la transmisión de la vida.

 

Por otro lado, consecuentemente con la reflexión sobre estos conceptos básicos, surge la pregunta de ¿por qué en el mundo, numerosos países, organismos internacionales, etc. están empecinados en demostrar, mediante las más abstrusas ideologías, que la realidad es diferente? Tenemos miles de años de cultura y sin embargo, gran parte de las poblaciones mundiales parecen haber olvidado lo más elemental, lo central e insustituible, de la vida y de la felicidad humana. Visto desde esta perspectiva, perfectamente avalada por la historia, la fe y la ciencia, aparece en toda su magnitud la monstruosidad de las deformaciones que se pretenden imponer.

 

Para todo hay una respuesta o tal vez más de una. Se ensayará una, que constituye el punto de encuentro de las diferentes acciones que se han mencionado y que en otro momento ya se esbozo.

 

La sociedad, cualquier sociedad humana, es un cuerpo vivo, constituido por diferentes tejidos pero que todos están formados por células. Estas células, así como todas las que forman los organismos vivos, constituyen la unidad estructural y funcional del cuerpo al que pertenecen. Del mismo modo, de acuerdo con su naturaleza, poseen un núcleo. En la sociedad, las células son las familias y su núcleo el matrimonio. Esta organización proporciona la base insustituible de toda sociedad sana y vigorosa. Una sociedad sana, tiene conciencia del pasado de que proviene, genera mecanismos para el mantenimiento de su vida y supervivencia, finalmente comparte un proyecto común. Una sociedad así organizada es capaz de defender sus derechos, asumir sus deberes, luchar por su independencia y soberanía. Estas condiciones no cuadran con los proyectos de ciertos poderes internacionales cuyos fines inconfesables son rechazados por las sociedades así constituidas.

 

A esta altura del discurso, el lector tiene todo el derecho de preguntarse que tiene esto que ver con las relaciones sexuales. La respuesta es simple: todo. En efecto, si se analizan las numerosas medidas que bajo diferentes regímenes políticos se están ejecutando, quedará en evidencia la intención de reducir la fuerza de la familia a su mínima expresión o sencillamente destruirla. Hecho esto, se tendrá no ya una sociedad organizada, sino una masa de individuos. A éstos, se les inculcan ciertas ideologías que permiten luego manejarlos por estímulos adecuadamente elegidos y transmitidos por los mass media. Esto garantiza el conocimiento del comportamiento de esas masas y es un modo sencillo pero muy efectivo, para dominar los pueblos. El aporte de las deformaciones sexuales que es el tema de este escrito, es exactamente la inversa de lo que sus gestores pregonan: un estado de dependencia mediante la adicción genital. Un pueblo dependiente de una, o varias adicciones, resulta una masa de fácil manejo. Allí está el núcleo y la razón de toda esta perversa actividad.

 

Hoy, más que nunca, se impone a las sociedades un deber insoslayable: la defensa de la familia. Es sólo desde familias sanas, bien constituidas, formadas por miembros perfectamente integrados espiritualmente, que es posible pensar en un futuro mejor, en una sociedad más justa y humana.

 

     Mendoza, 31 de Agosto de 2010

 
< Anterior   Siguiente >
design by 5medien
© 2019
Joomla! es Software Libre distribuido bajo licencia GNU/GPL.